No por mucho repetir y escuchar las palabras pierden fuerza en su significado o caen en el vacío. En las últimas horas resaltan las exigencias de transparencia, paz y convivencia, a lo que se suma puntualidad en el conocimiento claro de resultados para evitar el desborde de la desconfianza como origen y fuente de revueltas en turbulentas aguas, ante lo que se hallan muy bien preparados los agitadores y amigos de lo ajeno. Prevenir más que consejo es mandato de la mayoría de los hondureños para tener la fiesta en paz.

“Sin angustias, miedos y odio” hay que culminar el proceso de elecciones, en palabras del cardenal Óscar Andrés Rodríguez, quien en las misas dominicales ha sembrado buena semilla, cuyo fruto es esperado este domingo. Muchos son los peligros, pero mayor la necesidad e ilusión de mejorar la calidad de vida, no como prometen candidatos, sino con hechos concretos en la vida personal y familiar.

Abundan quienes esperan ganancias en aguas revueltas no solo como asunto personal, sino como objetivo encomendado, lo cual evidencia la gravedad, pues no es la paz verdadera como dicen, sino la tranquilidad condicionada a intereses propios.

“La violencia vinculada a toda cuestión electoral contradice la esencia de la democracia”, nos recuerda el presidente de la Conferencia Episcopal de Honduras, monseñor Ángel Garachana.

En medio de las dificultades del ambiente de tormenta queda amplio espacio para el orden, el entendimiento y la transparencia en el desarrollo de la jornada electoral. Fuertes candidatos han proclamado su compromiso por el éxito de la voluntad de los hondureños en las urnas, pero con este deseo de fiesta en paz es necesario contener a activistas, ganadores desde el sábado, para enseñarles la sabiduría popular que se puede “ir por lana y salir trasquilado”.

La transparencia en el escrutinio y el respeto de los resultados debe abrir la puerta al entendimiento, trazar ruta para enrumbar, con acompañamiento, el futuro del país y dejar atrás todo aquello que no encaje en el principio de respeto a la diversidad y fortaleza en la unión.

La jornada del domingo, a pesar de la víspera, debe ser un fuerte toque al ánimo de todos los hondureños de que podemos y debemos hacer las cosas bien, aunque sean muchos los obstáculos, algunos descomunales, pero otros creados e inflados por intereses particulares. Que este domingo se abra la puerta por la que desde el inicio del próximo año oteemos un horizonte claro y marquemos metas sociales de bienestar y prosperidad para todos los hondureños.