12/01/2026
01:27 AM

'Hija, sé que estás viva; niño, acá te espera papito”

Serapio Campos clama por la vida de sus tres parientes, quienes son migrantes secuestrados.

Con los ojos llenos de lágrimas, don Serapio Campos, de 64 años, reza un padrenuestro y aferrado a una fotografía pide a los que tienen en poder a su hija, a su nieto y yerno, quienes figuran entre los hondureños que fueron plagiados en Medias Aguas, México, que no les hagan daño. “Mi corazón de padre me dice que ellos están vivos”.

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Dilcia Campos Pérez, 26, su hijo Eduardo Sánchez Campos, 5, y su compañero de hogar Júnior Orlando Hernández, 30, son tres de los al menos 40 hondureños que viajaron a Estados Unidos buscando el ansiado sueño americano; pero el destino les jugó una mala pasada y hoy viven su calvario.

Según denuncias del padre Alejandro Solalinde, director de la casa del migrante Hermanos en el Camino del país azteca, más de cien migrantes fueron interceptados hace más de una semana por grupos criminales en el tren entre Oaxaca y Veracruz cuando intentaban cruzar de ilegales.

El sacerdote ha dicho que en cada uno de los casos de secuestro masivo denunciados, lo primero que México ha hecho es negarlo.

En Honduras, a miles de kilómetros de distancia en el municipio de Gualcinse, en el sur del departamento de Lempira, una familia está sumida entre la incertidumbre y la sorpresa pues desde que conocieron la noticia del secuestro la paz se alejó de su hogar.

Sus fotos aparecieron en Diario LA PRENSA el jueves 30 de junio, por esas casualidades de la vida unos pobladores de Gualcinse que viven en Gracias, la cabecera del departamento, leyeron el diario y reconocieron la fotografía de Dilcia. “Esa es la hija de don Serapio”, mencionaron.

Compraron el periódico que recorrió en bus más de 60 kilómetros para que llegara a manos de la familia Campos, personas pobres, trabajadoras y conocidas en el Gualcinse.

La noticia les cayó como balde de agua fría y la preocupación aumentó cuando les mencionaron que no se sabían si estaban vivos o muertos.

La historia

Dilcia creció en el barrio El Tanque, de este municipio, una joven que sólo cursó hasta segundo de ciclo común. Su madre Amelia Pérez murió hace siete años y fue su padre quien se dedicó a criarla junto a sus hermanos.

Siendo adolescente, el amor tocó su corazón y se enamoró de Miguel Sánchez, un policía originario de San Rafael, Lempira. Fruto de ese amor nació Eduardo Sánchez, el niño que en este momento sufre en carne propia el cautiverio en México.

Por situaciones de la vida, la pareja decidió separarse, y Dilcia junto con su pequeño salieron en busca de un mejor futuro a San Pedro Sula. En la capital industrial trabajó como empleada de maquila y en cocina para sacar adelante a su hijo.

Estando en San Pedro Sula se enamoró de nuevo y empezó a hacer vida marital con Júnior Orlando Hernández, con quien emprendió la aventura hacia Estados Unidos.

La última visita que hizo a su familia en Gualcinse fue en marzo, pero nunca les dijo que su intención era viajar al país del norte.

Dolor y esperanza

Mientras el masivo plagio acapara los medios de comunicación y la atención de la Cancillería, allá en el barrio El Tanque, don Serapio no entiende muy bien la magnitud de lo que ocurre. “Sabemos que están en manos de una organización fuerte que se llama Los Zetas”.

La familia conoce que Los Zetas piden dinero a cambio de dejar libres a sus parientes, pero saben que no pueden pagar nada porque no tienen dinero.

“Mi muchacha vino a la casa y ella me dijo: ‘Me voy, pero voy a regresar’; por eso tengo la fe que volverá con el niño y su marido. Ella se fue de acá porque no tenía trabajo, y lo necesitaba. Lo que pido a las autoridades es que nos ayuden a rescatar a estas personas”, dijo.

“A mi nieto le gustaba la pelotita, allí pasaba jugando ese pobre niño, era bien amoroso y me decía papito”, añadió. Don Serapio aparenta ser un hombre fuerte, pero al recordar a su nieto se entrecorta su voz y comienza a rezar el padrenuestro.

El acongojado padre pide a su hija que si sale bien del problema que regrese y que no siga intentando viajar a ese país para que no exponga a su hijo, que es un niño que no merece pasar por lo que está ocurriendo.

“Vivimos en un municipio lejano y abandonado, donde no llega siquiera el periódico, gracias a los pobladores que viven en otros lugares y que nos conocen es que nos dimos cuenta de lo que ha pasado”, dijo. Mientras eleva plegarias, don Serapio se refugia en su casa que con mucho esfuerzo ha construido. El dolor que lo embarga lo hizo recordar a su hijo José Campos, quien murió a manos de delincuentes en Guatemala hace ya un año. Junto a don Serapio está sentada doña Celsa Campos, una mujer reconocida en el municipio. Ella dice que Dilcia nunca dijo que se iría a Estados Unidos, por lo que no se explica lo ocurrido. “La vimos en la foto de LA PRENSA y la reconocimos, a nosotros sólo nos queda rezar por todos”.

La noticia es comentada en el pueblo, donde todos se conocen y donde los católicos elevan sus plegarias y los evangélicos oran para que Dilcia, su hijo y su compañero se recuperen con vida. “Eres hija de mi sangre, sé que estás viva, regresa y estoy seguro que Dios les ayudará para que salgan adelante”, expresa don Serapio.

La investigación

Después de conocer la noticia, el jueves 30 de junio se informó que el comisionado del Instituto Nacional de Migración de México, INM, Salvador Beltrán del Río, y el secretario general de gobierno de Veracruz, Gerardo Buganza, recorrerán la zona de Medias Aguas, donde presuntamente fueron secuestrados los migrantes, en su mayoría centroamericanos.

La comisión de Honduras viajó desde el miércoles pasado a México para estar al tanto de las investigaciones que involucran a varios hondureños.

Nueva ley en México beneficiará a migrantes

Tegucigalpa. Unos cien hondureños transitan a diario por las peligrosas rutas mexicanas que conducen hacia Estados Unidos.
Se estima que alrededor de 120 compatriotas son deportados cada día desde México hasta la frontera de Corinto, que separa a Honduras de Guatemala.

Según la oficina de Asuntos Consulares de la Cancillería de la República, hasta el 10 de junio del año en curso, 8,133 hondureños habían sido deportados por la vía terrestre desde el territorio mexicano.

Las cifras muestran un flujo significativo de hondureños que podrían resultar favorecidos con la nueva Ley de Migración de México, que permitirá a los centroamericanos gozar de un permiso de 180 días de estadía en suelo mexicano sin necesidad de tramitar una visa para ingresar.

Aunque todavía no se aprueba el reglamento que establecerá los alcances de la iniciativa, las autoridades de la Secretaría de Relaciones Exteriores consideran que ya no habrá mayor complicación para circular dentro del territorio mexicano.

Según el vicecanciller de la República, Alden Rivera, el único requisito será tener la documentación en regla y presentarla en la frontera de Guatemala con México para adquirir un permiso especial.

“Es una ley con mucho sentido humanista, con un gran contenido humanitario, y es una ley que sin lugar a dudas, de lograr aplicarse, va a significar una mejoría notable en el nivel de seguridad y la protección de los derechos humanos de los flujos migratorios hondureños”, dijo el subsecretario de Relaciones Exteriores de Honduras.

Según los informes, en un periodo de 180 días el poder Ejecutivo de México estaría emitiendo el reglamento para la aplicación de la nueva ley aprobada en medio de los altos índices de criminalidad que enfrenta la sociedad mexicana, impactando en miles de migrantes de Centro y Suramérica que atraviesan el territorio azteca en búsqueda del llamado “sueño americano”.

Según los informes de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en lo que va de 2011, son 17 hondureños los que han sido repatriados de México tras perder la vida en la búsqueda del sueño americano.

En México hay unos cinco albergues para migrantes que se encuentran amenazados por grupos criminales, han revelado sus administradores.