A un año la miel es hiel

La suegra tiene mucho que ver con los conflictos con su nueva pareja.

  • Actualizado: 19 may 2016

Hola, Doctora Corazón, me llamo Manuel, soy divorciado y hace un año me junté con una señora que tiene una hija.

Ambos tenemos 44 años, y al principio todo iba bien, incluso hasta me animé a sacar una casa al crédito para tener un lugar donde vivir y estar juntos, incluso viven con nosotros su hija y su mamá.

El problema es que su mamá, o sea mi suegra, es muy metiche, su hija casi no me habla y cuando regreso del trabajo hasta parece que no existo para ella.


Ha cambiado su trato conmigo, pues cuando tiene reuniones familiares no me toma en cuenta, salvo para llevarla y recogerla, lo que no entiendo por qué, nunca he sido grosero con ella pese a que me ha corrido de la casa que estoy pagando porque hemos discutido por tonterías.

Dame un consejo, Doctora, ¿por qué se comportan así?, ¿debo dejarla? Gracias por tu respuesta y que tengas un buen día. Manuel, 44 años

Respuesta
Buenas tardes, querido Manuel. ¿Y qué acuerdos hicieron antes de irse a vivir juntos?, ¿hablaron de las reglas que habría entre ustedes o la relación se estableció al “ahí se va, como se vaya dando”? Si así fue por eso hoy surgen los problemas que estás describiendo.

El primer año de estar en pareja bajo el mismo techo es un tiempo de ajuste, de conocimiento real del otro, de sus costumbres, hábitos y cultura familiar.

¿Qué tienes que hacer? Hablar con tu pareja y fijar reglas, tanto para la relación entre ustedes dos como para tu rol con su hija.

Si eres el proveedor, ¿cuáles son tus obligaciones como tal?; y si tu pareja es ama de casa, ¿cuáles son sus obligaciones? Y la hija, ¿cómo se estableció tu figura ante ella? Y en relación con la mamá de tu pareja, ¿cuál es su rol en la familia?

Todo eso tienen que hablarlo y tú no debes pretender salir corriendo solo porque no has sido capaz de hablar con tu mujer y con la familia que han formado, que incluye a la hija que ella tiene y la mamá.
Son una familia, así que ¡organícense! La vida es muy bonita como para desperdiciarla en pleitos sin sentido.