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La ingeniería genética recupera parte del brillo perdido

  • Actualizado: 03 junio 2014 /

Un grupo de empresas redobla sus apuestas en este ámbito convencidas de que el enfoque sigue siendo prometedor.

Nueva York, Estados Unidos.

Aunque muchas grandes farma­céuticas abandonaron una tecnolo­gía genética que estuvo de moda, un reducido grupo de empresas re­dobla sus apuestas en este ámbito, convencidas de que el enfoque sigue siendo prometedor.

La tecnología busca desactivar moléculas llamadas ácidos ribonu­cleicos, o ARN, para impedir que tra­duzcan código genético a proteínas que causan enfermedades. Hasta 2010, casi todas las grandes farma­céuticas, como las estadouniden­ses Pfizer Inc. y Merck & Co., tenían equipos de investigación que traba­jaban en terapias que apuntaban a los ARN, pero desafíos técnicos para inyectar la droga en las células hu­manas llevó a muchas empresas a dejar de lado los proyectos.

Ahora, sin embargo, el interés se ha reanudado. La firma de biotecno­logía Alnylam Pharmaceuticals Inc. descubrió que dos de sus principales medicinas fueron capaces de reducir en hasta 90% la producción de una proteína que contribuye a una en­fermedad poco común del sistema nervioso.

Eso ayudó a convencer al gigan­te francés Sanofi SA y a su subsidia­ria Genzyme Corp. a pagar US$700 millones en enero por una parti­cipación de 12% en Alnylam, una prima de 21% sobre el precio de la acción en ese momento.

A cam­bio, Genzyme obtuvo el derecho de vender en algunos mercados fuera de Estados Unidos ciertos medica­mentos de Alnylam si son aproba­dos. La inversión expandió la socie­dad de investigación previa entre Sanofi y Alnylam.

“El constante bombardeo de da­tos clínicos, principalmente deriva­dos de los esfuerzos de Alnylam, ha convencido a la gente de que en rea­lidad podemos crear medicamentos con esta tecnología”, dice John Ma­raganore, presidente ejecutivo de Alnylam.

David Meeker, presidente eje­cutivo de Genzyme, explica que la empresa se sintió atraída por la ca­pacidad de Alnylam de inyectar las medicinas en las células de forma consistente y segura.

Alnylam prevé buscar en 2017 la aprobación de las autoridades de EE.UU. para su medicina líder diseñada para tratar la polineuro­patía amiloidótica familiar, una condición nerviosa hereditaria y a menudo fatal causada por una acumulación de las proteínas ami­loideas en los órganos.

Los medicamentos de Alnylam podrían fallar en las etapas poste­riores de los estudios. No obstante, señales previas de éxito están rea­vivando las esperanzas de trata­mientos de los ARN entre algunos inversionistas y ejecutivos de la in­dustria. La capitalización de merca­do de Alnylam se ha más que dupli­cado a US$4.700 millones durante los últimos 12 meses.

Muchas firmas y científicos per­manecen escépticos, notando que el éxito clínico de Alnylam y otras firmas se ha dado principalmente en enfermedades raras basadas en células en el hígado, que es más re­ceptivo que otras partes del orga­nismo a absorber medicamentos de moléculas grandes como las usadas para tratar los ARN.

Algunos docto­res dicen que no ha habido casi nin­gún avance en enfermedades como el cáncer que afectan a grandes seg­mentos de la población.

“Después de 30 años y todos los miles de millones de dólares inver­tidos, pensaría que estaríamos más avanzados”, dice Cy Stein, presiden­te de oncología médica y terapias ex­perimentales en el Centro Médico City of Hope, en California.

El entusiasmo en torno a esta tecnología llegó a su máximo en 2006, cuando los científicos que descubrieron la interferencia del ARN ganaron el premio Nobel y Merck acordó comprar Sirna Inc., un desarrollador líder de estos me­dicamentos, por US$1.100 millo­nes.

No obstante, la falta de resul­tados ha llevado a algunas grandes farmacéuticas a abortar o reducir sus investigaciones.

“Hay un enfoque mucho más racional y mesurado”, afirma Art Krieg, director científico de Sarep­ta Therapeutics Inc., que desarrolla medicinas de ARN. “Claro, por su­puesto que todavía hay algo de es­puma en esta historia, pero también hay sustancia real”, agrega.

Alnylam dice que la desilusión expresada por algunas compañías se convierte en ganancia para la em­presa. En enero, Merck le vendió por unos US$175 millones en acciones y efectivo a Alnylam la propiedad in­telectual y otros activos que había adquirido de Sirna, así como rega­lías a futuro.

El monto es una frac­ción de lo que la empresa estadouni­dense pagó en 2006.