La agitada situación económica, social y política que vive Honduras no es singular de nuestro país. Hay una turbulencia económica y social que está envolviendo a nuestros vecinos en Nicaragua y Guatemala y que también nos está llevando a nosotros a desembocar en una situación incontrolable, con el riesgo de dar al traste con la gobernabilidad y la institucionalidad hondureña. En este ambiente tenso, la agitación política es el elemento final que necesitamos para que esto estalle. Y los políticos por lo visto siguen sin ver claramente los intereses del pueblo, como siempre. Unos se quejan de que nos los dejan inscribirse, otros inscritos contra la legalidad y otros haciendo pactos, pero no para enfrentar la grave crisis en que ya estamos sumidos, sino para repartirse el poder y asegurarse de que ningún foráneo a los eternos caudillos se atreva a disputárselos.
Esta situación tiene a la población al borde de un ataque de nervios generalizado, ya no soporta el trabajador más humilde las alzas a la energía eléctrica, el aumento del precio de los alimentos y la permanente subida de los costos de los combustibles. Todos deberíamos estar preocupados por esta situación y tomando las medidas que conduzcan a hacer que las aguas se calmen. Creo que el presidente Zelaya ha tomado algunas medidas en el campo agrícola, aún así, como administrador del país debe hacer más, pero ¿de qué sirve apaciguar el agro si el ambiente político a lo interno del partido de gobierno no termina de enfriarse? Ni bien han dado por finalizada una crisis cuando asoma la siguiente, siempre sobre lo mismo: la cuestión política. El que ignora que hay miles de hondureños que antes medio comían y hoy no están comiendo sólo pospone enfrentar la realidad, pero esa realidad es que en la población pobre, que es la gran mayoría, la situación económica está punto de desbordarse. ¿Cómo ignorar que al lado de nuestra casa, nuestro vecino más cercano está padeciendo hambre? ¿Qué respuesta dará esta nación llamada cristiana ante una crisis de la magnitud que se avecina?
Porque ya no podemos hablar de una posible crisis, ya estamos en una profunda crisis y en ella estamos sumidos todos, trabajadores, empresarios, políticos, religiosos e intelectuales, todos por igual perderemos si Honduras no reacciona y tomas las medidas para enfrentar esta crisis alimentaria y económica que nos acosa. ¿Cómo hacerlo? ¿Qué podemos hacer los hondureños ante factores que escapan de nuestras manos, que están fuero del contexto nacional y sobre los cuales sólo esperamos pasivamente? Creo que la respuesta está en la unidad de todos los hondureños, en el diálogo y en el compromiso que en este momento decisivo de nuestra historia debemos poner de manifiesto. Sólo un pacto de unidad de toda la nación con sus líderes y sus valores podrá preservar nuestro país para mañana, sino lo hacemos, es difícil pensar en el futuro.