Muchas veces las tragedias son el final para muchos seres humanos. Para otros, son oportunidades para ser mejores en la vida o retos a vencer y ser ejemplo de superación para el mundo.
Son cuatro mujeres excepcionales. Historias dignas de contar. Cuatro damas que con su testimonio reflejan que la inquebrantable convicción en Dios lo puede todo y por ello, en el venidero Día de la Mujer, Vivir en Rosa les cuenta lecciones de vida de mujeres que irradian fe.
Donnamae Gómez sufre de cáncer. Está en una fase crucial en su vida y cada instante que pasa en su existencia, es una verdadera proeza porque no se ha echado a llorar y sigue luchando contra este terrible mal que para muchos significa una condena de muerte, pero para ella, sólo representa la prueba que Cristo decidió que enfrentara y venciera como toda una heroína.
María Elena Micheletti es una madre que perdió a uno de sus hijos por la delincuencia que abate a Honduras. Han pasado casi seis años y aún llora, como si fuese ayer, a su amado Walter, un ser que jamás volverá a abrazarla con cariño porque la muerte violenta se lo llevó para siempre. Pero esto no la ha hecho desistir de ser un ejemplo para otras mujeres y a través del grupo Solidaridad, ayuda en todo aspecto a madres que han perdido a un hijo o hija en diferentes circunstancias.
Grethel Bahr fue víctima de secuestro. Pese a ello, sonríe, conversa, es alegre y ha demostrado que nada le quitará su esencia. Ahora es una ejecutiva de una empresa y cada día que pasa, no deja de darle gracias a Dios por lo maravilloso e increíble que es.
Para culminar, Carolina Verdial, una mujer inspiradora, fascinante, que inyecta entusiasmo por la vida y que nada ni nadie la ha detenido para lograr el éxito en todos los campos de la vida. Un accidente la dejó parapléjica de por vida y le arrebató la vida de sus dos hijas pequeñas, pero no se dejó vencer y tiene miles de talentos, pero el principal es predicar la palabra de Cristo, atraer más almas a su reino y ser un ejemplo de superación que da aliento.
Carolina Verdial
Es una heroína de la vida porque venció el infortunio con optimismo, entereza y convicción en Dios. Un accidente la dejó parapléjica con una lesión medular a nivel de la T7.
“Medicamente no hay solución pero mi confianza está en el Señor Jesús que es mi sanador”. Para ella, a raíz del accidente, la vida le cambió en todo sentido.
“Decía el escritor estadounidense Henry David Thoreau: si un hombre no marcha al mismo paso que sus compañeros es porque oye un tambor diferente. De la noche a la mañana lo estábamos escuchando y era admitir que muchas cosas habían cambiado y decidimos trabajar contra todo pronóstico, contra toda circunstancia oscura y adversa. Habría que ser muy valiente y acoplarse a una nueva manera de vivir y sólo se logra con mucho coraje, trabajo, una tonelada de fe en Dios y un inmenso amor por la familia”, afirma. Pero el terrible accidente no sólo la dejó inválida. En él murieron sus dos hijas pequeñas y su madre “y esto ha sido la parte más difícil, superar su ausencia. Me he aferrado a Dios y él ha llenado el vacío que dejaron en mi corazón mis hijas”.
La inspiración en la vida de Carolina han sido su esposo y el amor que le da día a día, su ayuda, su presencia y por supuesto, sus otras hijas que sólo verlas sonreír y escucharlas correr por la casa le daban fuerza y fe para poder salir de ese túnel que era como un tornado en su vida.
“Cuando sufrí esto, mis hijas estaban pequeñas y sabía que tenía que estar ahí para ellas. No podía echarme a morir y vivir una vida en depresión, necesitaban una mamá y he tratado de seguir siéndolo y cuando ahora veo lo que ellas son, me doy cuenta que ha valido la pena”.
Todo esto ha pasado por algo y por ello, Carolina ayuda a otras mujeres con su ejemplo de entereza. No se ha quedado encerrada en su casa esperando que la vida pase. Se describe como una mujer activa, independiente, atiende su hogar, hace sus terapias, se ejercita en piscina, le ayuda a su esposo en su negocio, es la presidenta del área Aglow con el cual viaja a dar conferencias internacionales y asiste a convenciones, coordina un grupo de mujeres de la iglesia a la cual asiste y hasta imparte estudio bíblico semanal a un grupo familiar.
Carolina tiene mucho que enseñarle a mujeres que se dan por vencidas con pequeñeces. Visita cada semana la escuela para ciegos Luis Braille llevando la palabra de Dios, se ha dedicado a estudiar diseño de interiores, teología, diseño gráfico, pintura al óleo, manualidades y viaja con frecuencia a visitar a sus hijas al exterior donde estudian.
Desde que pertenece a la red internacional de mujeres Aglow, realiza labor altruista en orfanatos, asilos, hospitales, escuela para ciegos y promueve eventos evangelísticos y de capacitación, con el fin de atraer las personas a Cristo y ayudar a la restauración integral de la mujer. “Dios me ha dado una segunda oportunidad. Estuve a punto de morir en aquel accidente y sin embargo, quedé con vida y con una familia”.
Grethel Bähr
Fue secuestrada por 28 días. Nunca olvidará ese 21 de julio de 2001. “Fue una dura experiencia y mi reto al regresar a casa fue ser una mujer de mucho valor para volver a vivir mi vida de manera normal”.
Ahora es una mujer más fuerte y lleva una vida normal. “Lo he logrado gracias a Dios y a mi familia. Ellos han sido el principal apoyo. Me dieron la capacidad de superar estos momentos difíciles y a ver las cosas de manera positiva”, afirma. Grethel tiene algo muy claro y es que el secuestro la obligó a encontrar un tesoro de meditación y de introspección en el cual ganó mucha intimidad con Dios “en la cual aprendí a perdonar y a pedir a Dios por la paz de mi ciudad”. Aunque han pasado diez años desde esa terrible experiencia, las secuelas las ha enfrentado con la oración que ha sido el arma más fuerte para tener estabilidad. “He entendido que Dios quiere que sea feliz“. Lo más duro fue saber que su familia estaba sufriendo y el desconocer cuánto tiempo duraría su cautiverio y después del secuestro, recuperar la seguridad y el medio que la invadió por un largo tiempo. “Durante el secuestro descubrí lo especial que era escuchar el canto de los pájaros. La mayoría estamos abocados a enfrentarnos a muchos retos por los problemas sociales.
La vida es bella, hay que saber aprovechar cada momento, compartir con la familia y a abrazar y decir te quiero más de la cuenta”. Para Grethel, si estás con Dios puedes ser feliz en cualquier circunstancia, porque nunca estás sola, destaca.
María Elena Micheletti
La delincuencia que azota a Honduras le arrebató a esta dama a uno de sus seres más preciados: su hijo Walter.
Una fatídica noche del 27 de agosto de 2006 en la calmada ciudad de El Progreso, las balas acabaron con la humanidad del ser que esta mujer procreó y que llora día a día sin que hasta el momento exista un culpable del crimen.
La vida cambió para siempre y ya nada ha sido igual para la dama que fundó el hogar de niños Amor y Vida, donde muchos ángeles ven en ella a una verdadera madre, porque son niños huérfanos que están infectados con el terrible mal del vih sida.
Las lágrimas, la impotencia y hasta un recuerdo desgarrador se reflejan en el rostro de María Elena, quien se ha refugiado en el seno de sus hijos William y Wendy, sus nietos y por supuesto, unas amigas que ha cultivado gracias al grupo Solidaridad, un gremio de madres que en su corazón no sólo tienen amor, sino que llevan la profunda pena de haber perdido a un hijo.
“Junto a un grupo de mujeres que sufren por la muerte de sus hijos, decidimos fundar Solidaridad y así apoyar moral, psicológica y emocionalmente a madres que han perdido y están perdiendo sus hijos, ya sea por enfermedades o por la terrible delincuencia que tiene en total sufrimiento a todo este país”, destaca.
A través de este grupo que realiza actividades y convivios para inyectarle entusiasmo a la vida, María Elena ha visto una hermandad que le ha servido no sólo para llorar y desahogar su impotencia ante la muerte de un ser que nunca olvida, sino para enseñar a otras madres a seguir adelante confiando en que Dios algún día cambiará la triste realidad de un país que merece mejor futuro.
Una vez a la semana, su residencia se colma de madres que han perdido sus hijos e hijas. Cada día que pasa en Honduras y principalmente en San Pedro Sula, más mujeres se suman a Solidaridad, porque la delincuencia no da tregua a la vida de muchos que deberían estar alegrando los corazones de estas madres tan sufridas. María Elena por ello ahora dedica su vida a servir a las que necesitan consuelo.
Donnamae Gómez
Hace cinco años el terrible mal del cáncer de mama llegó a su vida y hasta el día de hoy, cada minuto que pasa es una inclaudicable lucha por vivir y ser ejemplo para otras mujeres. Conversar con Donnamae es una inyección de fe y esperanza al alma.
Habla con la convicción de que el mañana será mejor y que el presente, sólo es una tormenta que pasará pronto. “Pienso que lo principal es el positivismo y que éste siga intacto y esto es lo que ha hecho que siga viviendo”, afirma.
Tras someterse a una cirugía donde perdió para siempre sus senos, más no la fe, esta ejemplar mujer volvió a enfrentarse a otra cruel realidad. Tras años de lucha, en 2011 viajó a Estados Unidos y una vez más su batalla comenzó: fue diagnosticada con una metástasis en los pulmones, en la vértebra séptima, parte del hígado y del abdomen.
“En ese instante sentí que el mundo se venía abajo pero pese a la adversidad me dije que tendría que seguir luchando y seguir ganando la batalla. Porque no intentarlo de nuevo si sé que Dios me ha de sanar y él ha estado siempre conmigo porque para lo que al hombre es imposible para Dios no lo es”, afirma.
Justo mientras conversaba con Vivir en Rosa, Donnamae nos mostraba su cabeza calva, sus laceraciones en los brazos, secuela de las dolorosas radiaciones y por si fuera poco, la sonda instalada en el estómago por la cual se alimenta.
“Yo ayudo a otras mujeres dándoles aliento y diciéndoles que tengan fe, que sean positivas y agradecidas por cada día que el Creador nos puede dar. Muchas veces, el seguir peleando contra el cáncer es la única esperanza que me mantiene viva”.
Esta enfermedad le ha dado la experiencia de saber perdonar y estar en paz con todos los que la rodean. Ahora, justo cuando está a punto de someterse a su última radiación, su filosofía es vivir cada momento, tener una relación más estrecha con Jehová y compartir con su esposo Allan, sus hijos Allan y Nicole, su madre Pacita Hepburn y con sus hermanos.