Bienvenido y Juan eran amigos desde niños, crecieron, se casaron y siguieron conservando su amistad relacionándose siempre las dos familias, juntos consiguieron una gran extensión de tierras para sembrar maíz y frijoles, entre ellos.
De vez en cuando se reunían las dos familias y disfrutaban de buena comida: carne asada, aguacates y ensalada, sin faltar las tortillas de maíz tostaditas en el comal y los deliciosos frijoles parados con un chorrito de jugo de limón.
En una de esas ocasiones Bienvenido le dijo a Juan. Mirá Juan y ¿que va a pasar cuando alguno de nosotros se muera? Juan le respondió. Pues muy sencillo, el que quede vivo que vele por las dos familias, además todos cooperamos en la siembra y en la cosecha, así que ¿cuál es el problema? Hombre sí, dijo el amigo, esa es una buena pensada; bueno, pero para qué hablar de la muerte si estamos vivitos. Un día domingo mataron una res por el éxito de la cosecha de maíz, invitaron a sus amigos, siendo las dos familias excelentes anfitrionas. Al pasar las horas y bajo el calor de los tragos Juan levantó sus manos para que todos guardaran silencio. Compañeros, dijo: Estamos muy satisfechos del resultado de las cosechas para todos los que aquí estamos, es por eso que con mi amigo, hermano y compañero, me refiero a Bienvenido, delante de todos vamos a hacer un pacto. El día que yo muera voy a venir por él, y si él muere primero vendrá a buscarme para llevarme al más allá, ¿qué les parece? Los invitados se rieron de aquella ocurrencia y aplaudieron a los dos amigos, quizás para muchos fue una broma, pero para Bienvenido y Juan era algo muy serio y delicado.
Al terminar la fiesta Bienvenido, su amigo Juan y ambas esposas se reunieron para planificar la próxima siembra, compra de abonos, insumos etc. Sobeida, esposa de Juan, con una agradable sonrisa les dijo: Ustedes son un par de locos, esa broma de que si uno se muere va a regresar por el otro nos hizo reír a todos, mi papá dijo que la buena cosecha los había puesto torofuegos jajajajaja... Marta, la esposa de Bienvenido, también opinó. Cuando se les pasan los tragos hablan brutadas hasta por los codos, ¿dónde han visto ustedes que un muerto regresa por un vivo?, jajajajajaja. Todos se rieron alrededor de una mesa mientras servían vasos de refresco. Juan, que todavía estaba afectado por los tragos manifestó. Bueno ya no estoy bolo, pero cuando mi amigo y yo hacemos una promesa la cumplimos. Bienvenido se levantó de su silla y comentó, esa es una gran verdad, todo lo hemos compartido con Juan y cada cosa que prometemos la cumplimos, así es que no estamos bromeando.
Llegó el día de la siembra, los trabajadores contentos asistieron temprano a sus labores, vieron subir a la montaña a unos cazadores de venados que llegaban cada temporada, los saludaron y siguieron su camino. Bienvenido y Juan fueron los primeros en llegar para repartir las semillas, los bueyes ya habían arado aquellas fértiles tierras. Los dos amigos se sentaron a descansar después de la larga y dura faena, muy cerca se escuchaban los gritos de los “shanes” u ojeadores de venados, los perros ladraban al haber olfateado a su presa. Allá va -gritó alguien-, ¡no lo dejen escapar! Se escucharon los disparos de rifles y de escopetas.
Bienvenido soltó la taza donde tomaba café y cayó fulminado por una bala perdida, Juan pidió la ayuda de los trabajadores y de inmediato hicieron una improvisada camilla para bajar al herido de la montaña. Al llegar al pueblo casi todos sus habitantes que habían sido alertados de lo sucedido estaban ahí, pero cuando los hombres llegaron con el herido se dieron cuenta que había fallecido en el camino. La consternación fue general, los cazadores fueron detenidos para la investigación y se produjo una conmoción general por lo sucedido, de las aldeas y caseríos circunvecinos llegaron decenas de campesinos para asistir al entierro de aquel buen hombre que les dejó un ejemplo de amistad y de trabajo.
Dicen que el tiempo cura las heridas, aquella comunidad había vuelto a la normalidad, Juan trabajaba con los hijos de su finado amigo y todo estaba casi como en el pasado.
Cuentan que una noche, casi de madrugada, tocaron a la puerta de la casa de Juan, doña Sobeida se levantó para ver quién tocaba. Qué raro que vengan a esta hora, Juan despertate que alguien te busca. Juan se levantó y fue hasta la puerta, alguien seguía tocando. ¿Quién? preguntó Juan... ¿quién toca? Horrorizado, escuchó la voz de Bienvenido. Juan, estoy cumpliendo nuestro pacto, vengo por vos. Juan abrió la puerta con sus temblorosas manos, en ese momento se produjo una luz cegadora, Sobeida gritó y se desmayó.
¡Vino por él!, gritaba la mujer, ¡vino por él! La noticia del regreso de Bienvenido se regó como la pólvora, ya nadie se burló de Juan y de Bienvenido, como lo hacían al recordar la fiesta de la cosecha. ¿Pero y Juan? Según cuentan, jamás se encontró su cadáver, se le buscó por cerros y montañas, los campesinos que trabajaban con los amigos decían haber escuchado que los dos andaban arriando los bueyes, mientras araban la tierra. Extraña historia de una eterna amistad.