Saber qué decir al final de una presentación puede resultar un problema. Muchos ejecutivos preparan sus intervenciones al detalle, pero olvidan que al final siempre aparecen las preguntas.
Estar listo para cualquier cosa es lo que diferencia al buen profesional.
Sin duda, el turno de preguntas es uno de los momentos críticos de las intervenciones en público. Lo que antes era un monólogo se convierte en un diálogo que tiene que ser fluido si se quiere convencer. La interacción con los oyentes pone a prueba los conocimientos y la capacidad de reacción y síntesis.
Por eso es importante:
1. Responder siempre de manera positiva. No lamentar los asuntos no tratados antes. Hay que mostrar seguridad.
2. Prepararse para admitir que no se conoce una respuesta. Es esencial no tratar de eludir preguntas. Hay que actuar positivamente.
3. Aplazar las preguntas cuando sea necesario. Las preguntas que exigen una respuesta detallada pueden esperar hasta más tardes. Es bueno aplazarlas tras dar una primera respuesta condensada.
Dirigirse a todo el público, no solo a quien pregunta. El resto de la audiencia también está interesada en esa cuestión.