26/09/2022
12:14 AM

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Exclusiva con Francisco Martínez desde su aldea: “No tenía ni cinco lempiras para mi familia”

Diario LA PRENSA viajó hasta la cuna del futbolista que fue fichado por Marathón y qué anteriormente realizó microciclo con la selección de Honduras pese a estar jugando en Liga Mayor.

Santa Cruz de Yojoa, Honduras.

62 kilómetros de viaje, una zona piñera, sin red telefónica, un clima gélido, donde el cacareo retumbaba en la modesta aldea más grande Santa Cruz de Yojoa, la empinada Santa Elena, cuna de Francisco Martínez, el fichaje sensación del Marathón tras su popularidad por ser convocado a la Selección de Honduras siendo un obrero de Liga Mayor.

La trayectoria no nos trató con mucho cariño. Para empezar, la travesía inició desde las cinco de la mañana. Cruzamos San Pedro Sula, El Progreso y Santa Rita para llegar a nuestro destino desde muy temprano. El camino fue hostil con nuestro transporte, pues el automóvil con el que nos transportábamos sufrió una fuga de gasolina ante los golpes constantes por la empedrada calle.

Para rematar, el GPS nos hizo marear, pero una vez en el lugar los aldeanos supieron qué contestar cuando preguntamos cuál era el hogar de “Paquito”. El hogar luce muy humilde a primera impresión, y una vez al ingresar se pudo confirmar la sencillez con la que vive esta familia cuyo sustento proviene de la agricultura, así como de la unidad y la creencia en el padre celestial.

Francisco Martínez ha sido una persona luchadora y en las últimas semanas la vida lo ha sorprendido con el llamado a la selección y su fichaje por Marathón.

Es una casa con cortinas en lugar de puertas, cuya hornilla en el pasillo captura la atención, pues apenas amanece y ya la encienden, dejando esperando a la leña para preparar el desayuno. La familia del futbolista verdolaga nos recibió antes de las 7:00 am con un delicioso café negro. Su hermano Darinel (24), árbitro asistente de la Liga Nacional, nos dio la bienvenida mientras salía su hermano mayor, de quien contó que la noche anterior se acostó tarde ya que el teléfono no le dejaba de sonar de tantas llamadas por entrevistas, pero ninguna como la que Diario La Prensa se atrevió a hacer.

Su hija mayor de nueve años, Nashly Sarahy, abrió el portón y se mostró atónita al ver cómo tres hombres aventureros -el periodista Omar Gutiérrez, el fotógrafo Neptalí Romero y el camarógrafo Mauricio Ayala, esperaban en la puerta de su hogar a su padre, quien en sandalias, vestido con un “short”, camiseta y suéter dio su primer hola a la distancia haciendo un gesto con la mano con una sonrisa de oreja a oreja. Tímido, sencillo y humilde, como si su vida no había cambiado de la noche a la mañana.

Las fachas que lucía el conocido como “Dariel” en su pueblo eran apropiadas a su personalidad: simple,aunque es algo totalmente distinto a lo que ha sido su vida. El Chelito sonreía y poco a poco perdía la pena. También tomó su vitamina diaria con nosotros, solo le faltaba la semita para un desayuno normal, como todo buen pueblerino.

En la sala de la casa su pequeña Sharon (3) nunca se le despegó, incluso para el momento en que nos relató su vida desde la calle, cuando múltiples mototaxis y transportes se dirigían hacia las localidades turísticas de la zona como Cascata y Panacam Lodge.

Diario LA PRENSA llegó hasta la habitación de Francisco Martínez en donde fuimos muy bien recibidos por el jugador y sus familiares.

Francisco nació bajo el techo de su casa sobre un nailon el 29 de octubre de 1992. Él ha respirado la agricultura desde sus primeros pasos junto con sus cuatro hermanos, los varones Darinel y Abiel Jared (20), así como las hembras Ana Lilieth (34) y Carla Rosario (32) sacadas adelante por su madre Anita Hernández (55), quien en la década de los noventas laboraba como granjera y era ayudada en la venta de pastelitos por el Chelito, quien a sus seis añitos inició su vida como jornalero, pues de mañana iba la escuela, la cual dejó hasta el sexto grado, y al salir tomaba rumbo al campo.

Desde entonces se levanta al amanecer junto con Darinel para recorrer 50 metros cargando la cuma con la que cortan la hierba y limpian la tierra de las piñas desde las 6:00 am, bajo el sol y lluvia, con nada más que café y semita en el estómago, hidratándose con pura agüita y fresco, cargándose alrededor de 40 piñas en un saco hasta las tres de la tarde cuando llegan a su casa a almorzar. Después, de 4 a 6, caminan tres minutos hacia la cancha que le vio aflorar en el fútbol.

Francisco Martínez conversó en Exclusiva sobre sus inicios, actualidad y futuro.

-Del piñero a la cancha

Allí es la casa de los Pumas, pero no con el que se hizo héroe en Las Vegas, Santa Bárbara, sino su equipo de la zona, su primer club a sus 14 años, donde el sueño empezó gracias a la confianza de Manuel Sánchez (51), un agricultor que ha vivido siempre frente a la cancha y le dio la oportunidad a Paquito de jugar por primera vez un partido burocrático a sus 14 años.

“Soy Olimpista, pero hoy me tendré que poner la camisa verde porque allí está Francisco, y si él está allí, la aldea está junto a él. Yo le regañaba cuando jugaba de pequeño para que se moviera, pero ahora es un motor con gasolina todo el tiempo. Me emociona mucho verlo cumplir su sueño, no es un jugador cualquier. Yo quisiera que fuera mi hijo para quererlo más. Hemos luchado en las buenas y en las malos”, dijo sollozando Manuel, cuyo camino se cruzó con el nuestro en la trayectoria hacia las piñeras.

Francisco Martínez vive bajo el mismo techo con sus tres hijos, esposa, hermana, hermano, cuñada y madre.

Al Chelito todos lo conocen en Santa Elena. La sangre de los Martínez impregna la cuadra de su residencia, pues en dicha calle se encuentran 11 casas habitadas por familiares suyos , quienes hicieron una caravana cuando llegó del microciclo el pasado miércoles con la H.

“Vivo un sueño, pero mi humildad siempre estará sin olvidar mis orígenes”, dice con mucha calma un hombre fuerte mentalmente. Y es que a Francisco le ha costado cumplir esta meta.

“Fue un camino muy duro, las oportunidades llegan al tiempo de Dios, no de uno. A veces madrugaba a trabajar llorando porque no tenía ni cinco lempiras para mi familia. Cuando jugaba en la Liga de Ascenso pasaba hambre, a veces viajábamos y la cena no era apta para un jugador”, recuerda.

Manuel Martínez le dio la oportunidad a Francisco Martínez de poder jugar por primera vez un partido a nivel burocrático y no pudo contener la emoción al saber que hoy jugará en la Liga Nacional.

Y añadió: “Llevábamos unos tallos de moroca (chatos), los escondíamos debajo de la cama y a las tres de la madrugada hacíamos comida al no aguantar el hambre. Una vez jugué en la tarde con solo una taza de café”.

Él siempre ha andado a jalón, ya sea para laborar o pelotear, si no le tocaba caminar sobre volquetas de arena que llevaban agua en el sector. “En las piñeras es más exigencia que en el fútbol. Empecé ganando 50 lempiras, luego 150 y ahora 200. En casa vivimos de esto, pero cuesta”, explica Francisco mientras hacía su oficio y relataba que en 2019 se insertó el machete en el pulgar del pie y, aun así, vendado, jugó al siguiente día. Su físico es muy marcado por el arduo trabajo que realizan en el agro.

Francisco trabaja en el agro desde los seis años cultivando piñas.

En su piel se notan de lejos las cicatrices que le han provocado las espinas de la planta, así como unas pantorrillas bien desarrolladas ante su exceso de carga bajo el barro. Físico para ser jugador lo tiene, solo que no parece. Su resistencia es innegable, ya sea en el labor, fútbol o en lo mental.

“En la piñera, como en la vida, esquivo los caminos espinosos y, aunque me canse, sigo queriendo más. Ahorita me despido de ello, pero dejaremos gente que la esté viendo, ya que no se deben olvidar los orígenes”, apuntó.

La media manzana de terreno extrañará a Francisco, quien siempre cultivó maíz, frijoles, yuca y plátano a unos cuantos pasos de su casa.

Francisco Martínez tiene muchos años de estar trabajando arduamente en las piñeras.

Cuando se le consultó si extrañara su oficio en el campo, contó que antes que llegáramos su madre le pidió ir a cortar una palo de leña. “Mami, quiero ir un poco descansado a Marathón”, le respondió a doña Anita, quien intentó ser fuerte cuando habló sobre la partida de su hijo del hogar, pero finalmente, no pudo contener las lágrimas.

“Él dice que su propósito de ir a Marathón es para comprarme el nuevo marcapasos; los dos que he tenido desde 1999 han sido donados. En diciembre debo adquirir uno nuevo, pero el médico dice que no hay ahorita”, contó en primera instancia.

“Estoy alegre, pero -se quiebra- triste a la misma vez porque me hará falta, él era mi mano derecha en el trabajo, siempre he estado a mi lado. Mis hijos han sido perfectos, nunca me han dado dolores de cabeza.Él es el mismo, humilde. Los hijos para mi son prestados porque siempre se los entrego a las manos de Dios”, dijo la madre del futbolista.

Doña Anita es la madre de Francisco Martínez y no pudo ocultar las lágrimas al indicar que extrañará al ahora nuevo jugador del Marathón.

-Del campo a la H.

Tras ser figura para conseguir el ascenso conuna joya de gol, el estratega argentino Diego Vázquez lo convocó a la escuadra nacional. “En la final dela departamental lo vi de reojo en las gradas. Me motivé y luego anoté un golazo”, recordó.

Ante ello surgió un centenar de comentarios donde se criticó su llamado. “Si hablaron del Señor Jesús, no hablarán de uno que es pecador”, reaccionó.

Bryan Beckeles, uno de los jugadores que cuestionó su convocatoria, se disculpó con él regalándole unos tacos. Esta misma acción tuvo su compañero de cuarto, Ángel Tejeda, originario de su municipio, quien le obsequió un par de botines al darse cuenta de que los que llevó al microciclo se habían roto.

Por esto y más, Francisco siempre se sintió como uno más en la Selección, los demás jugadores hasta se asombraban al conocer cómo se ganaba la vida. Incluso ya tiene a un jugador en mente para que lo acompañe en el piñero: Edwin Solani Solano, su nuevo compañero en Marathón.

“Como dijo Javier Portillo: ‘Tenemos más ganas que esos cipotes de 20 años’”, se reía Francisco, quien mañana se incorporará al Monstruo Verde, con el que quiere la décima copa.

“Mi primer salario irá a lo que le pertenece al Rey de Reyes y lo demás veremos, pero primero la ofrenda hacia Dios”, confesó cuando se le consultó sobre sus planes a mediano y largo plazo ante la inyección económica que tendrá.

Paquito mostró su técnica con el balón en el campo de Santa Elena.

Gracias, Paquito, estaban ricos los huevitos con frijoles y aguacate. Ahora las categorías inferiores sonríen en Honduras porque un chelito les demostró a aquellos obreros futbolistas que con perseverancia, esfuerzo y pasión los sueños, por más tormentas que sufras, pueden cumplirse.