“Adiós, oh madrecita; adiós porque te fuiste lejos; quién sabe si volveré a verte, aquí donde tú me dejaste”: ésa fue parte de la letra de la triste canción con que Julio y Martha Vanessa despidieron a su madre Martha Méndez.
La hondureña que murió de insolación en el desierto de Texas, en busca del sueño americano, ya descansa en su tierra natal.
El cuerpo de la infortunada hondureña llegó al país el pasado miércoles, luego de permanecer desde el 29 de agosto en una funeraria de Mission, Texas a la espera de que los parientes en Honduras realizaran los trámites migratorios para su repatriación.
Últimos momentos
Ayer, a las ocho de la mañana, llegaron al velorio los niños de la escuela Josefa Lastiri, compañeros de los sobrinos de Martha, quienes viven en la comunidad de Lancetilla, ubicada en el jardín botánico, y como un gesto de solidaridad entonaron las notas del Himno Nacional alrededor del ataúd donde ya descansa Martha.
A las 9.30 am llegó el carro fúnebre que trasladaría el cadáver hasta la iglesia y después al cementerio.
También arribó un bus donde iban familiares, vecinos, amigos y compañeros de trabajo de los hijos de la infortunada en San Pedro Sula, quienes acudieron a su entierro.
Hasta las 9.45 am retiraron el cadáver de la casa de Óscar Méndez, mientras se entonaba el canto “adiós, madrecita”, el cual hizo llorar a los presentes.
La misa de cuerpo presente fue a las 10.30 am en la iglesia San Antonio de Padua, oficiada por el sacerdote español Jesús Rivera, quien en la homilía compartió palabras de aliento a los familiares de la difunta: “Martha se fue rumbo a Estados Unidos buscando una vida mejor, pero Dios no lo quiso así.
Ahora, ella está en una mejor vida en la eternidad y Dios la tiene en su gloria y está muy cerca de él”, finalizó Rivera.
La madre, los hijos y hermanos de Martha se sentaron en las primeras bancas del templo para estar cerca de ella los últimos minutos.
Los restos de Martha fueron cargados por familiares y amigos en el cementerio general de Tela, Atlántida.
Al llegar hasta el lugar, sus parientes dieron el último adiós a una mujer que nunca olvidarán y que murió mientras iba en busca de un sueño.
Con la entonación de los himnos: “Más allá del sol” y “Cuán grande es él”, los asistentes elevaron oraciones a Dios para rogar por su descanso y que la resignación llegue a sus familiares.
Teresa, una de las hermanas que reside en California, llamó también para despedirse.
Los parientes sí lamentaron la ausencia de Julia, la menor de los cuatro hijos de Martha, quien no la veía desde hace cinco años y que esta vez tampoco pudo decirle adiós.
Martha y su amor por la costura
Martha Méndez trabajaba como costurera en una factoría en Los Ángeles, California, pues su pasión era coser desde que tenía corta edad.
Para Julio y Vanessa, dos de sus hijos, será difícil acostumbrarse a no tener una madre, pues era padre y madre a la vez.
Recuerdan que ella les enviaba dinero para alimentos y ropa. Ambos hermanos trabajan.
Rosario, que está en California, Estados Unidos, dijo que ayudaría a sus hermanos en San Pedro Sula en todo lo que fuese posible, pues su idea es trabajar para brindarles lo mejor.
Reina Castro, madre de la infortunada, recordó las inolvidables vivencias junto a su hija.