18/04/2026
09:47 AM

Restauran el retablo del Señor de Salamé en Comayagua

La estructura de 11 metros y el púlpito de la Catedral se restauran con el Fondo de los Embajadores.

    Casi en el anonimato, en uno de los espacios del Museo de Antropología de Comayagua, Aurora Caballero, Lilian Mazariegos y Elizabeth Caballero trabajan minuciosamente en la restauración del retablo del Señor de Salamé (principio de siglo XVIII), uno de los cuatro que se aprecian al interior de la Catedral.

    Esta estructura de 11 metros de altura ha sido desmantelada para someterla a trabajos de restauración y consolidación. El retablo, donde sobresale la expresiva imagen de la Dolorosa y la de un Cristo crucificado, es uno de los tesoros de arte religioso heredado de la época colonial por la excapital de Honduras.

    La consolidación del retablo comenzó el año pasado, gracias al Fondo de los Embajadores para la Preservación Cultural. Comayagua ganó ese premio internacional cuando el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) presentó el proyecto. Honduras se impuso ante 172 propuestas de varios países que concursaron por el premio dotado de 41 mil dólares.

    Trabajo minucioso

    “En 2007, el doctor Marco Zapata, en ese entonces director del Comité Cultural Comayagüense, estaba más interesado en una pintura, luego se vio que todo el retablo necesitaba intervenirse. Pero se ocupaban fondos para esa obra, entonces se optó por participar en el Fondo de los Embajadores y felizmente el proyecto ganó”, dice Aurora Caballero, coordinadora del proyecto de restauración.

    En la primera etapa se desmontaron todas las piezas en riesgo del retablo: “Se quitó el polvo, se recolectaron las piezas sueltas, se limpió la madera sin preparar y aplicamos desinsectante preventivo”, agrega Aurora.

    Después se afianzó la estructura al muro porque el retablo presentaba desplome. Aurora menciona que entre los problemas encontrados están las “reparaciones empíricas como piezas reparadas con clavo o chorretes limpiados de mala forma. También encontramos tachuelas, grapas, cinta adhesiva, entre otras materias extrañas”.

    El proyecto, que incluye el púlpito, está en etapa de reintegración y la coordinadora considera que en junio se completará. “En todo arte, sea pintura, escultura o dibujo, la limpieza es lo más delicado porque puede llevarse la patina o limpiar con una sustancia muy agresiva y dañar la pieza. Lo más importante es amigar la consolidación y la limpieza”, añade Caballero.

    Además del Fondo de los Embajadores, el proyecto cuenta con una contraparte del IHAH y la colaboración de Fundación Comayagua Colonial que presta los andamios a la Iglesia. “Son casi 14 meses de andamios, que permite un ahorro considerable de dinero”, explica Aurora.

    Para evangelizar

    Este retablo está conformado por ocho pinturas en lienzo sobre tabla y dos esculturas talladas en madera: la Dolorosa y un Cristo moreno. La primera ha sido sometida a un trabajo más de conservación y la imagen del Cristo (elaborado por Andrés de Ocampo en 1620) ha necesitado reintegración de volumen en la parte del paño y un dedo.

    El retablo del Señor de Salamé se construyó con cedro, caoba y roble y las tablas donde descansan las ocho pinturas se fabricaron con una herramienta llamada azuela.

    Los retablos se fabricaron para evangelizar: “Las personas no sabían leer ni escribir. La cultura entrante chocó contra la precolombina y para formar a los nativos en el cristianismo y para explicarles la Biblia o los santos se usaron los retablos”, aclara la experta.

    El retablo del Señor de Salamé cuenta la historia de todo lo que Cristo sufrió, desde que lo apresan hasta cuando lo crucificaron; el retablo remata con un cuadro llamado el Desprendimiento. Es como un gran libro que evangeliza a través de imágenes. “La pintura religiosa tiene mucho expresionismo que transmite dolor, a veces enternece y otras veces provoca el llanto, y ese es el fin del arte religioso”, puntualiza Aurora Caballero.

    Museo de Arte Religioso listo para su inauguración

    Tras tras casi cuatro años del incendio que consumió el Palacio Episcopal de Comayagua, el Museo de Arte Colonial, que funciona dentro del edificio, está casi listo para abrir de nuevo.

    La noche del miércoles 15 de abril de 2009 las llamas consumieron algunos tesoros coloniales guardados en el museo. Con la colaboración de instituciones y particulares de todo el país, a un costo de 18 millones de lempiras, el Palacio Episcopal luce todo su esplendor.“Ya el montaje se hizo en su totalidad. Se ha seguido un guión histórico y se han aplicado técnicas de museografía para montar la exhibición de las piezas”, dice Miriam Zapata, representante regional del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH).

    La funcionaria explica que algunas piezas no estarán en exhibición “porque necesitan ser sometidas a un proceso de restauración pues fueron afectadas por el incendio”.

    El Museo de Arte Religioso ahora tiene tres salas más y siempre ha quedado organizado en pintura, escultura y platería, aunque estructurado por siglos.

    En el montaje participó personal del IHAH y colaboraron algunos miembros del Comité Cultural Comayagüense.

    Este museo está ubicado frente a la Plaza Central, dentro del Palacio Episcopal, donde funcionó la antigua universidad de Honduras que en sus inicios fue el colegio seminario San Agustín donde se impartía latín, gramática y teología.

    La construcción original de este edificio la terminó el obispo Fray Guadalupe López y Portillo en 1737.