Proyectan drama para San Pedro Sula: muertos en las calles

Médicos y matemáticos creen que el número de contagios se multiplicará mucho más.No todos los pacientes tendrán la oportunidad de recibir atención en los hospitales.

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Los pobladores utilizan mascarillas para evitar el contagio, sin embargo, deben tomar otras medidas como la de quedarse en casa.
Los pobladores utilizan mascarillas para evitar el contagio, sin embargo, deben tomar otras medidas como la de quedarse en casa.

San Pedro Sula.

Con cerca de 100 de los 264 casos de COVID-19, San Pedro Sula se convirtió esta semana en el principal foco de contagio de Honduras y ahora está a las puertas de entrar a un escenario dramático por la cantidad de muertes que ocurrirán si la tendencia continúa.

Hasta el 27 de marzo, la ciudad, según las estadísticas de la Secretaría de Salud, registró 21 pacientes confirmados, pero de esa fecha a los primeros días de abril, la cantidad ascendió a 95, equivalente al 36% de la suma de todo el país.

El 85% de los enfermos por el coronavirus en San Pedro Sula tienen edades comprendidas entre los 14 y 59 años de edad (con un promedio aproximado de 41 años).Por ahora, los mayores de 60 años son los menos afectados, con alrededor del 15% de todos los enfermos.

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6%.Tasa de mortalidad.Por cada 100 personas contagiadas en Cortés, fallecen 6 pacientes, una cantidad superior al promedio del mundo.

Carlos Umaña, presidente de la Asociación de Médicos del Instituto Hondureño de Seguridad
Social (IHSS), quien, a través de un modelo matemático logró pronosticar que Honduras llegaría a abril con 216 enfermos (3 de diferencia), interpreta el incremento de los casos en esta ciudad como consecuencia de dos factores: la dinámica de la economía local y el funcionamiento del aeropuerto Ramón Villeda Morales en fechas clave para el ingreso de la pandemia.

“Ya lo había dicho, San Pedro Sula, Choloma y Villanueva serían el centro de la pandemia. La actividad económica de la zona norte es diferente a la de la capital, totalmente. El problema es que la gente en la costa norte vive día a día. La gente hace negocios en los mercados, en carreteras”, dijo Umaña en entrevista telefónica con Diario LA PRENSA.

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El hecho de que el Gobierno mantuviera los aeropuertos abiertos hasta mediados de marzo facilitó el ingreso de personas contagiadas procedentes de Estados Unidos, España e Italia, sin haber sido detectadas por las autoridades sanitarias que no estaban suficientemente preparadas.

Hondureños que viajaron de Europa a San Pedro Sula en las primeras dos semanas de marzo informaron que en el aeropuerto Ramón Villeda Morales de esta ciudad las autoridades no ejercieron una vigilancia epidemiológica estricta con el fin de detectar el mayor número de casos posibles.

“A mí, por ejemplo, solo me preguntaron el nombre, el tiempo que estuve en España y los países donde hice escala.Al finalizar me dieron un número de teléfono, pero a mí no me pusieron un termómetro. Si yo hubiera tenido el coronavirus, ellos no se hubieran dado cuenta”, dijo una mujer entrevistada por Diario LA PRENSA.

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San Pedro Sula y los municipios cercanos Choloma, Villanueva, La Lima y San Manuel concentran más del 70% de los 169 casos diagnosticados en el departamento.
Para infortunio de los habitantes, estos municipios están en el corazón de Cortés, donde hay 10 de las 16 personas fallecidas en todo el país.

De esta manera, Cortés, con San Pedro Sula como epicentro, tiene una tasa de mortalidad de 6%. En otras palabras, por cada 100 personas contagiadas mueren 6, por cada 1,000 morirán 60 en las próximas semanas en caso de que las autoridades gubernamentales no logren reducir la expansión.

Si esta tendencia continúa y el Gobierno sigue con las mismas estrategias, San Pedro Sula se encontrará en cuestión de dos semanas en una situación similar a la que vive Guayaquil,Ecuador, donde los habitantes le prenden fuego a los cadáveres en las calles, advierten médicos locales.

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“Lo que estamos viviendo en este momento es consecuencia de las pésimas medidas tomadas por el Gobierno. No hicieron caso a las recomendaciones que les dieron las personas que saben.En ese aeropuerto debieron haber colocado una carpa para tener a las personas en observación hasta descartar o confirmar el contagio.Nunca debieron permitir la entrada del virus. Si seguimos así, como las medidas que está tomando este Gobierno, tendremos una situación parecida a la de Guayaquil”, dijo el médico internista Marco Antonio Molina Soto.

Molina le sugiere al Gobierno que “busque una forma” para que las personas no se agolpen en negocios cuando pretenden abastecerse de alimentos o en los bancos para pagar los servicios básicos, incluidos los de telefonía.

Para los sampedranos, vaticina el médico, será desgarrador el escenario, pues si la situación sigue igual, las personas morirán en las calles.

“Yo trabajo en la emergencia del Catarino, pedí un espacio grande, con unas 50 o 100 camas para atender a los pacientes, poner a los sospechosos en un lugar y a los positivos en otro.Las camas van a llegar quizás en dos semanas cuando la situación sea más crítica.En el hospital me están dando el equipo de protección para evitar el contagio y por eso sigo yendo a trabajar, pero esas son donaciones que ha obtenido la dirección. Hace poco el Gobierno mandó equipo, pero no es suficiente.Yo siento que esta es una guerra a la cual voy todos los días y no sé a qué hora voy a salir baleado”, dijo.

Modelo matemático. Mientras, Omar Pineda, catedrático de matemáticas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah) y Universidad Tecnológica Centroamericana (Unitec), anuncia, igualmente, que “la ciudad camina hacia una situación mucho más grave”.

“Para hacer un modelo matemático es necesario tener muchas variables, información fidedigna que el Gobierno no está dando. Pues solo nos dice el número de casos y los departamentos, pero de manera susceptible puedo decir que en las próximas semanas se multiplicarán los casos”, dijo.

De manera simple y lógica, el doctor en ciencias con 40 artículos publicados internacionalmente, infiere que el “número de casos aumentó a consecuencia de las medidas gubernamentales que permiten a las personas salir a las calles e ir a los bancos y también porque abrieron los aeropuertos para personas que llegaron de países con alto nivel de contagio”.

Según él, “a mayor cantidad de personas en la calle, mayor número de personas enfermas”.
Hasta la semana pasada, en San Pedro Sula en cada grupo de 100,000 personas había tres contagiados, ahora hay 12. De continuar significativas masas de personas en los mercados, como las observadas ayer, esta tasa crecerá en los días siguientes, dicen médicos y matemáticos.

El Gobierno debe establecer cercos epidemiológicos

SAN PEDRO SULA. La expansión del COVID-19 en San Pedro Sula y municipios aledaños obedece a la falta de vigilancia epidemiológica, al hacinamiento y “desorden” que hay en la población, según Omar Jananía, director del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) en esta ciudad.

“Tenemos mayor hacinamiento y hay un gran descontrol de la gente que trabaja en la maquila, la gente va de lado a lado. Hay gente que trabaja en la maquila de San Pedro en Villanueva, de San Pedro en Choloma. Según los informes que reporta China, casi un 25% de los pacientes son asintomáticos. Hay montón de gente que anda circulando con el virus y no tiene síntomas de la enfermedad, pero anda contagiando”, dijo. Para las próximas dos semanas, Jananía pronostica una crisis grave que detonará con la aparición de cadáveres en las calles de San Pedro Sula porque no habrá espacio en los hospitales.

“El Gobierno, con la Secretaría de Salud, debe definir cercos epidemiológicos en las áreas de influencia donde tenemos la mayor cantidad de pacientes contaminados y que contaminan a otros. Si hay que cerrar Villanueva y Choloma, hay que hacerlo. Si hay que aislar colonias de San Pedro, hay que aislarlas. Esa es la solución del problema”.

Jananía considera que San Pedro Sula se transformó en el centro del COVID-19 en Honduras porque las autoridades centrales no establecieron control epidemiológico desde inicios de marzo.

La Prensa