En la mañana se hace la limpieza, revisan las luces, la boletería y preparan cada detalle para que en la noche, bajo una carpa azul, se encienda la magia y la diversión.
El trajín inicia a las cinco de la tarde en el circo Chino de Beijing de los hermanos Suárez. Unas 80 personas llegaron del extranjero a la capital industrial para hacer reír a los sampedranos, y olvidar por un par de horas los quehaceres del día.
Los artistas de México, Argentina, Costa Rica, Colombia, República Dominicana, Chile y China llegan de uno a uno a las instalaciones, a diferencia de otros, ellos no viven en el circo, se hospedan en hoteles.
Antes de la función, los vendedores preparan las golosinas en los kioscos.
En el escenario los acróbatas, trapecistas y malabaristas están calentando. La mayoría son de China. “Damas y caballeros, niños y niñas”, es la prueba de sonido.
Los actos se combinan en el escenario. El sonido del saxofón relaja. Es un adolescente interpretando la canción de Camila Aléjate de mí.
A su izquierda, una pareja seduce con los movimientos armoniosos de su cuerpo. Los trapecistas preparan su acto para los próximos minutos.
Los malabaristas con jarrones y platos tiran y atrapan los artículos con una agilidad impresionante.
En medio de los adultos, un pequeño acróbata captura nuestra atención.
“Me gustan los aplausos”, dice. Su español es confuso. Zhang Chun Bin tiene la apariencia de un niño pero es un adolescente de 15 años que viaja por el mundo robando aplausos.
Como Chun Bin, varios adolescentes que forman parte del grupo de artistas cargan sus computadoras y libros para estudiar. Debido a su trabajo en el circo no asisten a clases presenciales en colegios.
El argentino, a quien llaman Gaucho Nenucho, dijo que le encanta trabajar aquí, -en San Pedro Sula- “el público es bien cálido”.
Treinta minutos después ya hay ciudadanos comprando boletos. Unas 50 personas aguardan en la fila en las afueras del circo. Minuto a minuto van sumando más. La capacidad es para 2,500. Al filo de las siete de la noche los espectadores empiezan a buscar sus lugares, los artistas desalojan el escenario.
Luces y acción
A las 7:50 de la noche las luces se apagan. Dos faroles alumbran el escenario. Se anuncia el inicio de un mundo mágico. Antes de disfrutar del primer acto ingresa el más pequeño de los acróbatas portando un rótulo para dar la bienvenida. El público queda perplejo, nadie entiende lo que dice.
De pronto entra el payaso de origen mexicano y en forma de mímica le indica que debe leerlo en español y no en mandarín. Hay risas. El show comienza.
Ya maquillados y vestidos con su atuendo llegan los malabaristas con platos. La gente les regala los primeros aplausos. La armonía y el equilibrio sorprenden. Los malabaristas entran y salen del escenario. Regresa el payaso a interactuar con un público que esta noche se ha portado a la altura. El resultado: las carcajadas siguen las acrobacias, los artistas saltan y dan vueltas en medio de cuatro aros.
El siguiente acto despierta tensión cuando regresan las malabaristas y esta vez, con sus pies, voltean y lanzan jarrones y hasta mesas al aire que luego regresan a ellos.
Los flachazos no se hacen esperar, con cámaras y celulares los espectadores capturan esas increíbles escenas.
El circo da una muestra de mezcla cultural cuando Gaucho Nenucho se roba el show con su las boleadoras. Las risas se apagan en un descanso de minutos.
Al terminar el receso, el momento más esperado de la noche está por comenzar.
Los artistas son los nueve tigres, entre amarillos y blancos, que perfectamente entrenados se sientan en los bancos.
Los felinos se lanzan entre las llamas del aro de fuego sin hacerse ni siquiera un rasguño. El público contiene el aliento. Después de 16 actos, las acrobacias en bicicleta dejan atónitos al público cuando diez personas hacen su espectáculo en una sola.
Una voz como sacada de un comercial se escucha entre el auditorio “aquí está el gran final”. Las estrellas de la noche ocupan el escenario y agitando sus manos le dan el adiós a los presentes que los despide entre merecidos aplausos.
Funciones El circo está en sus últimas funciones. De lunes a viernes el espectáculo
es a las 7:30 pm. Los sábados a las 5:00 y a las 8:00 pm y los domingos a las 2:00, 5:00 y 8:00 pm.
Historia El circo de origen mexicano de los hermanos Suárez lleva 142 años en función. Durante sus cuatro generaciones esta es la quinta ocasión que visitan Honduras.
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