Estéticamente, las propuestas son innovadoras y sorprendentes. Los éxitos en los festivales de cine dan fe de ello. Y la gran cantidad de películas producidas hablan de una industria en ascenso, con más o menos ayuda estatal, según el país.
Pero lo que aún sigue siendo una gran asignatura pendiente en el cine latinoamericano es entusiasmar al público. Si es difícil que los argentinos vayan a ver cine argentino o los chilenos, cine chileno, más lo es que en un país se siga la producción del país vecino.
“Yo veo todas las películas latinoamericanas en Europa”, reconoce el director chileno Matías Bize, que en el primer semestre de 2010 estrenará “La vida de los peces”.
Bize, “En la cama” y “Lo bueno de llorar”, es un convencido de que se puede hablar de “cine latinoamericano” como un movimiento con denominadores comunes. “Generalmente, en los festivales, las películas que me interesan son latinoamericanas. Me parece que hay autores jóvenes con miradas superpersonales. Son películas que tienen claramente un autor detrás. Y eso es lo que me interesa”, dice.
Además, cree que en los últimos años han ido mejorando los apoyos. En concreto, en Chile, hay ahora ayudas no sólo para los rodajes, sino también para la distribución y los festivales, destaca. “Falta que los privados entren en el cine”.
Visión esperanzadora
El argentino Pablo Agüero se muestra satisfecho con la ayuda del Estado. “Las legislaciones evolucionan bien en Argentina. Tenemos un buen sistema”.
El director de “Salamandra” y “77 Doronship” está preparando para este 2010 un thriller político basado en hechos reales.
“Es uno de los episodios más rocambolescos de la historia argentina. Está relacionado con la Guerra Fría y con los grandes complots mundiales, que involucran a la CIA, al Vaticano y a la España franquista”, adelantó. También Agüero ve denominadores comunes. “Una virtud común al cine latinoamericano es su relación con la realidad. Compartimos una misma historia política: colonización, luego dependencia económica, dictaduras, desigualdades sociales... Paradójicamente, nuestros ‘dramas’ reales son grandes generadores de drama, es decir, de ficción. Y aportan a nuestro cine emociones auténticas, una visión crítica y cierta furia creadora”. Algunos críticos son más escépticos al respecto.
“No creo que se pueda hablar de cine latinoamericano. Por supuesto, Argentina y Brasil, por ejemplo, han experimentado un auge, pero son un puñado de nombres, no un ‘nuevo cine’”, dice Carlos Losilla, de “Cahiers du cinema”.
“Creo que el cine contemporáneo está hecho de individualidades, y que no puede ponerse en el mismo saco a Lucrecia Martel y a Lisandro Alonso, por ejemplo”, se explayó. “Salvando esa distancia, en el cine argentino es donde han aparecido nombres más interesantes. Alonso es el más importante, sin duda, pero es todo lo contrario de Mariano Llinás o Matías Piñeiro, que me parecen también valiosos”, apunta.
Nombres que suenan
Para Ángel Quintana, también crítico de la edición española de “Cahiers du cinema”, “lo interesante en el cine latinoamericano es cómo se va abandonando el imaginario político para revisarlo o buscar escapadas en otros modelos de cine”.
“Entre lo que más me ha interesado en los últimos años están los trabajos de Llinás, ‘Historias mínimas’, junto con los de Matías Piñeiro, ‘Todas mienten’, o de Alejo Moguilavski, ‘Castro’. Este hecho demuestra que se están buscando otras vías basadas en el palimpsesto -jugar a la Nouvelle Vague-, en el teatro o en lo literario, que el cine minimalista anterior -Lisandro Alonso y compañía- había puesto en crisis”, añade Quintana, profesor de historia y teoría del cine de la Universidad de Gerona.
“Entre las producciones de otros países que me han interesado está la uruguaya ‘Gigante’, y, sobre todo, la cinta chilena ‘Huacho’”, añade. “En el cine mexicano, lo más interesante que he visto es ‘Norteado’, que juega con el minimalismo a lo Kaurismaki de forma parecida a ‘Gigante’. Pero en México se han ido hacia un modelo excesivamente comercial y se ha perdido ese algo experimental que tenían las cintas de Arturo Ripstein hace 10 años”, dice.
El reto
Mientras todos estos desarrollos se producen desde lo creativo, queda como gran desafío conquistar al público. “Es muy difícil competir con las películas de Hollywood. Es un tema que habría que solucionar con una cuota de pantalla. Hay películas chilenas que sólo están en cartel una semana. Es una pena”, comenta Bize.
La distribución es el eterno problema del cine no comercial. “Las diferencias entre ricos y pobres se están acentuando en todos los ámbitos de la sociedad. En el cine también. Los productores agropecuarios tienen que tirar sus patatas a la basura porque el distribuidor les paga menos de lo que cuesta producirlas, pero las vende caras en el supermercado”, explica Agüero.