Panorama desolador en Chamelecón: viven en las calles y en ruinas

Familia Mejía Molina volvió a las ruinas de su casa en la Sabillón porque no tienen donde ir

Blanca Molina: 'Arreglamos la casita con donaciones de un pastor. Volvimos porque no tenemos donde ir'
Blanca Molina: 'Arreglamos la casita con donaciones de un pastor. Volvimos porque no tenemos donde ir' /

San Pedro Sula, Honduras.

Debido a que no tienen ninguna alternativa, cientos de familias de Chamelecón viven entre ruinas y lodo, y otros con menos “suerte” sobreviven de limosna en la calle, ya que de sus casas no quedó ningún rastro tras Eta-Iota. A más de 168 días de la destrucción causada por estas tormentas, el panorama es desolador en las colonias colindantes con el río Chamelecón, principalmente en San Jorge, las Morales, San José, Fe y Esperanza, Palmira y Sabillón Cruz.

En esta última colonia en mención, en una pequeña casa de tres metros cuadrados, viven Blanca Molina (de 46 años), su esposo Wilson Mejía (de 39), su hijo Daryn Molina y su suegra Elsa Mejía (de 65).

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Para esta familia sampedrana, los últimos cinco meses han sido la situación más dura que han vivido, porque aunque la Municipalidad limpió buena parte de las calles en la zona, no hubo ningún programa gubernamental encaminado a la reconstrucción de viviendas, alimentación o reubicación familiar, por lo que con ingenio y donaciones hicieron habitable los cuatro muros que quedaron en pie.

La ventana, puerta, vigas y láminas para el techo se las donó un pastor, y una refrigeradora fue el regalo de una doctora. Las marcas que dejó el lodo todavía siguen presentes en los muros maltratados sin pintar y una división de trapos y cordones separa el espacio destinado a la cocina y sala se usa como cuarto con dos camas. El ambiente es solitario en su pasaje porque la mitad de las casas quedaron tan destruidas que los vecinos no pudieron regresar y emigraron a otras partes.

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Las casas quedaron destruídas tras las inundaciones.

“Todo lo perdimos, todo lo que vestimos y tenemos es regalado. Yo soy ama de casa y mi esposo se dedica a elaborar sillas. Los vecinos se fueron porque al igual que nosotros la llena los dejó sin nada y sin casas”, dijo Blanca.

A menos de 500 metros, Wilfredo Martín Leiva (de 46) convive en las ruinas de una casa alquilada con su esposa Josefa Rogel López (de 43), sus hijos Emely (de 6), Daniel (de 12), Jenifer Sarahí (de 19) y sus nietas Soad (de 2) y Ashley (de 1).

Ellos vivían en la colonia Anexos de San Juan en la colindancia del bordo. Su casa quedó destruida, y debido a que no tenían fueron a alquilar bordo abajo en la Sabillón Cruz. En esas ruinas alquilan por L1,500 lempiras mensuales y poco a poco Wilfredo fue haciendo reparaciones a la casa que en la actualidad aún continúa rodeada de lodo. “Me tardé un mes en sacar a la calle el lodo que tapaba el lado frontal de la casa y junto a las ventanas. La necesidad es grande y mucha gente regresó a lo que quedó porque no podíamos vivir en la calle”, dijo.

Wilfredo logró destapar las tuberías hasta hace una semana; durante todo este tiempo los miembros de esta familia viajaron a la casa de su cuñada en el centro de Chamelecón para hacer sus necesidades y bañarse. En la colonia Palmira, la situación es similar para una decena de familias según Mirna Martínez, vicepresidenta del patronato local.

En la calle

Debajo del puente del bulevar del sur frente a Chamelecón todavía convive una decena de familias que subsisten de limosnas porque no tienen casa a la cual regresar.

Wilmer Gómez (de 34), su esposa Claudia Herrera, sus hijas Génesis, Carla, Vanesa y Wilmer eran residentes de la San Jorge, pero su convivencia ahora se desarrolla debajo de un toldo debido a que perdieron todo en la destrucción de la cuartería en la que vivían.

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Wilmer Gómez: "Estamos debajo del puente porque la llena destruyó la cuartería donde vivíamos"

Como vecinos conviven con ellos el ayudante de rapidito Franklyn Moreno (de 28), su esposa Brenda Toro y sus hijos Josué, Katherine y Ariel.

Ellos perdieron su casa de tablas y láminas, así como los pocos bienes que habían acumulado. “Mi esposa se va a pedir limosna al centro mientras yo cuido las cositas que tenemos aquí debajo del puente. No regresamos allá tampoco porque ahora dicen que vienen nuevos huracanes y quedaremos nuevamente en la nada si perdemos todo”, dijo.Rosa Elvira Dominguez (de 49) vivía en la Playita Chamelecón y prepara sus alimentos debajo el puente con la ayuda de una fogata y unas ollas.

“No tenemos donde vivir. Vivo con mi esposo José Orellana y mis hijos Rosa Angélica y Eduardo Domínguez. Ellos tenían trabajo en la construcción, pero ahora no encuentran, es difícil esta situación, hacemos nuestras necesidades en el monte”, agregó.

La Prensa