En esta temporada es necesario frenar en medio del consumismo y el ajetreo familiar para recordar el verdadero sentido de esta fecha, en la cual Jesús vino a salvar al mundo del pecado.
La mayoría de las personas piensan que la Navidad consiste en comprar ropa, zapatos, comer a más no poder y recibir regalos ostentosos y lamentablemente se ha dejado de alabar la llegada del creador del universo a la Tierra.
Muestra de amor
El padre Saturnino Senis afirma que debemos sentirnos extasiados de cuan importantes somos para Dios, porque hace 2,000 años se hizo hombre y vino a convivir entre nosotros padeciendo el dolor y el sufrimiento de este mundo.
“Estábamos perdidos en el pecado y él tomo esa decisión únicamente por amor dejando su reino en el cielo y esto es lo que debemos festejar y en lugar de ello hemos preferido cambiarlo afanándonos en comprar cosas innecesarias”, explicó el padre.
Además, agregó que es el momento de preguntarse si ha ayudado al prójimo o donado algo suyo realizando un pequeño sacrificio para dar alegría a los que menos tienen, ¿ha reflexionado que en medio de tantos problemas de la vida actual, siempre hay muchos que no tienen nada?, O por lo menos recuerda a los niños que yacen enfermos en hospitales y que quizás nunca tuvieron un juguete o una golosina navideña.
Si no lo ha hecho aún está a tiempo de ayudar a los demás, pues en cualquier fecha se puede revivir el espíritu de la Navidad, el sentido de solidaridad hacia los demás. Abra su corazón a quien necesita su ayuda; y no espere a que se lo pidan para ofrecerla.
Haga un sacrificio para compartir con otros sus cosas, y notará que aunque no le traigan el regalo anhelado se sentirá satisfecho, con el corazón repleto de gozo y disfrutará de una auténtica feliz Navidad.
Historia del Milagro en la tierra
Hace mucho tiempo, Dios mandó al ángel Gabriel a una dulce doncella judía llamada María. Le dijo, “tendrás un hijo y llamarás su nombre Jesús”. Será llamado el hijo del altísimo y reinará para siempre”.
“¿Cómo puede ser esto?”, preguntó la muchacha asombrada. “No he estado con ningún hombre”. El ángel dijo a María que el niño vendría de Dios.
María estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, quien se entristeció por la noticia pensando que ella estaba embarazada de otro hombre.
En un sueño el ángel de Dios dijo a José que este niño era hijo de Dios. José debía ayudar a María a cuidar a Jesús.
José viajó junto a María hacia Belén y quien estaba lista para dar a luz pero José no podía encontrar ningún lugar para quedarse. Todos los mesones estaban llenos.
Por fin encontró un establo, allí nació Jesús. Su madre lo acostó en un pesebre, un lugar donde generalmente se ponía la comida de los animales.
Allí cerca pastores cuidaban sus rebaños. El ángel de Dios se les apareció y les contó la maravillosa noticia y éstos la compartieron con los demás habitantes.
Tiempo después, una estrella especial guió a unos magos de un país del Oriente a Jerusalén.
Al enterarse el rey Herodes de tal acontecimiento en Belén mandó a matar a todos los varones recién nacidos con el fin de encontrar a Jesús.
La estrella guió a los magos al lugar exacto donde se encontraba el Niño Dios, al llegar se arrodillaron en adoración, llevándole regalos preciosos de oro y perfume. Herodes no pudo dañar al hijo de Dios, advertido en su sueño José llevó a María y a Jesús hasta Egipto. Cuando murió Herodes, José trajo a María y a Jesús nuevamente a Egipto, donde vivieron en un pueblito de Nazaret, cerca del mar de Galilea.