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Doctor caminó seis horas por montaña para huir de raptores

El pediatra fue privado de su libertad el martes cuando llegó a su hacienda El Capulín, en Trinidad, Santa Bárbara

 Ayer regresó a su casa después de estar cautivo 36 horas
Ayer regresó a su casa después de estar cautivo 36 horas

Santa Bárbara, Honduras.

“Disculpen, disculpen, tengo sed, regálenme agua”, esas eran las palabras que con desesperación repetía a la una de la madrugada de ayer el doctor Roberto Mancía Herrera después haber caminado seis horas por montañas huyendo de sus secuestradores.

El pediatra relató a las primeras personas que lo auxiliaron en la aldea La Huerta que logró huir a eso de las 7.00 pm del miércoles de una casa en una montaña, adonde lo mantenían privado de su libertad.

Mancía Herrera, durante las 36 horas que estuvo cautivo, aprovechó a platicar con el hombre que lo cuidaba e incluso hubo un momento en que ambos se pusieron a orar. Durante los dos días que estuvo con uno de los secuestradores aguantó hambre y sed, según relató la víctima.

La noche del miércoles, el hombre que cuidaba al doctor Mancía le dijo que iría a traer agua, porque la que tenían estaba mala.

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Minutos después de que el secuestrador salió, el médico aprovechó para huir. “Caminé y caminé por las montañas con la esperanza en Dios de llegar a algún lugar y pedir ayuda”, dijo la víctima. Después de seis horas de caminar apoyándose con un palo, el doctor Roberto Mancía (de 74 años) logró llegar a la aldea La Huerta, a unos diez minutos de Trinidad, Santa Bárbara. Roberto Mancía, ya casi sin poder respirar, se paró en una quebrada en busca de agua, pero estaba seca y luego tocó los portones de varias casas, pero nadie salió a auxiliarlo.

En su desesperación, el doctor se metió en una vivienda que no tenía cerco, se sentó en una banca en un pequeño corredor.

“Escuché ruidos, el señor le pagaba a la banca con el palo que andaba en la mano y decía: ‘Disculpen, disculpen, tengo sed regálenme agua’, recordó la dueña de la casa a la que llegó el doctor a pedir ayuda. Recalcó que era la una de la madrugada. “No queríamos abrir la puerta de la casa, porque no sabíamos quién era, pero mi nieto vio por una hendidura que era una persona de edad avanzada”, dijo la señora. “Al salir nos suplicó un vaso de agua y se bebió un bote grande, se notaba cansado, sus manos temblaban y apenas podía hablar”, relató la buena samaritana. “Cuando ya estaba mejor nos contó que lo habían tenido unos hombres y que hasta zacate había comido y que logró escapar”, expresó. Luego el doctor Mancía les pidió que le prestaran un celular, llamó a su esposa, pero no contestó y luego a su hijo con quien habló para que lo fuera a traer. A los pocos minutos, el hijo llegó a la aldea y el doctor fue llevado al carro por uno de los miembros de la familia que lo ayudó.

El secuestro.

Los secuestradores desde la madrugada del 17 de septiembre se introdujeron en la hacienda El Capulín en la calle que conduce a Concepción del Norte, adonde sometieron a dos de los trabajadores del doctor, los amarraron y los metieron en un cuarto.

A las 6:00 am cuando Mancía llegó como todos los días a recoger la leche de su hacienda, tres sujetos lo interceptaron y se lo llevaron en su carro, el cual dejaron abandonado unos diez kilómetros adelante.

El subcomisionado Raúl Mejía Erazo, jefe de la Policía en Santa Bárbara, expresó que desde ese momento cerraron con operativos todas las salidas. “Sabíamos que a la persona la tenían en la zona”, dijo Mejía, quien indicó que pidió apoyo con equipos antisecuestros y elementos de la unidad policial Tigres, y el miércoles en la tarde detuvieron a una persona que llevaba alimentos para la montaña y eso hizo presión para que liberaran al doctor Mancía. “No es una banda de secuestradores, son delincuentes comunes que se quisieron aprovechar. Los vamos a capturar pronto”, afirmó el oficial.

Encuentro.

“Me pude abrazar con mi hermano ayer en la madrugada, estábamos desesperados, muchos amigos se nos unieron”, dijo el exalcalde Francisco Mancía. Señaló que su hermano desde el lugar adonde estaba cautivo dijo que miraba la aldea Concordia, de Concepción del Norte, por lo que agarró valor y caminó bastante. El doctor después de estar con su familia fue trasladado a una clínica de San Pedro Sula y según sus parientes siempre vivirá en Trinidad, pues es la tierra que quieren.