Casas de adobe, la cara vulnerable de Honduras ante sismos: “Nos daba miedo vivir aquí”

Por cada 10 viviendas en Honduras, 3 son de tierra y paja, materiales que no cumplen con las medidas para que resistan a enjambres sísmicos. En Las Lajas, Comayagua, muchas de las viviendas dañadas en 2023 son de adobe

Casas de adobe, la cara vulnerable de Honduras ante sismos: “Nos daba miedo vivir aquí”
  • Actualizado: 20 de julio de 2026 a las 23:00 /
Comayagua, Honduras

Paredes de adobe, techos de teja y ventanas de madera. La casa de don Buenaventura Bueso es como la de otros 819 mil hondureños, aunque también tiene una particularidad: rajaduras que superan los cinco centímetros debido a la vibración del suelo.

Primero fueron grietas, después se hicieron más grandes hasta debilitar la estructura. Ahora la casa está inhabitable, porque “nos daba miedo que nos cayera encima”, dijo don Buenaventura en diálogo con LA PRENSA Premium, que realizaba un recorrido por la zona.

Según la Encuesta de Hogares del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de 2025, por cada 10 casas construidas en Honduras, 6 son de ladrillo, piedra o bloque y 3 de adobe, lo que significa que una buena parte de las viviendas no tienen la infraestructura para soportar sismos de magnitud considerada moderada o destructiva.

La casa de don Buenaventura Bueso es el mayor ejemplo. Los daños empezaron cuando estaba reparando la calle principal de la aldea El Robledal, pero luego se agudizaron con la actividad sísmica registrada en Las Lajas, Comayagua —un municipio de Comayagua donde constantemente se reportan sismos debido a una falla geológica. En 2023 hubo al menos 200 sismos de magnitud leve, muy débil o moderada, es decir, inferiores a 4.9 en la escala de Richter.

“Nosotros sin puerta nos pasamos para allá”, contó, señalando una casa al fondo del frondoso terreno. Dijo que la vivienda es de su hija, quien emigró a Estados Unidos para ayudarlos y hacerse de su patrimonio. La casa estaba recién repellada, con ventanas grandes y puertas que tenían menos de un año de haber colocado.

“Nos daba miedo vivir aquí”, repitió, mientras tocaba las paredes rajadas de su antigua casa. “No se ha caído y ya tenemos casi un año de estar ahí”.

Esa comunidad estaba a menos de una hora de Las Lajas, Comayagua, donde los sismos ocurren con frecuencia, dejando daños en la infraestructura de las casas. El testimonio de don Buenaventura evidencia que la afectación no sólo ocurre en ese municipio, sino en zonas aledañas. En 2023, con los enjambres sísmicos, al menos 130 personas reportaron daños en sus viviendas en Las Lajas, la mayoría construidas de adobe.

Mario Valdez, jefe de jefe de la Unidad de Sismología del Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos), dijo que estas casas son las más propensas a caerse porque “no siguen ningún código de construcción. No tienen los parámetros que debería tener una casa”.

El arquitecto Claudio Díaz coincidió con Valdez, al mencionar que la mayoría de viviendas en el país fueron levantadas a raíz de una “construcción informal” y, además, advirtió que la vivienda formal no siempre se hace bajo criterios de protección a sismos.

“Con las viviendas si hay muchas deficiencias de resistencia a sismos. Seguramente la mayoría no está preparada, porque las casas tienen déficit cualitativo”, aseguró, refiriéndose a que no tienen buena construcción o cumplen con las condiciones para resistir desastres.

Una pobladora del municipio de Las Lajas, Comayagua, camina hacia la parte de atrás de su casa para mostrar cómo los sismos dejaron las paredes dañadas.

Áreas rurales con la infraestructura más vulnerable

Aunque la actividad sísmica en Honduras es inferior a la de otros países de la región, no la deja exenta de sufrir eventos considerados fuertes o destructivos, aseguró Valdez.

Un ejemplo claro es el municipio de Las Lajas, en Comayagua, donde se han reportado eventos considerados leves o moderados, que dejan daños y temor en la población. Esta es una de las zonas de Honduras, junto con Gualaco, Olancho, donde se han reportado enjambres sísmicos. En 2023 hubo al menos 200.

Según Valdez, “todo ese movimiento hace que las casas estén en constante movimiento y como no tienen un descanso entre un evento y otro, a pesar de que sean eventos chiquitos, ya la estructura con los eventos principales ya quedó susceptible a daños por los eventos principales que ocurrieron en 2023”.

A esto se suma la infraestructura de las viviendas, especialmente en las áreas urbanas. Los datos del INE indican que en el país se contabilizan más de 2.7 millones de viviendas, aunque la infraestructura realizada de materiales más resistentes —como ladrillo, bloque o piedra— están en su mayoría en zonas urbanas, mientras que en áreas rurales apenas 3 de cada 10 son de estos materiales.

En cambio, en el área rural predominan las casas de adobe, pues el 55% (el equivalente a 5 de cada 10 viviendas) son de tierra con paja. En la ciudad ese porcentaje se reduce al 11% (el equivalente a 1 de cada 10).

El porcentaje de casas de madera, tanto en el área rural como urbana es mínimo, aunque de acuerdo con la arquitecta Gizzele Sánchez, especialista en gestión interna de riesgos y ordenamiento territorial, es uno de los mejores materiales para zonas con actividad sísmica.

" En la actualidad se toma como un material vulnerable cuando no se construye con refuerzos. Y ahí han salido nuevas técnicas también que ayudan a que el adobe sea más reforzado, donde se utilizan complementos como mallas, otros materiales considerables que ayudan a mejorar la resistencia del adobe”
Gizzele Sánchez, especialista en gestión de riesgo

La experta también mencionó otros materiales con los que se construyen casas, como los prefabricados, desechos y el bahareque, también considerados vulnerables. Según el INE, el porcentaje de viviendas hechas con estos materiales también es mínimo, aunque es más común en zonas rurales, donde los pobladores construyen sus casas con lo que está a su alcance.

Así lo hizo don Buenaventura con su casita de adobe. La construyó hace 20 veinte años. Para reforzarla le echó una capa gruesa de cemento que la mantuvo firme y habitable hasta el enjambre sísmico reportado en 2023.

Actualmente la casa sirve como bodega, pero, según el hondureño, si su hija no hubiese puesto a disposición la vivienda en la que residen, él y su esposa seguirían en esa casa a punto de ceder porque no tienen las condiciones para repararla o buscar otro lugar.

Para Sánchez, esa es una de las situaciones que afrontan los hondureños al momento de construir su vivienda denominada “informal”, que es cuando no se realizan bajo los parámetros establecidos en leyes y normas.

Las casas de adobe son las más vulnerables ante los sismos debido a que no cumplen con las condiciones. Expertos dijeron que es importante reforzarlo con otros materiales.

“Lo ideal es tener viviendas que sean diseñadas por profesionales, como arquitectos, ingenieros, que sean construidas conforme a códigos de construcción, que contamos con un código hondureño de construcción, donde se incorporen los criterios de diseño sismo resistentes. También hay una gran parte de las viviendas en Honduras donde son de autoconstrucción, son realizadas sin un diseño estructural, sin supervisión técnica, con materiales o procesos constructivos que no son los adecuados para el lugar”, señaló.

La experta citó el Código Hondureño de Construcción, así como la Ley de Ordenamiento Territorial, que habla de no construir casas en zonas identificadas como vulnerables, por eso dijo que “el reto que vemos es que en Honduras hay una combinación de amenazas, existe ya un mapa de amenazas, con sismos, deslizamientos, inundaciones, huracanes, y el problema es que las construcciones se están haciendo, o muchas viviendas están en zonas con laderas inestables, sobre rellenos, o cerca de las quebradas, y también sin estudio de suelos”.

200

enjambres sísmicos

ocurrieron en el municipio de Las Lajas, Comayagua, en 2023. Muchos pobladores abandonaron sus casas porque resultaron con daños; otras quedaron destruidas.

“Sabemos que es bien difícil que estas construcciones no se sigan dando en estas zonas de alto riesgo, y por eso es que es importante educar a la población. No solo basta con decir no se va a construir más viviendas, o no se va a construir viviendas en estas zonas de riesgos, sino que empezar a educar en construcciones de viviendas seguras, resilientes, y también pues buscar estos lugares adecuados para construcción”, instó.

El mayor problema, de acuerdo con Manuel Urbina, alcalde de Las Lajas, Comayagua, es que las personas construyen viviendas de acuerdo con su capacidad.

“Hay tres tipos de vivienda, una vivienda que sí es controlada por parte de la alcaldía y otra vivienda que es bien difícil porque son aquellas personas que lo hacen con pocos recursos y que ellos construyen como ellos pueden, de repente de adobe y que no llevan los estándares de calidad ni tampoco la capacidad de poder soportar un temblor o un sismo”, reconoció.

Advirtió que “no podemos exigirles tanto porque la capacidad económica de ellos no es tan elocuente como para poder decir vamos a construir con las medidas o estándares de calidad”.

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