Olvidar, abandonar e ignorar, tres verbos con vértice común que en el diario vivir se traduce en pobreza, miseria y hambre de todo, educación, salud, trabajo, etc. etc. Con eufemismo muy dado en los políticos estudiados, no decimos sabidos, se emplea la expresión de “tierra adentro” que, si en la Constitución integra el territorio nacional en el conocer y sentir de muchos hondureños que están alejados del centro, del poder político, de las actividades económicas, de movimientos financieros y de fundamentales derechos humanos.

La Unidad de Investigación de LA PRENSA ha proporcionado esta semana un amplio, detallado y vivencial reportaje sobre la vida, mejor diremos las penurias diarias para sobrevivir, de municipios del departamento de Lempira, los de menor desarrollo del país. ¿Olvidados? Lo que no se conoce, no se olvida y habrá que evaluar más que el saber de los funcionarios sobre estos lugares, la ignorancia por aquello de no interrumpir el bello discurso y las obras en ciudades con abundantes caudales de proselitismo político.

Hoy como desde hace décadas los problemas en el área rural se van acentuando no tanto por fenómenos naturales y pandemias, sino por el abandono a que son sometidas poblaciones, alguna de ellas en prósperas tierras de antaño, como el valle de Sula, y otras más para dormir que para despertar en campañas políticas.

“En casa vivimos con 100 lempiras diarios y a veces no comemos”, lapidaria expresión para evidenciar el enorme esfuerzo por la supervivencia que para las personas mayores es de diario vivir, pero para los más jóvenes es mecha o “empujón” para emprender viaje hacia el norte. Aunque puede sonar a simplicidad los 100 lempiras están señalando la ruta. Hace unas décadas, en circunstancias similares, hacia la costa norte.

La precariedad de diez municipios del departamento de Lempira no da más que para el aplazado en el Índice de Desarrollo Humano según el informe presentado por PNUD. No es necesaria mucha imaginación para conocer las penurias diarias de la esposa y madre para preparar, por los menos, un tiempo de comida, los otros tiempos a puro sorbo de café. Y claro, la educación y salud no causan preocupación porque “cuando llegue la hora, llegó” y para no encontrar trabajo mejor trabajar la tierra.

Este es el pensar de supervivencia en “tierra adentro”, donde hasta para abrir una carretera y darle mantenimiento hay que pelear pues sin vías de comunicación no se puede sacar la producción, café, vegetales, maíz al mercado. La esperanza de vida, ingresos familiares y educación de estos municipios no se hallan en la agenda oficial. Ha habido y sigue habiendo otras voces más estridentes que, con urgencia, por el bien y la seguridad del país hay que atender.