Corría el año de 1862 y el obispo Juan de Jesús Zepeda y Zepeda, tras visitar la comunidad, decidió que el nombre de El Cimarrón no hacía justicia a la belleza de la aldea y su entorno. Inspirado, el buen sacerdote rebautizó a la entonces incipiente comunidad con el nombre con que ahora la conocemos: Valle de Ángeles.
Han pasado los años y la decisión del santo varón no pude ser menos que acertada.
El Valle, como ahora se le conoce popularmente, es destino de cientos de capitalinos y extranjeros cada semana, especialmente entre sábado y domingo.
Atraídos primero por el clima y después por las artesanías, los visitantes han convertido el municipio en destino obligado cuando se viaja a la zona central del país.
Venir a Tegucigalpa a trabajar merece como recompensa una tarde, cuando mínimo, en el pintoresco pueblito.
Pero no sólo atrae por su belleza escénica; sus artesanías en madera y cuero son imanes para todos los turistas.
Es tanto su auge en los últimos años que las autoridades la declararon, por ley, ciudad turística.
Sus pequeños restaurantes y cafés apenas se dan abasto y cada día nuevas opciones de diversión se abren.
Quienes conocemos un poquito el pueblo sabemos que la verdadera esencia, el espíritu de la comunidad, flota libremente al viento de lunes a viernes, antes de la llegada del cargado sábado y domingo.
Un espíritu que es el acompañante obligatorio si se trata de conocer los centros culturales del pueblo.
La Casa de la Cultura pertenece a la Red Nacional de Casas de la Cultura de la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes.
Inaugurada por Mireya Batres en 2002, la institución impulsa no sólo la llegada de las diversas artes, sino que también se ha convertido en una ventana para los artistas locales y más aún, ha propiciado el surgimiento de galerías y museos privados que han visto su éxito y la oportunidad de hacer crecer nuestras manifestaciones artísticas.
Arte por doquier
Junto a la Casa de la Cultura está el museo Santa María de los Ángeles, un encuentro bastante ecléctico con el pasado. Aquí encontrará de todo un poco; desde máquinas de escribir, sables y fotografías antiguas hasta piedras de moler precolombinas y fonógrafos con discos que todavía suenan.
Es importante no dejar pasar por alto la Capilla Sixtina, una galería de arte contemporáneo, o los Pabellones de Artesanías. Arte y artesanías se funden, para bien del viajero, en una sola comunidad.
Cada tarde, a las seis, los faroles de la plaza central se encienden y el pueblito adquiere una nueva personalidad.
Sentado en las bancas del florido parque usted podrá, querido amigo, saborear con el inicio de la noche la Honduras que todos amamos.
¿Dónde Comer?
Creo que después de Copán Ruinas, el centro del Valle debe tener la mayor concentración de restaurantes por manzana de todo el país. La oferta es para todos los bolsillos y aunque el menú, en general, es poco variado, la calidad es buena. Aquí se apuesta por las pupusas, los pinchos, las sopas de mondongo y las cervezas bien frías.
1.- La Tasca de Manolo: ¡Hombre! ¡Que Manolo es un verdadero ícono del Valle! Uno no puede venir hasta acá y no probar sus pinchos. Desde hace muchos años éste es el sitio oficial donde almorzar, después de recorrer los pabellones de artesanías.
2.- Restaurante Criollos: Criollos es una tradición en Tegucigalpa y ha puesto un ojo en la capital turística. Ubicado en la carretera, poco antes del Valle, nos ofrece sus riquísimas sopas, carnes y una sopa de frijoles que, como dirían los mexicanos, 'es de muerte lenta'.
3.- La Garra Catracha: Por las noches, el olorcito a huevo, frijolitos, plátano maduro, tortillas y café caliente llena la salita de este pequeño comedor. Nada ostentoso, sólo buena cocina tradicional hondureña.
4.- La Florida: Un gran complejo familiar que debe ser visitado más de una vez. Piscina, caballos, juegos infantiles y un buen restaurante son la oferta. Un buen sitio para ir de paseo con la familia; los niños se divierten y se come bastante bien.
5.- Las Tejas: Cocina de primer nivel. Servicio excelente y un buen ambiente; un espacio informal, pero con clase.
¿Dónde dormir?
Posada del Valle: Está dentro del pueblito y el segundo en las afueras. Yo prefiero el segundo para aprovechar el verde entorno.
Villas del Valle: Saliendo del Valle, rumbo a San Juancito, está este discreto hotel. Cabañas de madera para dos o más personas. Un pequeño jardín le da un escenario más natural y silencioso. Las estancias interiores no son pretenciosas y cumplen a cabalidad.