Mucho ruido y pocas nueces es la reflexión sobre los acontecimientos en estos últimos días, fiel reflejo, de la situación de supervivencia de los hondureños y de la precipitación, como en cascada, de hechos, cuya explicación no se busca asumir desde su origen, cruda realidad, sino hacia el futuro como ilusión y promesa que en el ambiente político y burócrata quedan en eso, promesa e ilusión.
El fracaso de los denominados Objetivos del Milenio reconocido y aceptado en el ámbito internacional es más que un mal presagio para millones y millones de personas en el mundo, una invitación a dejar su tierra y familia en búsqueda de trabajo y seguridad que abran las puertas de la calidad de vida a migrantes de países subsaharianos, en África, en el Medio Oriente, en el sur asiático o en el istmo centroamericano.
Dirigir la mirada a futuro y presentar soluciones a los problemas exige el análisis del pasado donde se han ido incubando, como virus, los problemas. Conseguir triunfos en la lucha contra efectos es halagador, pero tan efímero como discursos finamente elaborados.
Desde el fiasco de la publicitada estrategia para la reducción de la pobreza, proceso elaborado hacia afuera más que a enfrentar el acelerado incremento de la miseria y la exclusión internas. el caldo de cultivo estaba listo para el primer indicio que, en el caso de los migrantes menores, fue la difusión de una supuesta benevolencia en la frontera norteamericana.
El fenómeno masivo de niños migrantes, desplazados por las condiciones económicas y sociales, ha desbordado, incluso, los recursos de la nación más poderosa, y en estos días en las altas esferas gubernamentales de nuestro país, de las naciones ruta y de la sociedad de llegada, hay afán por solucionar el problema, más grave por ser menores de edad los protagonistas y por dejar más al descubierto aún la debilidad, indefensión e insensibilidad de la región.
Hay una trasvase en la calidad migratoria hacia Estados Unidos, como señala el cardenal Óscar Andrés Rodríguez de cuyas palabras se deduce la pregunta: ¿Quién tiene más miedo: los migrantes o los países a donde se dirigen? “La migración económica en nuestro hemisferio se ha ralentizado un poco; la migración, huida de la violencia y la persecución, va en aumento”.
Hay que mirar atrás para no cometer los mismos errores e identificar responsabilidades, a lo que no estamos acostumbrados los hondureños, pues es más sencillo lo de borrón y cuenta nueva, que de nueva no tiene nada pues es repetición.
¡Qué podrá decir la OEA, a través de su secretario general! ¡Qué línea trazarán los funcionarios enquistados en la administración pública o en el Servicio Exterior por décadas! La conferencia internacional está lista, ojalá haya sorpresa y “las nueces impidan escuchar el ruido”.