¿Alguien puede traerle una toalla a la Primera Dama?”. Son las primeras palabras que pronuncia una Michelle Obama empapada en sudor después de una sesión de entrenamiento en uno de los suntuosos salones de la Casa Blanca. Es la imagen que pudo contemplar 5.7 millones de espectadores que siguen cada semana el reality show Biggest Loser.
La esposa de Barack Obama invitó a los participantes del concurso que premia a aquel que logre perder más kilos a lo largo del programa a visitar la Casa Blanca. El hecho de que sea la primera vez que se televisa un entrenamiento en la vivienda del jefe del Estado más poderoso del mundo no es casual.
La iniciativa de la Primera Dama se enmarca dentro de su implicación en el programa del Gobierno Let´s Move para luchar contra la obesidad infantil, que pretende concienciar a los jóvenes de EUA a llevar una vida sana. Michelle recibió a cada uno de los seis concursantes que continúan en el reality y a sus familiares. “Es uno de mis programas preferidos porque sus participantes son un ejemplo de que se puede cambiar para mejor”, explicó la mujer del presidente Barack Obama.