15/02/2026
03:53 PM

En el nuevo orden asiático de Beijing, todos los caminos conducen a China

  • Actualizado: 10 noviembre 2014 /

En un área del doble de Nueva York, Horgos tenía apenas 85.000 resi­dentes cuando fue fundada en sep­tiembre.

Horgos, China.

En un valle flanqueado por cimas nevadas en la frontera con Kazajistán, una visión de las ambiciones del go­bierno chino de redibujar el mapa geopolítico de Asia toma forma. Esta localidad remota, otrora una escala de los comerciantes que se­guían la Ruta de la Seda, es donde China construye una de sus ciuda­des más nuevas.

En un área que abarca más del doble de la ciudad de Nueva York, Horgos tenía apenas 85.000 resi­dentes cuando fue fundada en sep­tiembre. El plan es transformar el adormilado cruce fronterizo en un centro internacional ferroviario, energético y logístico para el “Cin­turón Económico de la Ruta de la Seda”, presentado el año pasado por el presidente Xi Jinping con el fin de establecer nuevos lazos comerciales y de transporte entre China, Asia Central y Europa.

Horgos es un componente pe­queño en el extenso plan de China para conectar regiones aledañas a través de oleoductos, carreteras, ferrocarriles y puertos, dicen di­plomáticos y analistas que han es­tudiado los proyectos.

Los planes también incluyen un acuerdo de libre comercio con países de Asia-Pacífico, un Banco Asiático de Inversión en Infraes­tructura de US$50.000 millones y un Fondo para la Ruta de la Seda de US$40.000 millones.

En un discurso a empresarios el domingo, Xi dijo que los planes impulsarán el crecimiento y mejo­rarán la infraestructura de la re­gión. “China tiene la capacidad y la voluntad de proveer más bienes públicos a Asia-Pacífico y el mun­do entero”, aseveró.
La ofensiva sirve como contra­punto a la reciente firmeza militar de China, que ha antagonizado a muchos vecinos y llevado a Esta­dos Unidos a dirigir más recursos militares y de otros tipos a la re­gión. Ahora, Beijing intenta con­vencer a países dentro y fuera de Asia de que les conviene aceptar a China como la superpotencia del continente.

La hoja de ruta de China para un nuevo orden asiático centrado en Beijing y apuntalado por las nuevas obras de infraestructura constituye el telón de fondo para el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), que se realiza hoy en la capital china.

“¿China en un papel de lideraz­go? Eso no es un mensaje modes­to”, dijo Robert Wang, funcionario sénior a cargo de APEC del Depar­tamento de Estado de EE.UU., hace poco a un grupo de reporteros. “Es orgullo. Hemos llegado. Eso con­lleva un mensaje”.

Funcionarios chinos no res­pondieron a pedidos de comenta­rios. La semana pasada, Xi afirmó que el nuevo banco de infraestruc­tura y el fondo para la Ruta de la Seda “complementará, no reem­plazará” instituciones financieras existentes.

A algunos funcionarios occi­dentales les preocupa que una inundación de capital chino para financiar obras de infraestructura socave los estándares de goberna­ción en algunas entidades como el Banco Mundial, en particular si China canaliza fondos hacia sus empresas, proyectos con mo­tivaciones políticas o que dañen el medioambiente.

Según fuentes al tanto, en la antesala del foro de APEC, EE.UU. bloqueó los esfuerzos de China para iniciar negociaciones para un acuerdo regional de libre co­mercio porque interfería con el Acuerdo Estratégico Trans-Pací­fico de Asociación Económica, res­paldado por Washington, pero que excluye al gigante asiático. EE.UU. también hizo lobby para impedir que economías grandes se unan al Banco Asiático de Inversión en In­fraestructura, fundado en octubre por China y otros 20 países como una alternativa al Banco Mundial, dominado por EE.UU., y el Banco Asiático de Desarrollo, liderado por Japón.

China lleva mucho tiempo am­pliando su influencia en Asia a tra­vés de asistencia e inversiones, y para obtener recursos energéticos de Asia Central. Pero la campaña ha cobrado urgencia bajo Xi, quien tiene una visión que combina pro­yectos de infraestructura que po­drían demandar decenas de miles de millones de dólares.

El Cinturón Económico de la Ruta de la Seda, por ejemplo, co­nectaría el océano Pacífico con el mar Báltico, uniendo Asia del Este con Asia del Sur y Medio Oriente para atender un mercado combina­do de 3.000 millones de personas.

China ya ha firmado acuerdos valorados en US$30.000 millones en Kazajistán, incluyendo proyec­tos de crudo y gas. Además, puso en marcha un corredor comercial marítimo que Xi llamó la Ruta Ma­rítima de la Seda del Siglo XXI, con la meta de aumentar el comercio con el Sudeste Asiático a US$1 bi­llón para 2020, más del doble que el año pasado.

“Es labor de los asiáticos en­cargarse de los asuntos de Asia, resolver los problemas de Asia y defender la seguridad de Asia”, dijo Xi en un discurso en mayo.

Aunque no mencionó a EE.UU., muchos analistas chinos y occi­dentales creen que Xi quiso enviar un mensaje a Washington de que debería aceptar un papel menor en una región que, según el Ban­co Asiático de Desarrollo, requie­re inversiones en infraestructura de US$8 billones para 2020.

No está claro si todos los go­biernos a los que espera llegar acogerán la oferta de Beijing. Proyectos chinos han encontra­do trabas en Myanmar, incluida la suspensión de una represa de US$3.600 millones en 2011, mien­tras que una conexión ferroviaria con Paquistán se ha aplazado ante la incertidumbre política.

Otros proyectos, sin embargo, parecen estar avanzando. Un ban­co de desarrollo de US$100.000 millones recibió el respaldo de los países Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y tendrá sede en Shanghai.

La magnitud de las ambicio­nes de China queda en evidencia en Horgos, reconocida por el go­bierno central como su principal puerto tierra adentro del Cintu­rón Económico de la Ruta de la Seda. Beijing ha invertido más de US$3.250 millones en su parte de la zona comercial, que incluye mercados mayoristas, áreas in­dustriales y una nueva estación de trenes. Para 2017 estarán lis­tos un hotel de lujo y un centro de exhibiciones.

Ya hay trenes que transportan cargamento de China vía Horgos, pasando por Kazajistán y Rusia, al puerto alemán de Duisburgo. El trayecto demora unos 15 días, frente a 40 días por mar. En sep­tiembre, un cargamento de auto­móviles de Europa ingresó a China por vía férrea por primera vez.