San Pedro Sula, Honduras.

Antony Manuel Villanueva Mejía (8) juega en el suelo polvoriento de su aula de clases en el centro Pablo Portillo 1, el cual quedó destruido tras el paso de las tormentas Eta y Iota.

Él, al igual que sus otros compañeros, sueña con que el suministro de agua, energía y nuevo mobiliario llegue a su escuela para volver a clases presenciales y así poder aprender, ya que afirma que en las clases virtuales poco ha aprendido en dos años y se aburre con facilidad.

LA PRENSA desarrolla la campaña “Volvamos a las aulas” desde la semana pasada para ayudar a este centro, la escuela República de Suecia y el centro José Simón Azcona, todos ubicados en esa zona, que fue destruida por el desbordamiento del río Chamelecón durante las tormentas de noviembre de 2020.

“No siento que aprenda más o igual por medio de las clases impartidas en el celular, quiero regresar a la escuela para desarrollar mi creatividad, me aburro fácilmente en casa. Las tareas son difíciles y por estar tanto en una pantalla me arden los ojos”, comentó Villanueva.

Sandra Johana Pérez, quien tiene una hija y dos nietos en el centro José Simón Azcona, cree que la educación virtual es deficiente porque no tienen recursos para comprar celulares inteligentes y recargas y además los niños se distraen fácilmente en casa.

“Necesitamos ayuda para que las escuelas estén bien y los niños puedan llegar a clases porque su formación está resultando deficiente”, comentó.

Erica Mejía, quien también tiene tres hijos en este centro, califica de lamentable que el centro no cuente con las cosas mínimas para recibir alumnos.

“El Gobierno nos ha dejado abandonados, porque a Chamelecón lo tienen de menos: tras los huracanes nadie vino a limpiar las escuelas. Los niños no aprenden bien por celular, se nos hace difícil a los padres pagar recursos extra en esta modalidad virtual no presencial”, comentó.

Escuelas de Chamelecón en espera de ayuda para volver a clases

Abigaíl Tróchez, maestra de quinto grado en la escuela República de Suecia y centro Pablo Portillo 2, dijo que ha sido difícil dar clases por celular porque no todos tienen un dispositivo.

“Nos ha tocado vivir casos en los que en una casa hay hasta seis menores y un solo teléfono, por esa razón hay que esperar a que uno a uno termine sus trabajos para poder reportarlos. Por otro lado, hay padres que no pueden estar pendientes de ellos porque deben ir a trabajar”, comentó.

La docente en ese sentido espera que las necesidades de la escuela puedan ser suplidas a la brevedad.