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Bullying con cara de mujer

  • Actualizado: 21 mayo 2010 /

Durante cuatro meses, la mercadóloga Eugenia fue acosada psicológicamente por su asistente, Rosario, una mujer con más años en la empresa y amiga de los jefes.

    Durante cuatro meses, la mercadóloga Eugenia fue acosada psicológicamente por su asistente, Rosario, una mujer con más años en la empresa y amiga de los jefes.

    Rosario fue removida de un puesto de mayor jerarquía al regresar de su licencia de maternidad y asignada a trabajar para Eugenia, una recién llegada a la compañía.

    “A todo le ponía peros y cuando teníamos un desacuerdo laboral, íbamos a consultar con la jefa de las dos, que casi siempre apoyaba mi idea, entonces Rosario decía: ‘ya vez. Eugenia, te dije que así era mejor’”, cuenta con un dejo de frustración.

    Eso sucedió muchas veces, y se le sumó a los comentarios negativos de ella con los jefes, la ignoraba cuando le pedía cosas del trabajo o cuando simplemente le hablaba y la hacía quedar mal.

    “Fueron los meses más frustrantes de mi vida porque sentía que no podía hablarlo directamente con ella porque tenía el apoyo de los jefes”, describe la joven de 27 años, “era horrible estarle pidiendo las cosas y que me ignorara. La movió la envidia, a mí el miedo, y terminó por aplastarme”.

    “Nunca me había enfermado tanto, y yo digo que me enfermaba el ambiente, sentía muy mala vibra, me tenía que cuidar de ella porque en cualquier momento me hacía algo”.

    El caso de Eugenia es más común de lo que se cree. El bullying laboral, conocido como “mobbing” (de la palabra en inglés “mob”, que significa multitud, turba o mafia) le sucede, en algunos países, hasta a cinco de cada 10 trabajadores, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

    La OIT ha dado a conocer que el mobbing es una de las formas de violencia en el trabajo que más están creciendo a través de intentos vengativos, crueles, maliciosos o humillantes para hacer menos a una persona o grupo de empleados.

    Una investigación del Workplace Bullying Institute de Estados Unidos reveló que cuatro de cada 10 bullies o acosadores son mujeres. La diferencia entre los hombres y las mujeres que acosan en el trabajo, es que ellas, en el 70 por ciento del tiempo, prefieren como víctimas a otras mujeres.
    Una de las razones por las que ellas seleccionan a sus congéneres para acosarlas es que, probablemente, ellas confrontan menos o es menos probable que respondan a una agresión con otra, señaló Gary Namie, director del Instituto.

    Mujer contra mujer

    Que estos números existan diluye el mito de que la violencia es típica de los hombres y no de las mujeres.

    “Ese es un error porque todas las investigaciones a nivel mundial muestran que la violencia entre el género masculino es prácticamente igual que en el género femenino”, indica David Rico, investigador especialista en bullying.

    Pero a diferencia de los varones, quienes ejercen una violencia más agresiva y hostigamiento, las mujeres violentan a otras desde la esfera social con exclusión, bloqueo y manipulación.

    “Las mujeres somos dadas a hacer consenso, pero cuando no tenemos la conciencia de género y no nos damos cuenta de las diferencias que hay al ejercer el poder, sea enorme o chiquito, siempre van a haber choques, y sí es muy frecuente verlo, pues las mujeres que se empoderan, no piensan como mujeres”, explica Guadalupe Elósegui, coordinadora de Difusión e Imagen del Instituto Estatal de las Mujeres.
    “En este caso no existe esa actitud que tiene que ver con entender, ser empáticas, y hay veces que llegan a ser jefas peores que si tuvieras un tirano en la oficina”.

    Nadie ve nada

    En promedio, la OIT reconoce que entre el 10 y 15 por ciento de las personas que trabajan sufre de violencia laboral, y que ocho de cada 10 han sido testigos de ella, pero eligen quedarse callados, igual que la víctima.

    Las mujeres son las que menos denuncian, señala Elósegui, quien recientemente investigó y escribió para la revista Violeta, el texto “Cuando el trabajo se convierte en pesadilla”.

    “Nadie se va a arriesgar a poner una denuncia y prefiere retirarse o mal negociar antes de que se enteren sus amigas su marido, sus amigos”, explica.

    “Sucede mucho en las grandes corporaciones o, incluso, en dependencias de gobierno, en el sector salud, en educación, que tiene mucha gente donde estas cuestiones se van diluyendo”. La conspiración del silencio es bastante común, señala Rico.

    “¿Por qué una persona que sufre violencia no lo dice?, pues porque se siente culpable. La hacen sentir culpable y ellas creen que de verdad tienen la culpa de lo que les está pasando”, afirma.
    Y no es así, las que son acosadas en cualquier ámbito, casi siempre son las personas más productivas, inteligentes y capacitadas, que tienen rasgos que las hacen sobresalir.

    Una amenaza

    Más del 80 por ciento de las mujeres que son buleadas pierden sus empleos y el 40 por ciento de ellas sufre de depresión que podría llevarlas, incluso, al suicidio, de acuerdo con estadísticas del Workplace Bullying Institute.

    “Pero es más común que se tenga un autoconcepto y autoestima negativos e, incluso, que se desarrollen estructuras mentales prepatológicas, que es algo que tienen en su mente y que al sufrir violencia da pie a una sociopatía o una psicopatía”, describe Rico.

    El origen de la violencia, afirma el investigador, quien fue testigo en un juicio de mobbing entre mujeres, es la falta de tolerancia a la frustración, esa que te permite mantener un buen comportamiento a pesar del fracaso.

    “La mayoría de los comportamientos desviados que ves, tiene esta razón”, afirma.
    “Ser capaz de tolerar funcionalmente tus frustraciones es fundamental para configurar una personalidad saludable, y hoy en día ésta es una de las máximas que más trabajamos en la psicología moderna, porque es dramático lo que ocurre”.

    Las claves

    Desafortunadamente no existen registros de denuncias hasta la fecha de bullying, mobbing, acoso ni hostigamiento laboral, son más comunes y siempre en menos escalas las de acoso sexual.

    “No dudo que haya acoso, pero formalmente no hay denuncias, creo que es por cuestión de pena, en caso que se dé, pero no hay ninguna demanda que mencione el acoso”, dijo Benigno Benavides, abogado.

    Explicó que una denuncia por violencia laboral podría ser presentada, sin embargo, no es fácil justificarla con pruebas.
    Lo recomendable es tener testigos e, incluso, grabaciones, y poner la demanda aún cuando todavía se labore para la empresa.

    ¿Que hacer?
    Evita las confrontaciones con tu acosadora. Por lo general, en el mobbing se actúa en equipo, así que identifícalos y arma tu propio equipo de seguridad con tus compañeros.

    Deja constancia clara de lo que está sucediéndote por escrito o grabado, ya sea encubierta o abiertamente.

    Lleva una bitácora de lo que sucede diariamente, cómo venía vestida tu agresora, qué te dijo, en dónde te lo dijo y por qué, y anota quienes atestiguaron el hecho. Con esto, por más hábil que sea tu agresora para defenderse, podrás probar lo que te hizo.

    Si el acoso persiste y la situación se va deteriorando, lo mejor es que dejes el trabajo antes de poner en riesgo tu salud e integridad.