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El propósito social ya no es un plus, es una exigencia

Es presidente de la Fundación Hondureña de Responsabilidad Social Empresarial (Fundahrse). Tiene más de 40 años de experiencia en el liderazgo y la administración de industrias de agricultura y alimento. Fue presidente de Cargill Centroamérica.

San Pedro Sula, Honduras

En años pasados, las empresas tenían un propósito meramente comercial, pues su objetivo era aumentar las ventas y que su producto fuera el más reconocido en la industria. Su tarea diaria era obtener la mayor cantidad de materia prima posible para elaborar los productos y satisfacer las necesidades de la demanda.

Los clientes tenían un comportamiento consumista -aunque aún lo vivimos, pero en menor medida- que bombardeados por la publicidad lograban tener “necesidades” que no significaban algo con lo que no se pueda vivir, y así, poco a poco nos hemos llenado de vanidades y pensamientos que no nos permiten ver lo realmente prioritario.

Recientemente se han evaluado las opiniones de sociedad, con lo cual nos hemos dado cuenta de que ellos demandan que las organizaciones, ya sean públicas o privadas, tengan y trabajen por un propósito social. Para que las mismas prosperen deben transmitir su desempeño financiero, y no solo eso, también demostrar cómo está contribuyendo positivamente a la sociedad.

Para que la organización tenga una estrategia de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) significativa y de gran impacto, primero sus actividades y acciones deben estar relacionadas con el núcleo del negocio.

Segundo, la organización debería poseer un equipo dedicado a esta función para trabajar y desarrollar dicha estrategia interna o externamente, además de tener el compromiso y apoyo de la alta gerencia.

Debemos saber que los negocios que realicen acciones básicas de RSE sobrevivirán, pero los que hagan acciones más allá de lo que se le exige y con una estrategia realmente diferenciada crearán valor compartido y serán las organizaciones que verdaderamente prosperen. Incluso, existen negocios que ya no consideran la RSE como algo adicional a la empresa, sino una forma diaria de hacer negocios.

A medida de que aumenta el poder adquisitivo de las generaciones más jóvenes, paulatinamente ha cambiado el proceso de compra. Estudio tras estudio señalan que valoran y hasta demandan productos y servicios de organizaciones que están haciendo bien las cosas. Existen, incluso, iniciativas que dictan que toda empresa que cotice en bolsa tendrá la obligación de dar prioridad a la promoción de buenas causas para minimizar los problemas sociales que vivimos hoy en la actualidad.

¿De qué manera mejoramos esa proyección hacia nuestras partes interesadas? Con una propuesta de una plataforma de código abierto, transparente, cuantitativa y cualitativamente, llamada tasa de rendimiento externa, que permite a la organización y la sociedad en general tener una conversación abierta de cómo las actividades comerciales están teniendo un impacto positivo hacia los demás.

Para fomentar el compromiso, muchas empresas consideran que comunicar la RSE a las partes interesadas es un desafío, pero las estrategias exitosas son aquellas que tienen participación de las personas responsables de las áreas de marketing, RSE y comunicaciones y que la Responsabilidad Social Empresarial sea reconocida como una prioridad en todas las unidades de negocio.