Testimonio de hondureño que fue gatillero de la MS y ahora es evangelista

Ricardo Escobar estuvo por más de 10 años en la Mara Salvatrucha, luego fue encarcelado, ahora comparte su testimonio y predica la palabra de Dios en México.

Dos fotografías que ilustran al hondureño Ricardo Escobar predicando después de pasar por años de oscuridad a lo interno de la MS-13.
Dos fotografías que ilustran al hondureño Ricardo Escobar predicando después de pasar por años de oscuridad a lo interno de la MS-13.

San Pedro Sula, Honduras.

Ricardo Escobar Tejeda (26) es un hondureño que integró las filas de la Mara Salvatrucha (MS) por al menos 11 años en la conflictiva colonia 30 de noviembre en Tegucigalpa, pero sus años en prisión lo hicieron reflexionar hasta que un día escuchó la voz de Dios.

Ricardo relató en entrevista exclusiva con LA PRENSA que ostentó el cargo de gatillero en esta organización criminal, él y su familia crecieron en un ambiente sitiado por maras y pandillas, quienes lo reclutaron cuando era un adolescente.

Una realidad cruda

El joven recordó que antes de ingresar a las maras era amenazado constantemente desde afuera de su casa, ante eso, su padre, en su intención de protegerlo, le dijo que buscara un arma y que él se la iba a comprar para que se defendiera, a lo que Ricardo accedió.

"Estaba decidido a morirme con ellos, cuando en mi colonia empezaron a saber que caminaba armado, personas de la Mara Salvatrucha me llamaron y me enviaron un taxi para que los fuera a visitar. En ese momento uno de sus jefes se presentó y me pidió que le mostrara el arma, luego me propuso trabajar con ellos", mencionó Ricardo, quien a lo interno de la MS fue conocido con el alias de El Tío.

Luego empezó a recibir órdenes para que se desplazara a diferentes lugares para colaborar en las plazas de droga y a matar personas. "Para mí era algo normal, había perdido el amor hacia los demás, no tenía remordimientos en mi corazón", agregó Ricardo.

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Ricardo no solo cambió su forma de vestir y hablar, ahora su testimonio de vida es muy diferente y predica a la juventud. (Foto de archivo)

Recordó que en cierta ocasión iban a ejecutar a algunos hombres cerca de su sector, él estaba en su casa y de pronto llegó alias El Cholo, quien era el segundo gatillero encargado, solamente quedaban a la espera de alias Yipi, su otro compinche.

"El Cholo entró a mi cuarto porque me pidió gelatina para pelo y en ese momento escuché los gritos de mi mamá porque me buscaban en la entrada de la casa, era Kilveth, un hermano de la iglesia, él me pidió que lo acompañara porque iban a tener un evento de jóvenes, al final de tanta insistencia acepté, pero eso no lo sabía El Cholo", apuntó.

Cuando "El Cholo" supo que Ricardo pretendía ir a la iglesia esa noche, le preguntó que si cómo era posible desviarse de ruta si la misión era ir a asesinar, pero Ricardo le respondió: "Vamos a la iglesia y luego entramos al territorio enemigo para matar a esos manes (hombres)", sin embargo, alias El Cholo no aceptó y le pidió a Ricardo que mejor se fuera para la iglesia, que él y "El Yipi" iban a concretar lo encomendado.

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Ricardo ingresó a la MS desde que era un adolescente, allí colaboró en el sicariato. Foto de archivo

"Antes de partir le dije a El Cholo que al que agarrara le pusiera un tiro a nombre mío, luego salimos de la casa, él se fue para su lado y nosotros para la iglesia", añadió el entrevistado.

Ricardo llevaba consigo y escondida un arma 9 milímetros, se colocó en las primeras filas de la iglesia para no ser interrumpido. Cuando estaba la predicación se empezaron a escuchar unas detonaciones, el culto se paró de inmediato y todos se tiraron al suelo, en ese instante Ricardo sacó su arma e intentó salir de la iglesia, pero uno de los miembros que estaba en la puerta no lo permitió, le advirtió que era peligroso salir.

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"Le pedí que me dejara salir porque eran mis amigos, sentí que les estaba pasando algo, pero sostuvo que primero iba a orar por mí. Cuando él abrió la puerta y puse el primer paso afuera, miré pasar a la Policía a pie, en motocicletas y vehículos, en ese instante volví a entrar a la iglesia, luego recibí una llamada que habían matado a El Cholo, di gracias a Dios porque si esa noche no hubiese ido a la iglesia, también hubiera muerto", exclamó.

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En esta imagen se aprecia a Ricardo cuando asistía a la iglesia al interior de la cárcel de Támara. Foto de archivo

Pese a lo ocurrido, Escobar Tejeda siguió trabajando con la MS, aunque confiesa que siempre que le hablaban de Dios él lo aceptaba por temor y reverencia. "Durante el tiempo en que fui gatillero recibí dos disparos por parte de policías, pero Dios me protegió, nunca fueron en mi corazón, cabeza o en otras partes del cuerpo que pudieron arrebatarme la vida.

Un camino sin escape

Ricardo sabía que salirse de la MS era sinónimo de muerte, si mataba al equivocado él iba a morir después, si dejaba abandonado a un compañero de sicariato también lo iban a asesinar. "Toda regla allí te lleva a la muerte, era la familia que había escogido, realmente miraba imposible salir del grupo. Después de la noche en que mataron a El Cholo fui varias veces a la iglesia y la MS lo supo, ellos me ubicaron y una vez desde afuera me monitorearon vía teléfono, me regañaron porque o estaba en la iglesia o estaba con ellos", exteriorizó.

"En uno de los enfrentamientos con la Policía terminé en el hospital, allí llegaron las autoridades y me dijeron: 'estás detenido por la muerte de Wilmer Rafael Hernández Salgado'. Terminé en la cárcel en el año 2013 y estoy seguro que si no hubiera llegado allí nunca hubiese conocido de Dios, fue entonces cuando me empecé a instruir a través del grupo 'Prisioneros de Esperanza', tuve a mi lado personas maravillosas", afirmó el joven predicador.

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Ahora trabaja de manera honrada en México y predica el evangelio a quienes se encuentran internados en grupos antisociales.

Ricardo dijo que estuvo recluido por más de tres meses en el módulo Casa Blanca, dentro de la cárcel de Támara, luego al interior de una segregación carcelaria por casi unos seis meses. Posteriormente fue trasladado a la cárcel de máxima seguridad conocida como La Tolva, en Morocelí, El Paraíso.

Solicitud

Estando en prisión Ricardo solicitó a los jefes de la Mara Salvatrucha y sus diferentes representantes que le permitieran retirarse del grupo porque buscaría de Dios, a lo que ellos finalmente accedieron, pero le advirtieron que si se enteraban que el se salía del evangelio, se iba a arrepentir.

El delito por el que se le acusaba a Ricardo era de asesinato, el cual implicaba más de 18 años de cárcel, pero luego quedó en homicidio simple, por lo que la sentencia fue de más de 10 años, sin embargo, la justicia hondureña lo liberó antes.

La familia de Ricardo aún vive en la colonia 30 de noviembre, tiempo después de salir de la cárcel, en junio de 2019, decidió emigrar a México para reintegrarse a la sociedad, iniciar una nueva vida y darle un futuro mejor a sus dos hijos. El joven hondureño se congrega en la iglesia cristiana Ministerios Maranatha, donde predica constantemente y su testimonio de vida a impactado a muchísimas personas.

"Cuando estaba en lo malo me deleitaba, si en una semana no mataba a una persona no estaba bien, me sentía mal, pero todo cambió cuando Dios se manifestó en mí. Ahora me arrepiento de todo el daño causado, en su momento llegué a un punto en que no dormía, los muertos me atormentaban, me decían: '¡Tío, no me mates!', incluso tomé tratamiento psiquiátrico", confesó.

El joven reconoció que mientras era gatillero tenía taxistas a su disposición, las mejores armas, mujeres a su disposición que trabajaban como modelos o edecanes y ganaba dinero mejor que cualquier graduado universitario.

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El joven hondureño, después de tener una segunda oportunidad, es un ejemplo para muchos.

Optó por el camino de Dios

"Sé lo que se siente que entren balas a tu cuerpo, el no tener a nadie más y que te den la espalda, por trabajar de esa manera perdí familia y amigos. Muchos de ellos terminan también en la cárcel y estar en una de máxima seguridad es un infierno, es el cementerio de los vivos, a muchos que la gente conoce por su nivel de peligrosidad, los miré llorar porque se sentían solos", aseveró.

Ricardo señaló que aceptó a Dios en su corazón en el año 2016, "a quienes aún están en maras y pandillas les digo que piensen bien su camino, ellos están necesitados de Dios, yo sé lo que es tener un arma en mano, sé lo que se siente tener a muchas mujeres y otros lujos, pero eso es un vacío, solo en Dios estamos completos", concluyó el evangelista.



La Prensa