Pues al cabo que ni quería... La frase del popular Chavo del 8 calza perfecta con las reacciones de algunos pintorescos personajes nacionales que restan importancia al anuncio de la exclusión, nuevamente, de Honduras de los beneficios de la Cuenta del Desafío del Milenio. Otra vez salimos aplazados en nueve de los 20 indicadores de la evaluación que abarca a la pasada administración, pero golpea a este Gobierno y a proyectos sociales que deben seguir postergándose al quedar fuera de los planes del próximo año por la falta de fondos. El país salió, como se esperaba, muy mal en control de la corrupción, lo que a nadie sorprende porque ya nos hemos vuelto insensibles en ese vergonzoso tema; en efectividad del Gobierno apenas alcanzamos un 19%, y en cumplimiento de leyes un precario 6%. También no cumplimos con los indicadores de libertad de información, acceso a crédito y hasta en la tasa de vacunación. Y es cierto, el país ya atravesó más de una década sin aprobar estos indicadores, sobre todo el control de la corrupción y en la efectividad del Gobierno, lo que no significa que podemos cruzarnos de brazos en vez de hacer, como corresponde, un esfuerzo real para ganar credibilidad y superar ambos índices en la próxima revisión.
Hace una década, los fondos de este programa económico eran destinados a la reducción de la pobreza, a proyectos de infraestructura y al fortalecimiento de pequeños y medianos productores. Posteriormente se destinaron a mejorar las alianzas público-privadas, pero desde 2011 Honduras no ha logrado obtener una nueva donación de esta corporación. El problema surgió por los malos manejos administrativos y los posteriores escándalos que nos han venido desacreditando frente a organismos internacionales, cuyas evaluaciones son claves para aprobar esos dineros.
Pese al pesimismo en el que nos hemos hundido, ministros de esta administración confían en que para 2024, el país podrá acceder de nuevo a un acuerdo con ese organismo, si se enfocan en los cuatro indicadores que muestran un bajo resultado. Ese es el desafío del gobierno de Xiomara Castro: combatir la corrupción y demostrar que sus planes, ejecuciones y su gente es eficiente, lo que no deja espacio para más pleitos con tintes políticos y demanda dejar a un lado la excusa del pasado para no avanzar, como prometió el Partido Libre en campaña. Esta nueva exclusión es una oportunidad para enderezar el camino, para conducirnos guiados por una agenda sólida, con un enfoque a largo plazo y que abone al desarrollo económico y social. No perdamos más tiempo en culpar al pasado, concentrémonos en el futuro.