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12:17 AM

Tiempo de Navidad

  • Actualizado: 23 diciembre 2018 /

    Cuando el reloj marque las doce de la medianoche de este día, el mundo estará celebrando la fecha histórica de la Navidad, que para muchos es una fiesta de buenos sentimientos, árboles luminosos, comidas y bebidas de todo tipo, a veces vista como un espacio abierto hacia lo vacacional, las francachelas o el despilfarro; pero para otros, que no se olvidan del verdadero propósito fundamental de la misma, es una fiesta que debe ser de reflexión, recogimiento y honra a Dios, como así lo interpretamos cuando todos los años presenciamos abarrotadas las principales iglesias del país donde se congrega una gran parte de la feligresía hondureña, y que, como estamos seguros, este año será igual y no podrá ser la excepción.

    El hecho de ver a Dios en ese niño, que según los teólogos y la tradición cristiana nació hace más de dos mil años en la medianoche de un día como hoy en Belén, es un misterio a veces difícil de entender en medio de toda la amalgama de paganismos, el exceso de comercialidad que se ha originado para crear un ambiente festivo o, en el centro de los enfrentamientos que, como el caso nuestro, casi a diario se producen por cuestiones políticas que solo sirven para dividir a la familia hondureña, que debe en revancha reconciliarse para que Honduras pueda transitar hacia mejores derroteros, con una sociedad más justa y solidaria.

    En los momentos en que estamos inmersos en un diálogo nacional, esta fecha es precisa para que podamos lograrlo a satisfacción, haciendo acopio de los mensajes de paz y esperanza que nos deja el Evangelio de este día, para que podamos constituirnos en mejores ciudadanos, olvidando nuestras rencillas personales o políticas de que hablamos y para que podamos trabajar por el bien de nuestro querido país, que tanto lo necesita en estos momentos de tribulación, y llegar de esta manera a un gran consenso con el mejor balance para nuestra sociedad.

    Y podamos así reforzar nuestra democracia, estableciendo las condiciones que nos conduzcan a una preciada estabilidad política y social, sin ataques de ninguna clase, sin confrontaciones ni amenazas ni polarizaciones. Es nuestro deseo, que la culminación de este diálogo sirva como un vehículo hacia el entendimiento entre los hondureños, tanto de gobernantes como de gobernados, concertando todos los acuerdos que persigan el bien común.

    Y para que en definitiva se sienten las bases para construir una nueva Honduras basada en la justicia y la verdad como fuentes fundamentales para nuestra reconciliación. Rectificándose los errores del pasado, prevaleciendo la paz y la prosperidad entre todos los hondureños de buena voluntad, para quienes expresamos nuestras más sinceras felicitaciones navideñas, especialmente a nuestros leales lectores que diariamente nos conceden el privilegio de su lectura.