Si el descanso y la tranquilidad figuran entre sus prioridades, no puede dejar de visitar la hacienda Sol Naciente.
Este paradisíaco lugar abre sus puertas para regalarle una hermosa e inigualable vista a las espesas montañas, el verdor de los bosques profundos que contrastan con las flores silvestres y el trinar de los pájaros que invita a penetrar en el mundo natural, donde además los platillos típicos que se sirven en los corredores antiguos de la hacienda abren el apetito de todos los visitantes.
A sólo 25 kilómetros de Copán Ruinas encontramos este bello rincón, un paraje natural de ensueño donde somos recibidos por sus propietarias, quienes nos abren las puertas para mostrar todo el encanto y esplendor de este lugar que hace que las horas pasen volando.
Visita
El primer regalo al paladar es una deliciosa taza de café y el pan casero preparado por mujeres, dándole un toque especial a la visita. Son recetas tradicionales de la familia que se ponen a la mano del turista para compartir parte de la gastronomía copaneca.
Después de un descanso no perdemos la oportunidad de visitar uno de los beneficios más grandes y modernos del país, es el momento de observar cómo se desarrolla el proceso que lleva el café desde su cosecha hasta convertirse en pergamino seco con calidad de exportación.
Aquí apenas comienza el recorrido porque en las afueras de la hacienda ya están listos los caballos para dar un paseo que permite entrar en contacto con la naturaleza.
Comienza la gira y mientras nos encontramos en medio de las verdes montañas, el guía Carlos Pérez nos invita a contemplar toda la zona, desde donde apreciamos las labores agrícolas de la hacienda.
Es un sitio para admirar las plantaciones y la cordialidad de la gente que a nuestro paso nos saluda.
Carlos no baja la guardia y prosigue la gira, mientras señala la diversidad de plantas que se encuentran en el lugar. 'Aquí hay guarumo, que es un hombre que de tanto guaro y de tanto humo crece torcido', manifestó.
En la finca encontramos el bejuco de agua o uva silvestre, que produce unas uvas pequeñas de la cual hacen vino, lo fermentan en ocho días.
Otra planta medicinal es la cuculmeca, un bejuco con raíces grandes como yuca. Los aldeanos aseguran que los mayas la utilizaban como parte de las hierbas medicinales, el agua de color rojo que resultaba de su cocimiento se la daban a las mujeres después del parto.
El amate es otra de las plantas que crece en estas tierras. Aseguran que los mayas realizaban las ceremonias bajo este árbol porque creían que llegaban hasta este sitio los muertos, los espíritus de sus familiares. En el recorrido también conocimos el chichicaste, una planta que no se debe tocar, aseguran.
La hoja del aire que se encuentra en todo el camino la utilizan para los cólicos.
La experiencia de internarse en el bosque tropical recorriendo los senderos muestra todo el esplendor de la naturaleza. Al final del recorrido, y como premio, se llega hasta una hermosa cascada que mide 20 metros de altura, el agua fresca invita a sumergirse.
Así disfrutamos de este paseo que está disponible para todos aquellos que quieran sumarse a la aventura y disfrutar de una rica barbacoa con deliciosa comida criolla y productos cultivados en la hacienda.