El presidente del panel que fija las políticas del FMI declaró que se apreciaba 'una luz entre los nubarrones' de la economía mundial, pero pidió ser todavía cautelosos debido a que las dificultades continuarán en el futuro inmediato.
'Hay una coincidencia en que se está viendo la calma en medio de una tormenta económica sin precedentes, que estamos frente a una luz entre los nubarrones', dijo Youssef Boutros-Ghali, presidente del Comité Monetario y Financiero Internacional. 'Hay mejorías en las percepciones del mercado, pero todavía hay riesgos presentes de una continuada declinación'.
El tono optimista del ministro egipcio de economía fue expresado al término de la asamblea de gobernadores del Fondo Monetario Internacional y coincidió con el mismo sentimiento expresado por algunos gobiernos, entre ellos el británico y estadounidense, y otros funcionarios de la institución de que la crisis estaba empezando a calmarse.
Los ministros se reunirán hoy en la asamblea del Banco Mundial pero será para hablar de aspectos relacionados con el desarrollo.
El secretario del Tesoro Timothy F. Geithner había declarado en las sesiones del comité del FMI que la calma en la tormenta se debía a las acciones concertadas que han tomado los gobiernos y bancos centrales en el mundo.
'Recientes informaciones sugieren que el ritmo de declinación en nuestras economías se ha desacelerado y están emergiendo indicios tentativos de una mejoría, en medio de un persistente panorama de debilidad', afirmó Geithner. 'Pero, los riesgos de una contracción todavía persisten'.
El FMI ha pronosticado que la economía global se contraerá en 1.3% en 2009, pero dijo que para el próximo año la actividad económica retornará a terreno positivo con 1.9%.
Nicolás Eyzaguirre, director del FMI para América Latina y el Caribe, había dicho en la víspera que la recuperación en el hemisferio estaba ya ocurriendo debido a que los bancos regionales no han sido afectados como en el mundo industrializado, donde la recuperación se iniciaría en la segunda mitad del 2010.
Los países pobres que se reunieron en el G-20 dijeron en su comunicado final que la crisis estaba todavía teniendo un 'efecto desproporcionado' en las economías emergentes con bajos precios de las materias primas, drástica reducción de las exportaciones, menores remesas, flujos privados netos de capital negativos y dificultades en el crédito.