La archiduquesa María Cristina de Austria y el conde Rodolfo de Limburg-Stirum protagonizaron la boda del año de la realeza europea.
La ceremonia nupcial se celebró en la catedral de Saint Rombouts, ubicada en Mechelen, una bella ciudad entre Bruselas y Amberes. Fue una preciosa misa oficiada por el cardenal Daneels, Primado de Bélgica, y acaparó la atención de la prensa rosa europea por la esencia de royals y aristocracia europea que se congregó a tan importante evento.
Entre los ilustres invitados estaban el gran duque Enrique y la duquesa María Teresa de Luxemburgo, la princesa Sibila y el príncipe Guillermo de Luxemburgo, gran duque heredero al trono, las princesas María Laura y Astrid de Bélgica, la reina Fabiola de Bélgica y el príncipe Felipe, duque de Brabante y heredero al trono belga.
Además, acudieron Margarita de Rumania y Radu Duda, los príncipes Alejandro y Catalina de Serbia y un numeroso grupo de archiduques, archiduquesas, príncipes y princesas, todos ellos emparentados con la novia.
Radiante al altar
La bisnieta del emperador Carlos de Austria lució un ajuar diseñado por la casa de moda de Yves Dooms en Bruselas, y se caracterizó por un encaje que una vez le perteneció a la emperatriz francesa Eugenia, española de origen y esposa de Napoléon III.
El vestido fue en color blanco hielo, de manga larga y con puños rematados en piel.
El modelo tenía una larga cola que le dio algún problema a la novia a la hora de entrar al templo del brazo de su padre y padrino, el archiduque Christian de Austria.
La tiara que usó pertenece a la Casa Gran Ducal de Luxemburgo.