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La vida de los otros... ¿y la mía?

  • Actualizado: 26 mayo 2011 /

Caer en los extremos perjudica la salud mental tanto de las “madres entregadas” como de las apáticas

    'Para eso estoy”, dicen orgullosas algunas madres después de resolver un problema más a sus hijos, nietos, hermanos... aunque éstos tengan 30, 40 ó 50 años y no hayan pedido la ayuda.

    Desde su punto de vista no hay ningún problema en ser así. Sin embargo, pueden llegar a sentir un vacío cuando no tienen nada que resolver, pues al dedicar la mayor parte de su tiempo a la vida de los otros, no tienen su propio proyecto de vida.
    “El que ellas estén siempre dispuestas a servir a los demás es una demanda cultural”, considera Maribel Nájera, del Instituto Latinoamericano de Estudios de la Familia, y las que se animan a decir “primero lo mío” pueden ser vistas como frías y egoístas. Cuando no es extremista, esta actitud es saludable, dice Rafel Mejía, psicólogo.

    Proveedoras

    Pero, “las mamás que son más entregadas son las que en la adultez de los hijos sienten mayor resistencia al cambio”, explica el psicólogo Rafael Enrique Mejía.

    Algunas empiezan a tener manifestaciones de personalidad hipocondriaca o se ponen en la posicion de mártir cuando no reciben la atención que desean. “Yo que te di todo, mira como me pagas”, empiezan a manipular la autoestima de los hijos.

    La causa de esta conducta dependerá de los ejemplos en su vida. Si su mamá fue así, ella lo será también.

    También se da la otra cara, si fue una niña que no recibió mucha atención y afecto, en la adultez decide dar lo mejor de sí. Piensan “si no tuve una buena infancia, haré que mi hijo sí la tenga”. Pero se extralimitan cayendo en la sobreprotección cuando las mujeres acostumbradas a siempre dar no reciben el agradecimiento o reconocimiento de todos los que atiende, especialmente de los hijos, caen en cuenta de que se olvidaron de sí mismas y no tienen un motivo de vida personal. Mejía, explica que existen tres roles básicos: el rol de mujer, madre y esposa, y tiene que haber un equilibrio. Si se enfoca en un solo rol, se arriega a descuidar los demás, con serias consecuencias.
    En ese momento se presentan dos caminos: construirse un proyecto vital, sin importar su edad, o buscarse a alguien más que se deje atender, ya sean los nietos, algún familiar, un amigo enfermo o la propia pareja. Las que deciden seguir haciéndose cargo de otros, viven añorando eternamente la gratitud y las mismas atenciones. “Quieren que las mantengan, quieran o cuiden; esperan cosas de los hijos que son irreales porque ellos deben hacer sus propias vidas. Y si esto no sucede, se sienten tristes, deprimidas o enojadas, y califican a sus hijos de ingratos”, señala Nájera.

    ¿Y después?

    Estas mujeres deben detenerse a reflexionar sobre las razones por las que ayudan a los demás. Si lo hacen de manera compulsiva, por amor, por obligación o para sentirse reconocidas, y, a partir de esto, reacomodar sus prioridades, porque si no logran el equilibrio manifiestarán problemas de ansiedad y depresión.
    El psicólogo Mejía dice que para superar esta situación hay que aceptar que cuando los hijos se casan, papá y mamá pasan a un segundo plano. Cuando se casan la prioridad es la esposa o esposo. Reconocer y apreciar el nuevo ciclo en el que se encuentra tu hijo (a). Para superar estas etapas se requiere mejorar la comunicación y buscar la unión familiar interesándose por los demás, pero sin olvidarse de sí misma.

    ¡El experto recomienda!
    Tenemos que aplicar la teoría de ganar ganar; agrado quiere agrado, si soy una persona agraciada con mis hijos no tengo que pedírselos. Si no soy agraciada con ellos, van a manifestar conductas inadecuadas. Se tiene que trabajar en un cambio de actitud. Aplica los siguientes pasos para tener una mejor calidad de vida personal y familiar.

    Primero dedicarme tiempo y dinero a mí
    Practicar una actividad deportiva, que me sirva de catarsis. Mantener y mejorar mi aspecto físico, con la terapia de “me veo bien, me siento bien”.

    Mantener la actitud positiva
    En el rol familiar sería involucrarme en las actividades de mis hijos, mantener una comunicación abierta y fluída. Respetar las limitantes. Los hijos tienen derecho a tener su propia autonomía.

    Mantener una sabia humildad
    No asumir que es la mejor del mundo, reconocer que todos los días se aprende, especialmente escuchando a los demás. Practicar actividades de involucramiento familiar: una cena familiar, ir al cine, etc.

    Rafael Enrique Mejía

    Psicólogo
    Tel 9986 -9569