Visitar Comayagua es como recorrer las páginas de la historia hondureña, páginas de alcurnia y orgullo, de poderío militar y religioso.
A lo largo de unos trescientos años la ciudad fundada por Alonso de Cáceres se consagró como la capital política y económica del nuevo territorio.
Muchos años de presencia colonial, cuyos recuerdos apreciamos en las innumerables edificaciones como iglesias, conventos, casonas o haciendas, que permanecen en pie.
Por supuesto, la primera estructura colonial que llama la atención del visitante es la catedral. Construida en 1563 o 64 por el obispo Fray Jerónimo de Corella, la catedral ha pasado por una serie de ampliaciones y restauraciones a lo largo de su vida, obras que la convirtieron en la catedral colonial más grande del país.
Pero no sólo el tamaño colosal de la edificación es lo que impresiona; es también la riqueza de sus exteriores e interiores lo que la sitúa en un lugar de honor de la arquitectura hondureña.
Las fachadas de las iglesias coloniales son como las portadas de los libros, páginas adonde podemos vislumbrar el interior de la obra.
Para darnos una idea de la rica simbología que 'ilustra' la portada de la catedral de Comayagua, basta citar que en el segundo cuerpo de la fachada se ven 18 rosetones, símbolo de los 18 pueblos indígenas tributarios que participaron en la construcción de la iglesia.
Además de la catedral, dedicada a la Inmaculada Concepción, encontramos en Comayagua la iglesia de la Merced, la de San Sebastián, San Francisco y de La Caridad. Todas son magníficos ejemplos de una historia que nos definió como nación.
En ellas, padres de las órdenes de La Merced y San Francisco cumplieron labores de educación y evangelización que propiciaron el mestizaje y la identidad.
Añada el amable lector, obras como el Palacio Episcopal, La Caxa Real, el Museo Arqueológico (del cual haremos un capítulo en el futuro) o El Palacio Municipal (y que fue construido tomando como modelo un palacio de Bélgica) y entonces tiene usted una ciudad que vale la pena recorrer a pie.
Describir una ciudad tan grande como Santa María de la Nueva Valladolid no es cuestión de unas pocas páginas. Su historia, que arranca el 8 de diciembre de 1537, todavía no termina, como lo parece atestiguar la bendición que imparte con sus manos el Cristo que remata el final de la fachada de la catedral.
¿Dónde comer?
Asados El Gordo: Aquí comenzó una historia que ahora se extiende por toda Tegucigalpa. Los restaurantes de El Gordo se caracterizan por un auténtico sabor hondureño, precios razonables y buen servicio.
Restaurante y Galería Plaza Colonial: Al lado mismo de la catedral, éste es uno de esos sitios pequeños donde el dueño conoce a media Comayagua y siempre le va a saludar con una enorme sonrisa. Una decoración perfecta.
Hanneman´s Bar and Grill: No conozco este lugar, pero se le recomienda mucho. Según lo que he leído, se especializa en comida estilo cajón, Lousianna.