19/04/2026
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Cuentos y Leyendas de Honduras: El viejo teléfono

Don Agapito Almendárez era un coleccionista que viajaba por el interior del país en busca de antigüedades y de cosas curiosas del pasado.

    Don Agapito Almendárez fue un conocido coleccionista de antigüedades que vivió en una bonita casa en la carretera que de la capital conduce a Valle de Ángeles una de las comunidades turísticas más visitadas en nuestro país por lo fresco de su clima, sus casas típicas, sus comidas y sobre todo por su artesanía, pero a don Agapito no le interesaban esas cosas el viajaba por el interior del país en busca de antigüedades y de cosas curiosas del pasado.

    Dos de sus hijos Rodimiro y José Augusto viajaban con él conociendo pueblos y muchachas bonitas. Mire que belleza de plancha papá, dijo Rodimiro mostrando una plancha antigua de carbón, aun conserva el gallito de colores que les ponían a estas planchas de carbón para cerrarlas.

    Así es, contestó el viejo es una reliquia, con esas planchas la ropa queda lista, se les echaba el carbón y se soplaba con un cartón para que la brasas se encendieran y la plancha quedaracaliente, ponían un trapo húmedo donde limpiaban y enfriaban la plancha, era toda una ceremonia, esta otra plancha es de metal, estas se ponían frente al fogón para que se calentaran y luego se procedía a planchar la ropa, los cuellos y las mangas de las camisas se planchaban con almidón jejejeje que tiempos aquellos ¡¡¡ jodido!!! Así se la pasaban padre e hijo viajando de un lugar a otro en busca de objetos y cosas antiguas, cuentan que un día llegaron a una pequeña aldea del departamento de Olancho vivía ahí un personaje muy visitado experto en ayudar a las personas que eran mordidas por culebras venenosas, se llamaba Joaquín y todos lo conocían como Don Quincho.

    Pronto se hizo amigo de Agapito y de sus dos hijos a los que les contaba historias de personas que le llevaban casi a punto de morir y que él salvaba con sus antídotos para la mordedura de serpientes.

    Cuando platicaba con Agapito sobre las antigüedades y cosas que a él le gustaban, don Quincho le dijo: Sabe don Agapito, yo conozco a una señora que guarda un viejo teléfono ahí lo tiene en la cocina, en un rincón, ella me hace la broma de lo que tiene en ese lugar por si un día la llama el presidente de Honduras ¡jajajaja Los dos señores rieron a carcajadas de las ocurrencias de doña Domitilia que así se llamaba la dueña del teléfono.

    Hombre dijo, Agapito y por que no vamos a visitar a doña Domitila? Tal vez me vende ese teléfono a lo mejor ya la llamó el presidente ¡jejejeje! Don Agapito, sus dos hijos y don Quincho fueron a la casa de la mencionada señora, la saludaron cortésmente y se presentaron... ahh dijo la doña usted es el que anda comprando papadas viejas..? y por qué no me compra a mí ¡jua jua jua jua..! aquella era una señora muy alegre, con mucho gusto sacó el teléfono que tenía abandonado en una esquina de la cocina, estaba sucio y era de puro metal.

    Este chunche se le cayó a un carro de unos gringos que pasaron por la vieja carretera, en la brincadera del carro no se fijaron que el tal teléfono se les había caído, ese día venía de recoger unos elotes y lo recogí, desde entonces lo puse en ese rincón por si se les ofrecía a los gringos venir a buscarlo, como jamás aparecieron por aquí yo le digo a la gente que fue que me lo mandaron de los

    “Yunai”, por si me llama el presidente ¡jua, jua, jua, jua..! ¡aaahh! y no me digan nada solo le voy a preguntar cuánto me da por él... Don Agapito sonrió, y le dijo... ponga usted el precio, la señora se rascó la cabeza y le dijo... que le parece si me da diez lempiras por el..? El viejo también se rascó la cabeza y le manifestó... Agarre estos cien lempiras, es mi voluntad porque usted es una persona alegre y muy simpática que ya cuento entre mis amistades, los muchachos y don Quincho aplaudieron y se despidieron de doña Domitila.

    Siempre que iban a Olancho no dejaban de visitar a don Quincho y a la doña, dígame don Agapito y no lo ha llamado el presidente por teléfono ¡jua jua jua jua! para una semana santa padre e hijos se trasladaron a las playas de Cedeño en la zona sur de Honduras donde pasarían sus vacaciones.

    Una tarde cuando estaban bañándose en el mar una fuerte ola se llevó mar adentro a don Agapito, sus hijos nadaron furiosamente tratando de rescatarlo pero fue imposible, don Agapito desapareció en las turbulentas aguas del mar. Tres días después encontraron su cadáver flotando en la orilla de la playa.

    El viejo teléfono había sido restaurado por don Agapito, lo había instalado sobre la mesa del comedor causando una agradable impresión, los hijos siempre miraban con tristeza el teléfono que desconectado permanecía sobre la mesa, y una noche el hijo menor José Augusto se quedó dormido en un sofá de la sala principal su hermano Rodimiro se fue a su habitación y estaba dormido.

    A las once de la noche aquel teléfono antiguo, desconectado que estaba sobre la mesa comenzó a sonar, entre dormido y despierto José Augusto contestó, Aló... ¿quién llama a estas horas?... Alo... contestó una voz cavernosa, no te asustes Josecito, soy tu papá, debajo de mi cama hay una caja que lo tiene todo... regresa a dormir. El muchacho regresó al sofá y se quedó dormido.

    Al día siguiente buscó debajo de la cama del papá, ahí estaban las cuentas de banco, un testamento y las llaves de un viejo cofre donde él guardaba el dinero, su hermano no podía creer como había funcionado aquel antiguo teléfono al final se convenció que solo mediante un hecho sobrenatural su papá se había comunicado con su hermano.