Era el quinto día de estar ingresada en la clínica. El semblante de Bárbara Pineda de Sabillón era mejor que cuando llegó con su cuerpo temblando por la fiebre, ojos llorosos, dolor de cabeza y otros malestares físicos.
Platicaba con su esposo Enrique Sabillón y su hija menor cuando el médico que la atendió le dijo que podía irse a su casa. El peligro había pasado. Se había librado del dengue grave.
El sábado 21 de julio, Bárbara se levantó presa de un intenso cansancio y, con un escalofrío que recorría su cuerpo, tomó dos pastillas que se autorrecetó, un hábito que es muy frecuente entre la gente.
“Tenía un dolor que me atravesaba el ojo derecho y fiebre, yo pensé que era algún virus. Todo el fin de semana me la pasé durmiendo, tomando medicamento y mucho líquido. El lunes amanecí mejor y me fui de compras con mi hija, pero al siguiente día los malestares volvieron, solo que más persistentes”, contó.
El martes, la dama de aspecto robusto y de tez blanca, hizo el desayuno, pero los malestares le impidieron seguir con sus otras actividades: cuidar de su jardín ubicado en su casa en Villas Mackey.
“Cuando mi hija de 20 años, quien estudia en Estados Unidos y está de visita, me vio mal, me obligó junto con mi hermana a buscar atención médica”.
Doña Bárbara creyó que todo se trataba de una indigestión, tenía un dolor de estómago.
En la clínica le hicieron los exámenes y presentó la sintomatología de una persona con dengue; el médico decidió ingresarla.
Más de 2,095 personas han sido atendidas por sospechas de dengue en lo que va del año en San Pedro Sula, sobrepasando la cifra de 2011 que fue de 217.
En el hospital Mario Rivas cada día aumentan los enfermos. Las salas permanecen abarrotadas. Durante el fin de semana pasado ingresaron 20 adultos y cinco niños con el virus.
Doña Bárbara se suma a los casos de dengue que por atenderse en clínicas privadas no son reportados a la Secretaría de Salud y no elevan las estadísticas.
“En el hospital había otros pacientes con los mismos síntomas que yo. El zancudo transmisor del dengue no conoce de clases sociales, le da a todos por igual. Me es difícil creer que un insecto tan pequeño sea capaz de quitarle la vida a alguien”, dijo la dama que relata su experiencia con la idea de que la gente tome conciencia y evite ser parte del recuento de enfermos.
“Soy obsesiva con la limpieza, todos los días mis jardineros cortan el césped y limpian el área verde, peor esto sirve de poco, si los vecinos que están alrededor no lo hacen también, es un esfuerzo en conjunto, no esperemos que hallan muertos, para comenzar a formar parte de la solución”.