El brasileño Ronaldinho llegó a la Copa del Mundo señalado como uno de los mejores futbolistas de la década, aunque en los dos partidos disputados por la selección de Brasil fue como un mago que no mostró sus mejores trucos.
Por ser brasileño, por su sonrisa y alegría constante en el terreno y, sobre todo, por su casi inagotable talento, Ronaldinho encarna como nadie la idea de ‘jogo bonito’, de fútbol creativo, elegante y ofensivo, del que sus compatriotas hicieron su marca registrada.
La carrera de Ronaldinho está marcada por goles antológicos, jugadas imposibles y pases asombrosos, para ser señalado, casi sin discusión, el mejor del momento.
Sin embargo, Ronaldinho no fue en los partidos que Brasil disputó ante Croacia y Australia el astro imparable del FC Barcelona.
Si en el club catalán está rodeado por hombres de la talla de Deco, Samuel Eto’o, Ludovic Giuly y Lionel Messi, en Brasil tiene a su lado a Kaká, Ronaldo, Adriano y Roberto Carlos, entre otros.
En la selección pentacampeona del mundo, Ronaldinho paga un precio alto por un esquema de juego que permite tener en la cancha a cuatro hombres con neta vocación ofensiva, el famoso ‘cuadrado mágico’, pero que exige que los hombres del mediocampo deban ayudar en la marcación.
Ronaldinho no ha tenido una única oportunidad de anotar, y sus intentos se limitaron a disparos fuera del área.
Después del primer partido, Parreira aseguró que “Ronaldinho continuará jugando así, libre y alegre.
Fue de esa forma que se tornó el mejor del mundo y lo estimulamos a que siga así. Tiene toda la libertad del mundo”.
El dentudo geniecito brasileño no parece preocupado con su desempeño.
“Tenemos que mejorar”, dijo después de la victoria ante Australia, pero ya dejó claro varias veces que no piensa “en ser el mejor del Mundial o el mayor goleador. Quiero ser el campeón”.