En estos tiempos se mata hasta por una mala mirada. En la era de la guerra fría, la víctima siempre era izquierdista, comunista o subversivo. Del noventa para acá, los maniqueístas del gobierno y los 'lavadores' de imagen de la policía, le echan el muerto al crimen organizado o, en su defecto impotente de no poder resolver el rosario casos, a un 'ajuste de cuentas'.
Hoy se sale a la calle crispado. Sin saber de dónde va a caer el plomazo. Y, lo peor, no hay autoridad que vuelva por nadie. En este mar de la incertidumbre han hecho su agosto las agencias de 'seguridad'. Reclutan a ex 'chepos' cuestionados, a antiguos torturadores, a perversos con baja deshonrosa, a ex presidiarios o a cualquier malandrín del ejército de los desocupados. No importa antecedente alguno, con tal dé el ancho ante el salario de miseria, va. Los jefes hacen la patarata de medio enseñarles a manejar un arma y, ya: son 'guardias de seguridad'.
Es por ello, que muchos de estos pobres diablos, con baja escolaridad y alto nivel de ignorancia, pasan con una ponzoña a flor de piel. Viven con unas ganas de darle el zarpazo de su frustración al primero que les hable golpeado o haga un simple reclamo a su cerril comportamiento. Esto más, son enemigos jurados de la juventud: les molesta la forma engominada de su gelatinoso pelo, su ropa de moda, su estilo de caminar, de hablar, de gritar, bromear y reír.
Hace poco, un pillo de estos asesinó, frente a su mujer e hijos, a un desarmado catracho residente en Norteamérica que llegaba al banco a abrir una cuanta. Poco después, otro desalmado se echó al pico a un artista del Reggaeton. Así las cosas. Los guardias de 'seguridad' irrespetan de puro gusto en los 'moles', en los centros educativos, en el comercio. Gritan improperios y, a veces, llegan a la vejación respaldados por la ley de la selva de su pistolón.
Este jueves negro, 17 de abril, se derramó la gota que colmó el vaso: uno de esos forajidos, de esas agencias de 'seguridad' improvisadas, de la Universidad Católica tronchó la valiosa vida a un joven estudiante.
Que no vengan ahora las autoridades de ese cristiano centro superior a lavarse las manos con excusas baratas: son también culpables por contratar a verdaderos facinerosos para 'resguardar' a la estudiosa juventud que alberga su recinto.