06/05/2026
08:42 AM

Las oenegés, telaraña enmarañada

Muchos países de áfrica y de América, acaso por su condición de naciones pobres, han sido caldo de cultivo para que se establezcan organizaciones con fines humanitarios dudosos. Bajo este paraguas, pongamos atención, fue sorprendida tiempo atrás con las manos en la masa la oenegé El Arca de Zoé (llamada Rescue Children en el Chad, África), fundada por Eric Betrau, un hombre con intenciones aparentemente nobles y buenas de ayudar a la niñez.

    Muchos países de áfrica y de América, acaso por su condición de naciones pobres, han sido caldo de cultivo para que se establezcan organizaciones con fines humanitarios dudosos. Bajo este paraguas, pongamos atención, fue sorprendida tiempo atrás con las manos en la masa la oenegé El Arca de Zoé (llamada Rescue Children en el Chad, África), fundada por Eric Betrau, un hombre con intenciones aparentemente nobles y buenas de ayudar a la niñez. Para sorpresa de no pocos en todo el mundo, saltó la noticia terrible de que los tripulantes de dicha nave tenían en su poder a 103 niños para ser trasladados a Francia. El resultado, para hacer concisa la historia, es que los malhechores, franceses, están en la cárcel condenados a ocho años de prisión. Pendiente de ser revisado a fondo el delito y con el nublado que le trae la tormenta de pagar varios millones de dólares a las víctimas.

    Es importante que los entes de justicia de Honduras, aunque tengo mis dudas en su sistema operante, se percaten bien acerca de los fines reales y de las acciones concretas que realizan las oenegés en el país. Hay que poner al servicio de los niños y de la población misma todas las herramientas posibles para perseguir a aquellos que ponen en peligro social la vida de los niños y niñas de Honduras. Nadie que transgreda sus derechos fundamentales, aunque sea para darles un trozo de pan, o para dizque darles una mejor vida dándolos en adopción, puede quedar sin ser por lo menos puesto en tela de juicio. Los peligros de las oenegés, inocentes hasta que se pruebe lo contrario, nos tienen que ayudar a abrir los ojos. A través de ellas se puede lavar dinero, capitalizar, utilizarlas de mamparas, para –como vimos en el caso citado arriba- traficar con niños y a saber con qué o quiénes más. Nuestra actitud como individuos deberá ser cauta, precavida. Tener siempre por delante la pregunta y el ojo clínico. No todo lo que brilla es oro. Ésa es la verdad. Son muchos los abusos contra los niños, abusos que van desde los sexuales hasta los más básicos como el de la educación, el vestido y el alimento.

    La telaraña de oenegés me es cada vez más sospechosa, lo sé. Detrás de los gestos filantrópicos, con bastante más frecuencia de lo que creemos, está más el afán de la notoriedad que el de la justicia.