Me sulfuro, nos vienen a regañar... Ya no aguantamos”, expresión original del presidente de los médicos del Instituto Hondureño de Seguridad Social en San Pedro Sula, reflejando la situación emocional del personal de salud y la galopante crisis de la pandemia, acentuada por “un montón de brutos”, cuya irresponsabilidad están pagando a un alto precio humano, personal y familiar, las enfermeras y los médicos. Quedan en el aire otras palabras subidas de tono.

Un reflejo de esta situación sumamente irregular e incomprensible es el video que mostraba una persona hace unos días de un centro de vacunación. Así se expresaba mientras pasaba las imágenes, sillas vacías, personal listo para vacunar en un ambiente desolador que debiera ser esperanzador con filas de personas para recibir la dosis. “El área de vacunas del Gimnasio Olímpico Metropolitano está totalmente vacío, lunes, nueve y media de la mañana. No hay nadie”, acompañaba las palabras con una ferviente excitación a los padres de familias, a directivos de agrupaciones juveniles para que acompañen a los jóvenes a vacunarse.

¡Por favor! Se incluye en una publicidad, en un tono hasta lastimero, pues es una gran pena que la mayoría de las personas atendidas en los triajes den positivo y, de estas, un alto porcentaje sin vacuna. Pasaron aquellos días en que escaseaba o no llegaba el medicamento inmunizador, pero ahora no hay excusa, y mucho menos cuando la renuencia o la irracional negativa atentan contra la vida de parientes, vecinos y compañeros de trabajo.

Es irracional apelar a ideología, asirse a creencias o mantener en el horizonte los esfuerzos de oposición, muy loable en otras ocasiones, pero no cuando es la vida de las personas la que se halla en riesgo. Basta escuchar o echar un vistazo para comprobar el dolor, el sufrimiento y hasta la desesperación de muchas familias por culpa de “un montón de brutos”, como muy acertadamente calificó el doctor del IHSS.

“Hay hospitalizados. Tenemos el doble de contagios y de muertos en comparación con el 2020... Faltan personas de 40 años y más que aún no se han vacunado”. Las campañas de vacunación parecían despejar un poco el horizonte, pero la irresponsabilidad es tanta que numerosas personas no se presentan para completar el programa.

Sumamente complejo, pero la irresponsabilidad del “montón” debe recaer en los “brutos”, no en el personal de salud. Pareciera que el canal auditivo de estos está conectado directamente a la entrada y la salida, sin pasar por el cerebro, pues por un oído entra y por el otro sale.