¿Por qué incluir personas “mestizas” dentro de un grupo como el Ballet Nacional Folclórico Garífuna de Honduras? La interrogante -que no es nueva- se la trasladamos a Armando Crisanto Meléndez, director de este grupo formado en 1962 con el nombre de Cuadro de Danza Garífuna.
“Brasil es el país latinoamericano que tiene más gente de pigmentación negra y también hay blancos, pero todos son brasileños. En el Ballet Folclórico Nacional de Cuba hay negros y blancos porque todos son cubanos. Cuando la gente mire al Ballet Nacional Folclórico Garífuna de Honduras queremos que digan ‘eso es Honduras”’.
Para este hombre que ha viajado por muchos países del mundo con el ballet, Honduras necesita integración, que no significa pérdida de las raíces propias: “La cultura no tiene color, no hay cultura blanca y negra. Somos personas con diferente pigmentación de piel, pero la danza y la música son universales. Hay gente mestiza que habla garífuna y garífunas que hablan español. Es más saludable la integración, que ambos conozcamos nuestras respectivas lenguas y culturas”.
Su hija Ashanty Crisanto también opina al respecto: “Las puertas de nuestra cultura están abiertas, no tenemos por qué cerrarnos. A los hondureños nos ha faltado vernos como hermanos. Somos un país con nueve pueblos étnicos, pero nuestros gobiernos y algunos particulares han hecho que permanezcan en la oscuridad; no le han dado prioridad a esa riqueza. Para el caso, los pech y tolupanes están al borde de la extinción.
Proclamación de la ONU
Tomando como referencia los casi cincuenta años de fundación del ballet, le preguntamos a Crisanto si las cosas han mejorado para los garífunas en dicho lapso.
Primero nos habla de algunos logros del Ballet Nacional Folclórico Garífuna: desde 1997, por ley, son embajadores culturales de Honduras y viajan al extranjero con pasaporte diplomático; por decreto también se creó el Centro de la Cultura Garínagu de Honduras en 2001. Igual en 2001, el estado hondureño declara abril Mes de la Herencia Africana en Honduras y antes, en 2000, la Unesco declaró que la etnia garífuna es patrimonio de la humanidad.
Y este año, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha proclamado 2011 Año Internacional de los Afrodescendientes. Honduras, al ser Estado miembro, debe sumarse a los objetivos de beneficiar a los “afrodescendientes en relación con el goce pleno de sus derechos económicos, culturales, sociales, civiles y políticos, su participación e inclusión en todas las esferas de la sociedad y la promoción de un mayor respeto y conocimiento de la diversidad, su herencia y su cultura”.
A pesar de leyes a su favor y de proclamas internacionales, hay pocos beneficios en el plano real: “No han llegado muchos beneficios a las comunidades garífunas. El pequeño ‘desarrollo’ que vemos es producto de las remesas que mandan los familiares desde el extranjero. Aún hay una deuda social con este pueblo”, dice este artista que recibió formación en Venezuela.
Además está de acuerdo con que el espíritu de la obra teatral “Loubavagu” del dramaturgo hondureño Rafael Murillo Selva sigue vigente respecto a la realidad de los garífunas: abandono, exclusión y engaños. >>
Los bailes garífunas no son simple entretenimiento, están cargados de símbolos de su historia
>> ¿Puede la cultura viva, y viendo al Ballet como un producto artístico, ser un medio para desarrollo social y económico? Armando Crisanto responde: “La cultura no tiene precio, no se vende. No puede comercializar las lágrimas cuando está cantando. Ahora, sí es posible vender un disco o un espectáculo como un producto artístico”.
Lamenta que algunos grupos e individuos “han tomado elementos garífunas y de cierta forma los han distorsionado para su beneficio económico. Las comunidades no ganan nada. Lo ideal sería que el dinero generado por productos culturales regresara a la comunidad para impulsar su desarrollo”.
Echa de menos que en el país no “existe una verdadera política cultural, importante hasta para la seguridad”.
Renovaciones
Crisanto comparte que ahora agregará flautas, teclado y trombón para ciertos bailes del Ballet como en la ceremonia para los espíritus de los ancestros o en las parrandas.
“En el caso del ritmo punta no porque se toca a puro cajón y las manos, tampoco con el Uanaragawua, pues el máscaro es un baile a nivel individual y quien toca el tambor sigue los movimientos del bailarín. Vamos a renovar ciertos números respetando las raíces”.
El director finaliza diciendo que son como “Quijotes resistiendo en lo que estamos haciendo”.