Con el comienzo de su obra maestra, “El Quijote”, Cervantes no sólo creó una de las frases más conocidas de la literatura universal, sino también el sitio no determinado más famoso y presente de la literatura española.
De hecho puede que no sea ningún lugar en concreto, y que Miguel de Cervantes Saavedra, 1547-1616, haya elegido los detalles y nombres de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” de muchos sitios emparentados entre sí de aquel territorio manchego entre los siglos XVI y XVII.
Por eso, a la par que una intensa competencia por colgarse el cartel y explotarlo a nivel turístico y cultural, fabricó un espacio único en el que transcurren las aventuras del “caballero de la triste figura”, un espacio tan real como imaginado.
El escritor conocía muy bien aquellos caminos por su origen familiar y por su trabajo como recaudador de impuestos, que lo llevó a recorrer la ruta entre Madrid y Andalucía en numerosas ocasiones.
Hoy, el territorio árido y espacioso de La Mancha, cálido en verano con sus colores ocre-amarronados y sus platos contundentes para combatir el frío en invierno, se atribuye en todas partes estar vinculado con Cervantes o con los personajes del Quijote, aunque se trate invenciones literarias.
Los caminos de Don Quijote
La Junta de Castilla-La Mancha promociona la “Ruta del Quijote”, un recorrido de unos 2,500 kilómetros, y todo vecino de la zona no duda en afirmar que por allí pasaron el Quijote y Sancho.
“El corazón” del recorrido lo forman Argamasilla de Alba y Villanueva de los Infantes, que compiten por ser la cuna del Quijote; Campo de Criptana, donde tuvo lugar el combate contra los molinos de viento; El Toboso, donde vivía la amada del caballero, Dulcinea; y Puerto Lápice, donde se dice estuvo la venta (posada) donde el Quijote fue armado caballero.
También Alcázar de San Juan, con sus casas de estilo modernista, una bella iglesia barroca, un torreón almohade y la que afirman es la auténtica partida de bautismo de Cervantes, disputándole así el título de ciudad natal del escritor a Alcalá de Henares, la oficial y donde igual se conserva un acta de bautizo.
La indefinición sobre el lugar de La Mancha se mezcla con la de la propia vida de Cervantes, que también estuvo cargada de aventuras y unas cuantas desdichas, como la de Alonso Quijano, alias Quijote.
Antes de escribir la que está considerada hoy como la primera novela moderna del español y creadora de un nuevo género, Cervantes fue soldado en Italia, donde participó en la batalla de Lepanto, en la que perdió la movilidad en su mano izquierda, y estuvo cinco años cautivo en Argel, de donde tras cuatro intentos de fuga fue liberado finalmente gracias al pago de un rescate por parte de su familia.
Tuvo un matrimonio sin hijos y al parecer infeliz, y sufrió la falta de reconocimiento por sus obras hasta edad avanzada, con la publicación en 1605 del “Quijote” y en 1615 de la segunda parte. En la actualidad, muy cerca de Alcázar de San Juan, por una carretera comarcal, se encuentra Campo de Criptana. De los 34 molinos con los que llegó a contar esta zona de tierra rojiza y vides que trazan formas geométricas quedan 10.
Siguiendo hacia el occidente se llega a Puerto Lápice, que cuenta con una plaza que mantiene un corral de comedias de madera y una venta que lleva el nombre del Quijote, conserva los atributos de la del libro y la tradición de servir comida manchega.
Al noreste de Alcázar de San Juan está El Toboso, el orgulloso pueblo de Dulcinea, la aldeana que el Quijote transforma en princesa y convierte en su enamorada. Allí también ella cobra vida, ya que existe una casa que supuestamente le perteneció, así como un Museo Cervantino. Frente a la iglesia una estatua muestra al caballero arrodillado ante su dama.
Además de representaciones callejeras del libro y conferencias, la Argamasilla de Alba real guarda aún hoy en su iglesia un cuadro que según la tradición podría ser el que inspiró a Cervantes el personaje del Quijote y su locura, pues representa al hidalgo Rodrigo de Pacheco, que estuvo enfermo de “un gran dolor que tenía en el cerebro de una gran frialdad que se le cuajó dentro”. El pueblo afirma ser “El” lugar de La Mancha, que Cervantes estuvo preso allí y que en esa cárcel “engendró” el “Quijote”, como se dice en el prólogo de la obra, pero ello no está documentado, y lo más probable es que haya sido en verdad en Sevilla, donde el escritor estuvo encarcelado en 1597 acusado de apropiarse de dinero público.
Villanueva de los Infantes, situada más al sur y con un impresionante casco histórico en torno a la Plaza Mayor, le disputa el título, además de defender la existencia de la casa del Caballero del Verde Gabán, otro personaje del libro.
La ruta del Quijote continúa mucho más lejos, hasta Barcelona, adonde llega el hidalgo en la segunda parte de la novela, pero más allá de afanes turísticos y algunos oportunismos, la realidad es que el encanto de la frase que creó ese lugar, que impulsa a seguir leyendo, es justamente la convicción de que no sabremos nunca cuál es. Porque a Cervantes no le dio la gana acordarse.