Negativa de menor a seguir en pandilla provocó la reyerta

Cuatro infractores murieron tras un enfrentamiento en el centro Renaciendo.La endeble seguridad no pudo detener a los casi 200 menores que se agredían hasta con arma blanca.

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Familiares lloran sobre el féretro de Harrison Arambú al momento que era retirado de la morgue.
Familiares lloran sobre el féretro de Harrison Arambú al momento que era retirado de la morgue.

TEGUCIGALPA.

Tras la muerte de cuatro jóvenes en el Centro de Menores Infractores Renaciendo, en Támara, se redobló la vigilancia por parte de la Fuerza de Seguridad Interinstitucional Nacional (Fusina).

Omar Rivera, dirigente de la sociedad civil, dijo ante lo ocurrido que “deben tomarse medidas extraordinarias, debe imponerse la autoridad, mejorar las condiciones físicas de las instalaciones y elevar la calidad de atención” .

Aseguró que la situación de las correccionales en donde se da tratamiento a la niñez y juventud en conflicto con la ley obliga a tomar medidas de emergencia para recuperar la gobernabilidad de los centros de internamiento.

Riña

El traslado de un menor del módulo número uno -donde están internos los infractores simpatizantes de la pandilla 18- al recinto número dos fue la causa de la reyerta mortal.

La acción del traslado coincidió con la hora de recreación de los 92 menores de la 18, recluidos en tres contenedores, acondicionados como celdas denominadas módulo uno. El hecho de que el adolescente infractor renunciara a pertenecer a la pandilla 18 o se “peseteara”, como en su argot lo suelen llamar, y solicitara el cambio de celda, despertó la ira de los demás internos. En ese momento se formó una avalancha humana, derribando la malla del muro perimetral que los separaba de los otros recintos, con la intención de darle una golpiza al “peseteado”.

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Varios infractores fueron recapturados.

Sangrienta riña

Al ver lo que estaba pasando, los más de 80 adolescentes internos en el módulo dos (donde están los que han renunciado a las maras) y tres (donde están recluidos los llamados “cristianos” por no estar asociados a pandillas), empezaron una violenta batalla.

La brutalidad al extremo se desató sin que nadie pudiera detener a los casi 200 jóvenes que se enfrentaban a puñetazos, patadas y algunos utilizando armas cortopunzantes, elaboradas por ellos.

Sépalo
Después de varias horas de andar siguiéndolos por los predios cercanos a Renaciendo, agentes policiales recapturaron a 17 de los adolescentes que se fugaron del centro, aprovechando el momento de la reyerta.

La endeble seguridad de Renaciendo no podía detener a tantos muchachos enardecidos, quienes lanzaban golpes a diestra y siniestra, derivado también de rivalidades entre la pandilla 18 y miembros de la banda de Los Chirizos, internos en el módulo dos.Durante una media hora, entre las 4:00 y las 4:30 pm del miércoles, el enfrentamiento no se detuvo hasta que agentes policiales y militares que estaban en el segundo anillo de seguridad entraron al centro.

Cinco de los heridos fueron trasladados al Hospital Escuela, pero dos de ellos perecieron antes de ser ingresados a la sala de emergencias, en la paila de un vehículo de Renaciendo. Los otros tres aún permanecen internos. Dos más murieron dentro de ese reformatorio.

Las cuatro víctimas

Los fallecidos fueron identificados como Harrison Fabricio Arambú Baquis, José Manuel Gonzales Ramos, Jonathan Rolando Lagos Padilla, todos de 16 años, y Bredi Alexander Villanueva Alvarado (de 14).

Doña Paula Alvarado, madre de Bredi, contó que “iba a cumplir cuatro meses de estar ahí; él estuvo en la escuela y no terminó sexto grado, como yo trabajaba todo el día, no sabía lo que andaba haciendo”.

Harrison tenía tres meses de estar recluido, vivía en la colonia Divanna y fue arrestado por el delito de extorsión.

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Fotografías en vida de Harrison Fabricio Araujo, José Manuel González, Bredis Alexander Villarreal Alvarado y Jonathan Rolando Lagos Padilla
La Prensa