15/01/2026
10:21 PM

Los rostros invisibles

De tanto estar, parecen obvios. Son los rostros anónimos de los indigentes de la ciudad. Pasan tan inadvertidos que ya no reparamos en ellos. Puede que sea aquella vieja pedigüeña del mall que trae un tocado a lo rasta de pelambre indescifrable en una juca trenza. Tal vez el bolito parlero y velón de trago de la pulpería de la esquina del barrio. Quizá el andrajoso chalado que va con su locura a cuestas cargando latas, yaguales, cajas y tarecos acompañado de una interminable parla a saber con quién. Probablemente sea el cieguito de la catedral.

    De tanto estar, parecen obvios. Son los rostros anónimos de los indigentes de la ciudad. Pasan tan inadvertidos que ya no reparamos en ellos. Puede que sea aquella vieja pedigüeña del mall que trae un tocado a lo rasta de pelambre indescifrable en una juca trenza. Tal vez el bolito parlero y velón de trago de la pulpería de la esquina del barrio. Quizá el andrajoso chalado que va con su locura a cuestas cargando latas, yaguales, cajas y tarecos acompañado de una interminable parla a saber con quién. Probablemente sea el cieguito de la catedral.

    Usted, sin reparar en ellos, los ha visto como quien mira llover.

    Han llegado a confundirse con los espacios por donde transitamos a diario sin tomarnos la molestia de percibirlos. Es ese vetusto edificio, a punto de dar el barquinazo, que albergara las salas de cine más soberbias del siglo pasado. Pueda que su merced no haya observado que en ese solar baldío en que cotidianamente resguarda su vehículo se erigió una vez el salón social de más alto caché de la ciudad o una estación de autobuses o el almacén que mostrará en sus estanterías la mercadería para los esnobs más quisquillosos.

    Es posible que este rostro, esta pared, aqueste árbol, estotra esquina, aquel artista, esa personalidad, qué sé yo, una pulpería, una fritanga, una venta callejera, en fin, el guiño escondido de una comunidad no se perciban por la fuerza de la costumbre.

    Pero… no para el ojo sensible de Omar Pinto, un trujillano, escritor, librero, dibujante, caricaturista, vendedor, perdón, asesor de seguros, chef de alta cocina, narrador, promotor cultural, que ha mucho tiempo decidió quemar sus naves en San Pedro Sula y que, en su ocio, no sólo se dedica a escribir y leer. En su soledad afila lápiz, aguza chinógrafo, destapa marcador o aliruza cualquier punta que manche, que diga, que interprete, que dibuje, que dé vida a sus propuestas.

    'Rostros invisibles de la ciudad' es una exposición de las obras del artista Omar Pinto que se mostrará el 10 del presente, a la hora del ángelus, en el Centro Cultural Sampedrano; son 35 piezas en las que ha captado aspectos sui géneris del rostro de la sampedrícola ciudad.

    Es su primer parto. Lo mínimo que puede hacer usted, si es amigo del arte, es asistir y apadrinar a la criatura. ¿Estamos?