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Juegos al sol

  • Actualizado: 11 marzo 2010 /

Son vacaciones... ¡juegos sí, deberes no! Pero hay tareas de repaso divertidas para chicos de 3 a 5 años que a tu hijo le encantaría practicar durante el verano. ¿Vacaciones o deberes? He aquí la cuestión.

    Son vacaciones... ¡juegos sí, deberes no! Pero hay tareas de repaso divertidas para chicos de 3 a 5 años que a tu hijo le encantaría practicar durante el verano. ¿Vacaciones o deberes? He aquí la cuestión.

    ¿No se suponía que el verano era para descansar? Al fin y al cabo, si los mayores no nos llevamos el trabajo a la playa, ¿por qué estamos tan obsesionados con que los niños no dejen aparcadas sus tareas escolares? Es cierto que todo el mundo se merece un descanso. Sin embargo, la mayoría de los pedagogos coinciden en que, para un pequeño de entre 3 y 5 años, realizar tareas o actividades educativas en verano, más que una pesada carga, es un entretenimiento, siempre y cuando se las sepas presentar.

    Aunque, cuidado, no se trata de que sientes a tu hijo en la mesa todos los días para que cuente hasta 20. Se trata de que utilices algo tan importante como el juego para afianzar los conocimientos que ha aprendido.

    Ten en cuenta que los deberes en sí no son necesarios hasta que el niño empieza la educación primaria y tiene que enfrentarse a la comprensión y práctica de procesos más complicados, como las operaciones matemáticas, la lectura, la escritura... A esta edad sí que es importante no olvidarse de ellos en las vacaciones.

    De hecho, un estudio llevado a cabo recientemente entre escolares estadounidenses por la prestigiosa Johns Hopkins University demostró que los niños de esta edad que no realizaron ninguna actividad intelectual en el verano necesitaron hasta dos meses más cuando empezaron el siguiente curso para alcanzar el mismo nivel de aquellos compañeros que sí habían hecho algo.

    ¿Cómo lo hago?

    Primero, mentalízate de que solo es un juego, no una competición, y de que cada niño aprende de manera diferente y a distinta velocidad.

    Elige el momento. Cualquier circunstancia y cualquier momento puede ser una ocasión idónea para aprender. Pero observa a tu hijo para saber si está más o menos receptivo.

    Abre tu mente. Diversas investigaciones han demostrado que los preescolares piensan con mayor flexibilidad sobre un mundo imaginario que sobre un mundo real. Su pensamiento no está tan limitado. Déjale que explore, descubra y deduzca.

    Se vale repetir. Entre los 2 y los 5 años las habilidades del niño están cada vez menos relacionadas con su maduración y más con sus oportunidades, experiencia, práctica, interés y apoyo moral. Si le divierte un juego más que otro, juégalo a menudo.

    Matemáticas divertidas

    Antes de empezar a hablar, los niños ya tienen un concepto numérico del mundo que les rodea. La representación matemática desarrolla en el niño sus estructuras espaciales y el pensamiento lógico de orden, forma, memoria, atención, observación, comprobación y clasificación. Poco a poco puede ir organizando por colores, formas o tamaños. De los 3-4 años cuenta hasta 10 y antes de los 4-5 reconoce los números e incluso los escribe. Llamar a los abuelos. Dale tu celular y díctale el número para que él lo digite, al tiempo que vas nombrando cada número en voz alta. Qué mejor recompensa que encontrar a los abuelos al otro lado de la línea. ¿Quiénes van siempre juntos? Mientras dan un paseo por la playa, pídele que diga todas las cosas que normalmente van emparejadas: la pelota con la raqueta, el balde con la pala, la taza con el plato. Es un ejercicio estupendo para desarrollar sus habilidades de pensamiento abstracto. El contador de conchas. Recojan en su balde un puñado de conchas (o piedras) y formen montones. En el primero coloca 10 conchas (pídele que te ayude a contarlas). En el segundo, 9. Y así sucesivamente. También puedes empezar con un montón de 1 hasta llegar a 10.

    Clases de naturaleza

    A medida que crece, el niño descubre que en el mundo hay animales, plantas... y que a veces llueve. Entender que forma parte de un ecosistema es un gran avance en su desarrollo.

    Viva el arco iris. Una buena forma de ayudar a tu hijo a contemplar la naturaleza y a conocer sus colores es jugar a descubrirlos en las plantas, el cielo, el mar... apunta todo y su color, y cuando llegues a casa, juega a pintarlos en un papel con acuarelas.

    Castillos de arena. Qué mejor juego que construir un castillo de arena para explicar a tu hijo que la materia cambia (y no hace falta que estés en la playa). Pongan tierra o arena en un cubo, luego añade agua poco a poco, hasta que la mezcla tenga suficiente consistencia para poder ser volteada. Déjalo al sol para que se vuelva a secar.

    Otros juegos

    Enterrados bajo la arena. Cubre con arena una parte de su cuerpo (una mano, un pie) y pregúntale qué es lo que le falta (pídele también que te lo describa). Aprovecha para enseñarle para qué sirven las diferentes partes del cuerpo.

    Pies juntos. A la hora de preparar la mesa para comer o arreglar su cuarto, ata uno de tus tobillos a uno suyo. Juntos coloquen los cubiertos, o recojan los juguetes? Aunque te tardes, este ejercicio es fantástico para su psicomotricidad gruesa y para trabajar en equipo.

    Del frío al calor y del calor al frío. Aprovecha el calor para colocar encima de la mesa un abanico, hielo, una hoja de cartón y un vaso de leche caliente. Pregúntale a tu hijo qué utilizara para refrescarse y déjale que experimente. Descubrirá cómo responde su cuerpo.