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Celebran boda virtual en Honduras

  • Actualizado: 12 enero 2013 /

Familiares de Karen Roa y Daniel López en el extranjero, siguieron la transmisión por Justin TV, Ustream y Skype.

Eran las siete de la noche del 21 de diciembre del 2012, los pocos invitados a la boda civil de Karen Roa y Daniel López, aguardaban sentados en el salón de paredes color salmón; pequeñas velas y pétalos de rosas creaban un ambiente cálido.

En el centro del local instalaron un televisor, que estaba conectado en red a dos computadoras ubicadas en la mesa donde el abogado, un amigo de la pareja, presidiría la boda.

Todo estaba listo. Daniel, de 35, se encargaba de ver que la transmisión vía Internet no presentara ningún error para que los padres de la novia, y el resto de los amigos de la pareja que desde Colombia, Suiza, Italia, Estados Unidos, Canadá, entre otros lugares no se perdieran ni un segundo del enlace.

La novia, de 33 años, es de origen colombiano, y sus padres que residen en ese país no podían venir, al igual que otros parientes y amigos, por eso los enamorados decidieron hacer lo que ellos denominan: “Una boda Virtual”.

Para esta pareja el Internet fue un cómplice que les permitió estar en contacto con sus seres queridos y compartir ese momento especial.

Cuando inició la ceremonia, solo se escuchaba el pin, pin, pin, de los cientos de mensajes que a través del chat sus parientes mandaban.

“Felicidades mis amigos”, “Dios bendiga este nuevo proyecto de vida primo”, son algunas de las demostraciones de cariño que se leían en chat que enlazó a más de 80 personas alrededor del mundo.

En la portátil del lado izquierdo de la mesa central, los padres y hermanos de Karen, que se vistieron y peinaron para la ocasión, como si estuvieran en el hotel donde se llevó acabo el evento, lloraban.

Ellos, desde Colombia siguieron cada paso. Unos minutos antes de que Karen saliera al salón, hablaron con su hija en privado mediante Skype, para aconsejarla y darle la bendición.

Para esta familia las redes sociales, y el Internet han formado parte de su vida cotidiana, ya que Karen lleva más de tres años y medio viviendo en San Pedro Sula.

“Siempre me he comunicado con ellos por Skype, cuando llego a casa y termino de arreglar todo, me siento frente a la computadora y me conecto para charlar con mi familia. Estos últimos días de la boda, le iba contando a mi mamá cómo quedaban los preparativos y pidiéndole consejos”, contó entre lágrimas Karen.

La nostalgia la invadió después de que dio el sí, los amigos que la acompañaron y su suegra, le dieron el abrazo de felicitación, pero ella tuvo que conformarse viendo a través de la pantalla a sus papas, que están a cientos de kilómetros.

A la hora del brindis, todos en el extranjero se prepararon y también alzaron la mano y sonaron las copas desde donde estaban.

Los flechó el messenger

Karen conoció a su esposo en una exposición de diseño, pues ambos son profesionales de esta rama. “Yo estaba ayudando a coordinar la actividad y tenía que estar en comunicación con los expositores, entre ellos él. Luego de un tiempo, decidimos asociarnos e iniciar una empresa de diseño y decoración de interiores y así comenzamos”.

El messenger los flechó, fueron incontables las noches que intercambiaron mensajes, y ahí surgió el amor.

“Nos volvimos adictos uno del otro en el chat, él me pasaba links, y me recomendaba algunas páginas de diseño”, confesó Karen.

Hasta el día de hoy, la padres de ella solo han conocido a su yerno por videocámaras.

“Estábamos trabajando un día en mi casa, y en eso mis papás llamaron, entonces me puse en línea y recuerdo que el pasaba por detrás para que la cámara lo enfocará y pues no me quedó más que presentarlo. Luego nos hicimos novios y por medio de Skype les contamos a mis papás”, dijo entre risas la novia.

Año y medio después resolvieron casarse, pero por inconvenientes económicos y de trabajo, la familia de la joven no pudo viajar.

“Estaba triste porque no vendrían, y bueno yo tenía muchos amigos y familia que tampoco estarían aquí para la boda, y fue por eso que decidimos transmitirla por Internet”, dijo Daniel.

Comenzaron a diseñar juntos la página web, donde pusieron un cronómetro en retroceso, que iba señalando cuando tiempo faltaba para la boda.
“Compramos un dominio, son muy baratos”.

Esta pareja, de diestros con el teclado y el mouse, hicieron las invitaciones y las mandaron por e-mail a sus seres queridos en diversas partes del mundo.
Y fue así como la primera boda virtual se pudo realizar, y terminó al desenchufar las computadoras.