Marcello Lippi renunció ayer a su cargo como técnico de Italia, apenas tres días después de haber conducido a los Azzurri a ganar su cuarta Copa del Mundo.
Pese a los muchos llamados para que se quedara al frente del equipo, Lippi sugirió hace semanas que iba a renunciar, sentido porque que tanto él como su hijo, Davide, recibieron ataques personales debido al escándalo de corrupción que ha manchado al fútbol italiano.
“Al terminar una experiencia extraordinaria tanto en lo profesional como en lo humano, que logré disfrutar como dirigente de un grupo excepcional de jugadores... considero que mi papel de guía del equipo nacional italiano ha concluido”, señaló Lippi en un comunicado.
Pese a que no es investigado, Lippi fue interrogado por fiscales antes del Mundial en torno a supuestas presiones que recibió para convocar a algunos jugadores en la selección.
Por su parte, Davide Lippi es investigado por su trabajo en la agencia de representación de jugadores GEA World.
“Seguiré activo como entrenador”, declaró Lippi, que tiene 58 años, sin entrar en detalles.
Según la prensa italiana, Lippi se tomaría un año sabático o aceptaría un puesto ejecutivo con la Juventus, su ex club.
Antes de la final del domingo en Berlín, Lippi desmintió versiones de que se iría a Inglaterra para dirigir al Manchester United, explicando que no habla inglés y que ese es un obstáculo insalvable en la liga premier.
El vicepresidente de la Federación Italiana de Fútbol Giancarlo Abete dijo que Lippi le adelantó durante los octavos de final que se proponía renunciar sin importar el resultado de la selección.
Italia venció a Francia por 5-3 en una definición de penales tras quedar empatados 1-1 tras lo 90 minutos reglamentarios y los 30 de alargue.
Gesto
Marcelo Lippi visitó ayer al ex jugador de la Juve Gianluca Pessotto, quien se debate entre la vida y la muerte desde el pasado 27 de junio. También lo hicieron Cannavaro, Zambrotta y Del Piero.