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Siete ilusiones ópticas para poner a prueba tu cerebro
Te explicamos cómo lo hacen.
- Actualizado: 23 diciembre 2017 /
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1 / 8Las ilusiones ópticas son un divertido entretenimiento para cualquier con un poco de curiosidad, pero a la vez son una eficaz herramienta para entender cómo funciona nuestro cerebro y cómo, a menudo, engaña a nuestros ojos y les hace ver lo que no hay.
Te presentamos siete ilusiones ópticas y su explicación científica. -
2 / 81. La falsa espiral
¿Ves la espiral? Fíjate bien. Tu cerebro te está enredando de nuevo. No hay ninguna espiral, lo que ves en la imagen son círculos concéntricos.
La confusión de tu cerebro en este caso viene de su intento por extraer conclusiones sobre qué regiones de la imagen forman parte del mismo objeto, algo especialmente complejo aquí por la cantidad de información que se superpone, y aun más en las regiones periféricas donde las formas no están completas. -
3 / 82. ¿El mismo color o no?
Las casillas A y B son del mismo color (se puede ver en el dibujo inferior, y si quedan dudas, también hay dos recuadros aislados para apreciar mejor el color de la casilla A y el B).
Hay varios motivos combinados para esta confusión.
Por un lado, por contraste, una casilla rodeada de casillas más claras nos parece más oscura que otra rodeada de casillas oscuras, que nos parece más clara.
La sombra que proyecta la torre verde contribuye al despiste de nuestro cerebro a la hora de identificar los claridad los distintos colores: hace parecer los colores de alrededor de la casilla B más oscuros, de forma que esta debería ser más clara, ¿no?
Por último, nuestro cerebro trata de echarnos una mano con el trabajo de identificar la realidad, y a veces, se puede equivocar. En este caso, nuestro cerebro ya conoce la disposición habitual de un tablero de este tipo, y simplemente está rellenando la información que ya cree conocer. Nos podría pasar a todos. -
4 / 83. La ilusión de Hering
El efecto de esta ilusión es el mismo si se sitúa en vertical o en horizontal: las líneas rojas, a pesar de ser de nuevo perfectamente rectas y paralelas, nos parecen curvadas hacia fuera como resultado de la aparente perspectiva que aportan las radiales negras sobre las que se encuentran.
La explicación tiene que ver con la labor que hace nuestro cerebro de predecir el futuro inmediato.
Puesto que hay un brevísimo lapso de tiempo entre el momento en el que la luz alcanza la retina y el cerebro percibe esa luz, el sistema visual humano ha evolucionado para compensar ese desajuste generando imágenes que ocurrirán una décima de segundo más tarde.
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5 / 84. El triángulo de Kanisza
¿Ves triángulos? Porque en realidad no hay ninguno. Es tu cerebro el que los está dibujando, porque ante la imagen de formas discontinuas, nuestro cerebro ha evolucionado para interpretar que hay un objeto delante.
Una vez más, nuestro cerebro sacando conclusiones precipitadas. De nuevo, por una buena razón: esto facilitaría detectar a depredadores o presas en un entorno natural. -
6 / 85. Líneas paralelas
Las líneas horizontales en esta ilustración, ¿están rectas o están curvadas? Tu cerebro se empeña en lo segundo, pero te está engañando: están perfectamente rectas y paralelas.
Se confunde porque se empeña en ordenar los cuadrados blancos y negros en columnas rectas y ordenadas, y con el esfuerzo se le descuajaringan las líneas horizontales. -
7 / 86. Los círculos de Ebbinghaus
Los dos círculos rojos son exactamente del mismo tamaño, aunque no lo parezcan, y los motivos no están del todo claros, pero tienen que ver, como en el caso de las casillas, con una cuestión de contrastes.
Por un lado, podría ser la comparación con los círculos que los rodean: cuando son grandes, el círculo rojo parece más pequeño, y cuando son más pequeños, parece más grande, aunque en realidad sean iguales.
Otra posibilidad es que se deba al espacio que hay a su alrededor: si los pétalos están más pegados, el círculo interior nos parece más grande, y si están más separados, nos parece más pequeño. -
8 / 87. El movimiento ilusorio
Aunque sea una de las más básicas, los científicos aun no tienen claro qué produce esta ilusión. Unos sugieren que los pequeños movimientos que hacemos con la cabeza para fijar la vista en un punto hacen que los objetos contiguos parezcan moverse.
Otros, que al pasear la vista por la imagen, los detectores de movimiento de nuestro cerebro se confunden por tantos cambios bruscos de forma y color y detectan movimiento donde no lo hay.