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Guardia que murió aplastado por roca había hecho planes para Navidad

  • 26 diciembre 2015 /

Cuando los vecinos le estaban quitando la enorme piedra se vino otra que derribó una pared.

San Pedro Sula, Honduras

Se durmieron arrullados por el sonido de la lluvia que caía sobre el techo de zinc, sin presentir la tragedia. Como a las diez y media de la noche se escuchó el estruendo en la colonia Lempira, causado por un derrumbe de piedras y rocas que cayeron sobre la pequeña vivienda en la que dormía el guardia Miguel Ángel López, su compañera de hogar y un hijo de ambos, de cuatro años.

Una roca de aproximadamente media tonelada derribó el techo de zinc y cayó sobre la humanidad de López, causándole la muerte. El pequeño Jeferson que dormía a su lado resultó con la pierna derecha fracturada y la izquierda herida por el filo de otra piedra; su madre, Ana Rosa Rivera, salió ilesa porque estaba durmiendo en otra cama.

López había mandando a construir la casa de adobes en un terraplén que le ganó a la montaña, al final de la colonia ubicada en la margen derecha de la carretera hacia occidente.

Era la última casita, al final de una empinada calle de tierra que atraviesa el sector marginal perteneciente al municipio de San Pedro Sula.

Aunque no era albañil, la estaba repellando personalmente en sus ratos libres para que estuviera bonita al llegar la Navidad, dijo Ana Rosa. Un cuñado suyo que es constructor lo dirigía a veces y le regalaba pedazos de cerámica para que colocara en el piso de tierra.

Foto: La Prensa

La tragedia pudo ser mayor, ya que la gigantesca piedra rompió los cables conductores de electricidad que los vecinos instalan a discreción

Su madre cuida de él en otra casa. La roca y un pantalón del uniforme quedaron en el lugar como testigos de la tragedia.

En vista de que la casa quedó destruida, Ana Rosa vive en la de su madre, un poco más abajo de donde sucedió la tragedia. Allí pasa al cuidado de su pequeño hijo, quien fue enyesado y curado de su herida, en el hospital Mario Rivas. Era el amor del papá, cada vez que este se iba para el trabajo como guardia de una cooperativa en el centro de San Pedro Sula, lo pasaba dejando en casa de la abuela.

Hace siete años, López se juntó con Ana Rosa a quien conoció en ese mismo sector cuando ella trabajaba aseando la casa de una vecina. Desde entonces, López se propuso mandar a construir su propia casa en la cuchilla de tierra al pie de la montaña.

Un poco separada de la casa de adobes construyó la cocina con tierra apelmazada sostenida por un esqueleto de varas. Allí quedó una hornilla solitaria en la que Ana Rosa haría los nacatamales de la Nochebuena, como él le había pedido, pero los planes se fueron abajo, como la vivienda.

“Nos salvamos por un milagro de Dios”, dice la mujer al recordar la trágica noche. Fueron necesarios seis hombres para retirar la piedra que cayó sobre el abdomen del guardia, quien, no obstante, quedó vivo. El primero en llegar en su auxilio fue su cuñado Cástulo Maldonado, luego los otros vecinos y quitaron la roca que además quebró la cama.

Los heridos fueron transportados al Mario Rivas en el carro de un vecino, pero el guardia expiró tras ser ingresado.

El guardia se acostó temprano después de jugar con su hijo. Poco después estaba gritando para que le quitaran la roca de encima.

Foto: La Prensa

Los pobladores se mostraron preocupados porque arriba queda todavía una roca a punto de caer y ocasionar otra tragedia

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Foto: La Prensa

El guardia se acostó temprano después de jugar con su hijo.