La primera vez que se dio una alarma en el Instituto Nacional del Tórax -institución creada hace 61 años como Sanatorio Nacional para la Tuberculosis- fue debido a un ataque terrorista de ántrax en Estados Unidos.
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La segunda vez fue por la gripe aviaria de 2004, recuerda Rubén Palma, director de la institución, que explicó que 'la misma naturaleza del hospital -de atención cardiopulmonar- nos hace el centro casi de preferencia para enfrentar estas emergencias, siempre de la mano con otros centros de Tegucigalpa y otras regiones del país'.
Pese al obligado aprendizaje, 'hay limitantes', reconoce el galeno en referencia al pequeño espacio físico y el poco equipo que tiene la institución. 'Cuando se asumió esta responsabilidad le hicimos ver a la Secretaría de Salud que de desbordarse este virus, nosotros necesitaríamos más apoyo', amplía Palma.
Por eso Nancy Salgado, enfermera auxiliar de la Unidad de Cuidados Intensivos -de las más modernas del centro-, le ha pedido a Dios que interceda para evitar que la gripe H1N1 llegue al país.
'Nos exponemos nosotros como enfermeras y al mismo tiempo a nuestras familias, pero se ha desarrollado un protocolo de procedimiento que debemos aplicar en caso de tener una persona contagiada', relata.
Hasta la tarde de ayer, las camillas habilitadas para esta emergencia sanitaria no han sido usadas.
La unidad cuenta con una sala para niños, una para hombres y otra para mujeres. En total, 30 camillas. El director cuenta que en los últimos cuatro días recibieron ocho sospechosos de contagio. Todas falsas alarmas 'afortunadamente', según los médicos.